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19:33h. Domingo, 25 de Junio de 2017

Rutas transitables

"En León hay pocas alternativas, porque estamos llenos de calles truncas, incompletas, porque nunca las han terminado, o porque una parte de ellas se interna en un fraccionamiento que defiende su privacidad"

 

 

 

El domingo logramos que cerca de 600 corredores recorrieran las calles y las brechas de las Joyas. Diseñamos una ruta que permite echar un vistazo a esa zona de la ciudad, con sus contrastes y también sus posibilidades. Lo difícil de la ruta, para los corredores, era que combinaba concreto con terracerías, y que presentaba una diferencia de alturas de aproximadamente 100 metros. Lo difícil para quienes diseñamos la ruta y tuvimos que acordar con tránsito y movilidad, fue lograr llegar a algunas partes de las Joyas que tienen una sola vía de acceso, o una sola vía que sea transitable. Las Joyas adolece de dos males en sus calles: la gran mayoría está sin pavimentar, y muchas de las pavimentadas no completan circuitos o contribuyen a dar salida al tráfico de la zona. En días recientes, Milenio ha publicado lo que constata el Fideicomiso de Obras por Cooperación: cerca del 50% de las Calles en León está sin recubrimiento; problema que se agrava en los polígonos de pobreza, donde se alcanza el 70% de calles de tierra. Esto genera muchos inconvenientes de contaminación y de salud, por las partículas suspendidas en el aire que provienen principalmente de la tierra que levantan los vehículos; pero además acarrea muchos problemas de movilidad. Las rutas de transporte que circulan en estas calles sufren muchos desperfectos y eso encarece finalmente el servicio y lo hace más lento.

Pero el otro problema es el de la falta de conectividad. Las estrategias principales de los gobiernos leoneses para abatir la falta de pavimentación, ha sido la de exigir a los fraccionadores que pavimenten las calles que bordean sus desarrollos, y la de buscar la cooperación de los mismos vecinos para pavimentar la calle en la que viven. Estas dos formas de atacar el problema disminuyen la carga económica y financiera al erario, pero al mismo tiempo hace que la decisión estratégica sobre las vialidades más importantes y por pavimentar, recaiga en el deseo y oportunidad de los empresarios de vivienda para construir en uno u otro lugar, y de la buena voluntad de los vecinos para organizarse y aceptar pagar parte de su calle. El resultado es que las calles pavimentadas salpican los polígonos de pobreza sin un orden muy claro, o vemos grandes avenidas que recorren la medida exacta del borde de un fraccionamiento privado, para convertirse después en una calle angosta, en una terracería o en un terreno baldío.

Cuando en una ciudad sólo hay dos o tres avenidas que la atraviesan en cualquier sentido, lo natural es que éstas estén siempre saturadas, por más que se hagan puentes o se eviten cruces. En León hay pocas alternativas, porque estamos llenos de calles truncas, incompletas, porque nunca las han terminado, o porque una parte de ellas se interna en un fraccionamiento que defiende su privacidad.  En los años setenta, el Regente, Carlos Hank González, se atrevió a imaginar que la Ciudad de México estuviera atravesada por ejes viales que permitieran circularla de norte a sur o de este a oeste sin necesidad de utilizar las clásicas avenidas de entonces: Insurgentes, Revolución, Reforma… La solución de los Ejes no fue definitiva –y muchos pensamos que será siempre incompleta mientras no se invierta y se haga lo suficiente para privilegiar el transporte público–, pero la Ciudad de México actual, sin los Ejes y sin el metro, sería inviable.

Eran tiempos de gobiernos fuertes –autoritarios, dirían algunos– y el “Profesor” se pudo echar a cuestas la decisión política de derruir manzanas enteras para cumplir su propósito. No son esos tiempos, ni los gobiernos municipales tienen la fortaleza para un empeño de esa magnitud, pero en León, bien se podrían establecer criterios para avanzar en una red de vialidades que sea menos caótica.

Por un lado, la pavimentación de calles debe privilegiar la continuación de circuitos, la conexión de los polígonos, la mejora de las vialidades por la que circula el transporte público y la entrada a la ciudad. El problema del Blvd. Aeropuerto no sería tan grave, si hace años se hubieran pavimentado vialidades como la continuación del Valtierra hasta llegar al menos al Blvd. Siglo XXI o La Herradura; y del otro lado, el Blvd. Épsilon debiera entrar hasta Jardines de Jerez, para convertirse en una alternativa al Blvd. Aeropuerto. Son dos ejemplos de avenidas que no están perdidas en la nada, atraviesan polígonos de pobreza, y de completarse, ayudarían a la población de la zona y beneficiarían a todos los que entran a la ciudad. Lo mismo se podría decir respecto al Blvd. Las Joyas, que de terminarse podría ser un acceso por el poniente, desde la carretera Aguascalientes, hasta el Blvd. San Juan Bosco o hacia el Blvd. Morelos, subiendo por Caliope, otra avenida inconclusa.

Por otro lado se debería repensar la Ley de fraccionamientos, para buscar que más allá de pavimentar las calles aledañas, los fraccionadores contribuyan a la salida de sus clientes hacia otras partes de la ciudad. Durante muchos años los fraccionadores pavimentaron los bordes de sus fraccionamientos en Las Joyas, pero nadie invirtió en el Aristóteles u otras salidas que son necesarias para que los miles de nuevos habitantes llevados por ellos a Las Joyas pudieran salir. Se debe pensar en nuevas formas de gestionar la ciudad, de forma que el municipio verdaderamente encabece la estrategia de crecimiento. En otros países, por ejemplo,  es el estado el que invierte en las vialidades de acuerdo a su lógica, y cuando los dueños de los terrenos construyen, el estado cobra por las vialidades ya hechas.

De lo que se trata, al final, no es que sea más fácil hacer la ruta de nuestra próxima carera, sino de que nuestra red vial sea menos caótica y las rutas cotidianas de todos y todas sean más transitables.