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13:13h. Sábado, 23 de Septiembre de 2017

Un Frente… ¿para qué?

Se ha anunciado con bombos y platillos, y, además, con una demostración de fuerza, lo que dicen que será “un Frente Amplio Opositor” con miras a construir un gobierno de coalición, que, según dicen, ayude a transformar nuestro régimen político: “… un Frente Amplio permitirá a México conformar un gobierno de coalición que se traducirá en una mayoría estable, con la que se podrá gobernar y hacer realidad el cambio de régimen, que es lo que el país demanda”, dijo Anaya. Lo malo es que de promesas estamos los ciudadanos hasta el copete. No es que, en principio, suene mala la idea de buscar un consenso mayor que el que arroja cada una de nuestras elecciones, con gobiernos débiles, pero habrá que esperar a ver qué tan amplio es el Frente y a qué se oponen, o sería mejor decir, y qué proponen. 

Tampoco me escandaliza la idea de que se hagan alianzas entre posiciones ideológicas divergentes en momentos de urgencia en los que vale más ponerse de acuerdo en unos mínimos que puedan sentar las bases para una nueva competencia política más equilibrada y, sobre todo, civilizada y ética. 

¿Qué tan amplio sería el Frente? Si se limita a una coalición de partidos, no tiene nada de novedoso y no le veo ningún futuro, ni a ellos, ni al país con ellos. No es que la burra fuera arisca… pero en el 2010 hubo cinco candidatos a gubernatiuras en alizanza PAN-PRD. De esos cinco candidatos, ganaron la gubernatura: Rafael Moreno Valle en Puebla, Mario López Valdez en Sinaloa y Gabino Cué en Oaxaca. 

Los tres tenían, de entrada, un pasado priísta, y, desde luego, la cultura política que no se muda cuando ellos brincan de un partido a otro. En ninguno de esos estados se puede hablar de una alianza que haya transformado el régimen político, ni siquiera que haya permitido construir un plan de gobierno en común. En Puebla ha gobernado el PAN y cada vez salen más trapitos al sol sobre las mañas de Moreno Valle; en Oaxaca, Gabino Cué se olvidó de los panistas y tuvo un gobierno que no aportó mucho más que lo que habían hecho los priístas, al grado de perder la elección siguiente contra ellos. En Sinaloa, Mario López, Malova, no incluyó ni a panistas ni a perredistas en su gobierno y se acercó más a las élites priístas… Una alianza de cara a las elecciones que no sea más que una estrategia para poder oponerse al PRI y a López Obrador, tiene muchas probabilidades de terminar igual que todas las anteriores. 

En el encuentro realizado en Chihuahua, al que asisitieron miembros de los partidos coaligados e intelectuales y candidatos independientes para hablar de los problemas de México, Javier Corral, como anfitrión, cerró el evento y dijo que “… la agenda mínima para el cambio de régimen debe ser programática y no ideológica” y que “… un gobierno de coalición trabaja con la pluralidad como materia prima, por lo cual le se debe apostar a un grupo de personas, en vez de pensar que una sola persona, hombre o mujer, será quien venga a solucionar los problemas del país.” En ese mismo encuentro, Emilio Álvarez Icaza había dicho que “… hay crisis en el modelo de política actual, una profunda crisis de confianza de representación en partidos políticos y gobierno. Tenemos que hacernos cargo de eso […] el PRI, más que un partido político, es una ‘cultura política’ que se ha reproducido y que no es aceptable en términos de la relación partidista y con la ciudadanía.” 

De acuerdo. Antes que pensar en en las personas hay que pensar en el “para qué”. Lo de opositor dice muy poco, aunque electoralmente venda. Porque ya vimos que no es al PRI al que se deberían oponer, sino a una cultura política que nació en el PRI pero que ha permeado a todos los partidos. Para que el Frente sea amplio, en primer lugar, tiene que trascender la frontera de los partidos. Antes de anunciarnos el Frente como una panacea, tendríamos que ver cuál es el programa mínimo que los o nos puede coaligar. Y para llegar a eso, es indispensable que los partidos entiendan que ellos son parte importante del problema. Son parte de un sistema de privilegios que ha empobrecido al país; son parte de un sistemna de cononjías que los ha empoderado y ha debilitado la participación ciudadana; son parte de un sistema de acuerdos en la cumbre que les ha llenado de dinero los bolsillos pero los ha corrompido hasta el tuétano. Para presentar un programa que de verdad pueda cambiar el régimen, tienen que empezar por apuntar hacia su propia frente. 

No significa que tengan que desaparecer, pero en principio, deben ser capaces de atraer al Frente a ciudadanos y personas por fuera de los partidos que ayuden a repensar el régimen con una nueva lógica que ellos no tienen. Si pretenden sumar a los ciudadanos sólo como comparsas en sus mítines, y lo ven (como amenaza claramente Anaya) como un trampolín para sus propios proyectos individuales, no tiene caso hacer tanta alaraca.

Si de verdad se quiere proponer un programa que ayude a transformar el régimen, es necesario empezar a sumar a muchas voces y poder pensar en esos mínimos (combate real a la corrupción, equidad e ingreso, democracia verdadera) en los que muchos nos podemos poner de acuerdo y trabajar para reiniciar (¿ahora sí?), nuestra transición a la democracia.