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13:31h. Sábado, 19 de Agosto de 2017

Un grupo de escritores, encabezados por Mauricio Miranda (Gallo que no canta, 2016), prepara un libro para escritores. Son tantos los recovecos del arte literario que ensayar sobre ello es una obligación. Reflexionar y compartir desde la experiencia personal ha sido una actividad de todo escritor. En muchas antologías aparecen fragmentos de las grandes plumas sobre lo que debieron hacer para logra un espacio en la literatura. Y no obstante la abundancia de textos, es insuficiente para que alguien al leerlos se sienta totalmente preparado para ofrecer un texto impecable. 

Es un arte difícil porque demanda constancia. Y como todo, ensayo-errores (Cien salidas en falso, las nombra Francis Scott Fitzgerald) pueden acercar a producir un manuscrito aceptable. 

Desde luego, cada ensaya debe identificar los errores del anterior. Para ello es necesario también un espíritu de autocrítica y la capacidad para aceptar observaciones (regularmente, a la mayoría le cuesta aceptarlas).
Aprecio que me hayan convocado a participar con uno de los capítulos. 

Entre escritores hay la costumbre de dar mucho valor a la estructura de la historia, al manejo de metáforas o a las frases ingeniosas. Algunos más, destacan lo verosímil a pesar de la ficción, a delinear bien a personajes o al ritmo expositivo. Todas esas variables –y otras más– son importantes. Sin embargo, el esfuerzo creativo va al caño si la redacción y la ortografía son deficientes.

Escribir bien y de forma correcta juega un papel más allá de lo académico o erudito; de agudezas o habilidades creativas. Es el soporte, el andamiaje de la literatura. Sin ellas, no se podrá sostener un bello diseño o unos materiales impecables. 

El concepto redacción (del latín redigiere) está relacionado con el orden de exposición, con redirigir o dar un determinado orden a las ideas. La época en que la literatura era pomposa, florida y rebuscada finalizó hace varios siglos. Ese estilo de redacción, de forma de exponer, era elitista. Normal, leer y escribir no eran artes populares. En la actualidad lo exitoso de un texto radica en el mayor acceso. Entre más universal, comprensible para grupos diversos, mejor. 

En el estilo moderno, la redacción se caracteriza por ser clara (orden acorde a la lógica del idioma y el propósito del manuscrito), breve (economía del lenguaje, sin dejar de abordar los puntos necesarios, y sin superficialidades) y precisa (puntuación impecable, ortografía adecuada, significados exactos y tiempos tanto homogéneos como simples). 

Ordenar las ideas está sujeto a la creatividad del autor. Pero no debe perder de vista que sus lectores podría extraviarse con facilidad si es poco hábil al exponer. Entonces, debe poseer suficientes conocimientos (no es necesarios académicos) del idioma y… un profundo sentido común. Escribir es un ejercicio para lectores, no solo para satisfacción del autor. 

Escritor que no es leído es un fracasado como tal. Nadie redacta algo para no ser leído. Alguien debe hacerlo.
Para trasladar con toda fidelidad la intención del autor al lector, el primero debe recurrir a una estrategia bien planeada y a voces, estructuras, y recursos comunes. Por ello, el escrito moderno toma en cuenta la forma en que entiende el lector, sin facilitarle demasiado el camino. El escritor debe apelar a las habilidades humanas de razonamiento profundo para atrapar al lector. 

Los escritores de éxito dedican una idea por párrafo. Es decir, que el párrafo tiene por objeto esclarecer una intención. Un párrafo no debe contener muchas ideas. Estará integrado por múltiples oraciones, pero con ellas debe dejar esclarecido un concepto. Es decir, una descripción física de un lugar –por ejemplo– establece el ambiente al que se enfrenta un personaje, pero jamás debe mezclarse con rasgos de personalidad o con pensamientos de un protagonista distinto al ambiente. 

Una sección de diálogos tendrá el mismo propósito. Sin enunciar textualmente la intención, el autor mediante la conversación de sus personajes debe crear conceptos, expectativas o conducirlo por un camino de pensamiento. 

Esta es la razón por la que en literatura en ocasiones un párrafo podría contar solo con una oración. Si a juicio del autor no fue necesario más, punto y aparte. Incluso, si la falta de diálogo o la descripción de la actitud del personaje dejan clara la idea, siempre será preferible a ser obvio. 

La presencia o ausencia de una idea en un lugar específico depende del plan general del autor. 

Si etimológicamente redacción implica orden, el autor debe trabajar muy concienzudamente la inclusión de conceptos en un punto específico para construir en el lector el efecto deseado. No debe incluir datos o información al azar, ni por la intuición u ocurrencia. Ello incidirá directamente en la claridad del manuscrito, en su calidad.