Chispitas de Lenguaje • 2021, el año de la vacuna • Enrique R. Soriano Valencia

“El idioma es algo dinámico y seguirá evolucionando con base en la experiencia social…”

Chispitas de Lenguaje • 2021, el año de la vacuna • Enrique R. Soriano Valencia


Termina un año atípico en muchos sentidos y eso se refleja en el idioma. Desde luego la palabra de más usada, no solo en nuestro idioma sino en todos, fue coronavirus. Pero a diferencia de lo que todos podrían prever, en la convocatoria para identificar el vocablo que mejor definiera el año que termina, la Fundación para el español urgente, Fundéu, encontró que los hispanohablantes se decantaron por vacuna. Entre quienes votaron por los vocablos sometidos a la consideración de los hispanohablantes, fue la que terminó por imponerse.

La palabra vacuna fue formulada a partir del procedimiento de su obtención; es decir, viene del vocablo vacuno, que es un adjetivo para nombrar al ganado bovino. La propia Fundéu, en el boletín para anunciar la palabra del año, dice de la voz vacuna: «… surgió en el siglo xviii a raíz del descubrimiento del médico inglés Edward Jenner de que los infectados por la viruela vacuna o bovina quedaban protegidos frente a la viruela humana. En español, se utilizó durante un tiempo vaccina (creada a partir del latín vaccinus, es decir, ‘de la vaca’)».

Su más próxima competidora fue el vocablo confinamiento significa: «Aislamiento temporal y generalmente impuesto de una población, una persona o un grupo por razones de salud o de seguridad» (también legales).

Una pandemia es un fenómeno de salud que, como cualquier acontecimiento social, deja huellas emocionales y, desde luego, en el idioma. Una muestra de ello es la palabra coco, muy usada en México para amenazar a los niños: «Si te portas mal, vine el coco y te come». Ese vocablo se acuñó durante el proceso de conquista y expansión española una vez derrotado el Imperio mexica. La viruela no solo mató a Cuitláhuac, tlatoani inmediato posterior a Moctezuma; también diezmó a la población de todo Mesoamérica. Se calcula que el 50 % de la población murió por este virus del que no tenía anticuerpos la población mexicana. El nombre de este padecimiento en náhuatl fue cocoliztli. De ahí que en el inconsciente colectivo se haya acuñado como una muy grave amenaza. Por supuesto, con el paso de los siglos su importancia disminuyó hasta quedarse como una forma de espantar a los niños.

En 2021 el diccionario oficial también registró 3 836 modificaciones, entre vocablos incorporados, nuevas acepciones (definiciones) de palabras ya existentes o precisiones en las ya enunciadas. Por supuesto, la pandemia obligó a sumar a nuestra lengua palabras como cubrebocas, hisopado o nasobuco, así como nuevas acepciones para cribado y burbuja social o nueva normalidad. En la práctica médica se incorporó emergenciólogo o urgenciólogo para los especialistas en urgencias en los hospitales. 

En tecnología se incorporaron palabras como bitcóin, bot, ciberacoso, ciberdelincuencia, criptomoneda, geolocalizar o webinario.

Y en otros ámbitos se sumaron chuteador, que es una bota de futbolista en Chile; repentismo, que es el arte de improvisar versos; y sambar, que significa bailar samba.

Por supuesto, acorde con los tiempos, el Diccionario añadió voces relativas a la sexualidad y el género, como poliamor, transgénero, cisgénero o pansexualidad. Y para beneplácito de muchos, ya está aceptada el mexicanismo vale madre o valemadrismo.

El idioma es algo dinámico y seguirá evolucionando con base en la experiencia social, ahora cada vez más global, y acorde a las formas de hablar y acentos de la amplia región de hispanohablantes.

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