miércoles. 28.09.2022
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Chispitas de lenguaje • Estilo barroco • Enrique R. Soriano Valencia

"...es una forma que recurre a un sinfín de retorcimientos, frases grandilocuentes y volteretas para evitar lo directo, preciso y sencillo..."
Chispitas de lenguaje • Estilo barroco • Enrique R. Soriano Valencia


El estilo barroco de escribir es una forma que recurre a un sinfín de retorcimientos, frases grandilocuentes y volteretas para evitar lo directo, preciso y sencillo. Por tanto, es contrario al estilo moderno de redacción. Por desgracia, aún persiste el barroquismo en la forma de redactar, particularmente en el sector Público. 

El barroco es un estilo que llegó a México en el momento en que se colonizó México. Aunque ya se encontraba de salida en Europa, aquí se asentó en muchos lugares y tardó más en desaparecer. El barroquismo se observa claramente en el estilo arquitectónico de muchas iglesias de nuestro país (la capital de Guanajuato es ejemplar). Al poco fue desplazado por el plateresco (las grandes catedrales ya pertenecen a este último estilo). Sin embargo, el barroco jamás fue abandonado. 

Su presencia en las bellas artes tuvo su influencia en el estilo de escribir. Afanado en el efecto y en la habilidad de retorcer lo retorcido (churrigueresco) su búsqueda para engañar a través de lo caprichoso, pretendía que solo las mentes brillantes encontraran lo esencial (de ahí que la poesía barroca deba reflexionarse dos veces). 

Su justificación, de carácter religioso, era: si Dios nos dio un cerebro, una forma de reconocer su dote era aprovecharlo en todas sus capacidades. De ahí lo fundamental de analizar, reflexionar y argumentar en ese estilo. Sin embargo, hacerlo perduró, pero el propósito se perdió. Y en la actualidad se dan retorcimientos sin intención alguna. Es decir, se aplica por el simple hecho del uso («Me permito informarles…», como si alguien se pidiera permiso; «Por medio de la presente, informo…», como si no resultare obvio; «Sin otro particular…», como si no fuera evidente que el texto llega a su fin. Hay más ejemplos, pero los anteriores son los más comunes).  

Pero esto último es fácilmente observable en diversos documentos emitidos por los tres ámbitos de competencia de las oficinas públicas. No es extraño leer y releer un documento para intentar descubrir el mensaje o dato esperado por el ciudadano que realiza un trámite (aunque no somos el único país, ahí está El proceso de Kafka, de donde viene el adjetivo kafkiano) y con tanta palabrería es más difícil hallar lo importante.

Mis amigos de la Unidad de Transparencia y Archivos del Poder Ejecutivo del Estado me informan que en el siglo pasado hubo un intento en los años sesenta por combatir ese estilo. Eso es observable en los documentos que archivan, estudian y analizan. Sin embargo, no tuvo arraigo, por alguna razón se volvió al estilo tortuoso que hoy se descubre en muchos de los documentos del sector Público (también de los tres Poderes).

Quizá este estilo se deba a que en política (al menos la mexicana) no es muy positivo hacer declaraciones claras y directas para que –dependiendo de los rumbos e intereses políticos– se pueda dar un cambio o giro a lo antes declarado. 

La misión del sector Público es servir a la sociedad (independiente del ámbito o Poder). Por tanto, para su eficiencia, debería tener un estilo alejado del barroquismo.

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