Escribir a mano

"...escribir a mano casi implica acariciar directamente a nuestro interlocutor: carta de amor escrita a mano, siempre será una experiencia suprema..."
Escribir a mano


Escribir a mano empieza a ser una práctica olvidada. Las nuevas generaciones no saben ya lo que es la caligrafía (ese desarrollo de destrezas en el trazo para embellecer la letra). Los teclados han sustituido a los bolígrafos y lápices. Pero eso no es lo más grave (finalmente la tecnología evoluciona para hacer más práctica la vida), ¿sabe cuál es impacto en el cerebro por dejar de practicarlo y, por tanto, las repercusiones?

Escribir nos activa muchas zonas del cerebro, en especial lo que se conoce como las zonas de Broca (lóbulo frontal) y de Wernicke (lóbulo parietal). Esta última sección está asociada a la comprensión del código y su interpretación.Es decir, esta zona cerebral no solo reconoce como el lugar donde habitamos a la palabra hogar, sino también lo afectivo que contiene, a diferencia del vocablo casa, con menos interpretación emocional. 

El área de Broca está vinculado a la estructuración, ordenación y, por tanto, a la toma de decisiones. Por supuesto al escribir, esta área se activa porque estructura el discurso y selección el mejor vocablo para que refleje mejor la idea. Eso propicia la profundización y reflexión sobre el tema desarrollado. Por ello, escribir fortalece el análisis, el pensamiento profundo y las capacidades directivas.

Pero hasta aquí eso implica escribir. Escribir a mano es un proceso que involucra otros la psicomotricidad (el teclado también lo hace pero de otra forma pues solo obliga al movimiento de los dedos en determinadas direcciones preestablecidas; presionar una tecla, en psicomotricidad, no es lo mismo que trazar, formar, una letra). Es decir, el movimiento de la mano, la destreza de la muñeca, el movimiento del brazo, pero particularmente, la mayor lentitud frente a hablar o escribir con teclado obliga al cerebro a prestar mayor atención, según varios estudios de algunas universidades europeas. Eso incide directamente con la memoria. Es decir, escribir a mano fortalece la capacidad de concentración y la memoria. 

La concentración, no perder la idea en el momento de escribir, exige también –si se están tomando apuntes en clase– a multiplicar la funcionalidad. Esto es que al estructurar la idea en el cuaderno y prestar atención a lo que continúa explicando un profesor, exige concentración en dos áreas, que propician que le hipocampo (zona central del cerebro, responsabilizada de la memoria a corto plazo y de discernir el peso o trascendencia de la información para ser olvidada o almacenada en las capas periféricas del cerebro) desarrolle más funciones. Eso trae como consecuencia multiplicar las sinapsis entre neuronas; desarrollar mayor número de conexiones neuronales, lo que hace al cerebro optimizarse, ser más efectivo, rápido y multifuncional. Asimismo, los trazos personalizados ayudar a fijar mejor las ideas por hacerlas propias. 

Debería promoverse entre las nuevas generaciones escribir cartas a mano a familiares (aunque estén cercanos) o cuando menos tener un diario. Estas dos actividades podrían llevar a que las nuevas generaciones se alejen de distractores, como las redes sociales, y que desarrollen mayor número de habilidades más allá de las tecnológicas. 

Escribir en sí mismo ayuda a identificarse con el lector. Pero escribir a mano  casi implica acariciar directamente a nuestro interlocutor: carta de amor escrita a mano, siempre será una experiencia suprema.

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