Martes. 15.10.2019
El Tiempo

Escribir como estatus

"El ser humano siempre ha pretendido singularizarse. La escritura no ha sido la excepción para lograr una diferenciación"

Escribir como estatus

El ser humano siempre ha pretendido singularizarse. La escritura no ha sido la excepción para lograr una diferenciación. Hubo un tiempo en que saber hacerlo se consideró un factor de nivel social. Actualmente es un acto tan cotidiano que se segrega a quien no sabe hacerlo. Los trazos también tuvieron su auge. El estilo de letra representaba un elemento de categoría entre quienes sabían leer y escribir, fue la edad dorada de la palmer. Ahora la influencia de la tecnología ha estandarizado la letra de molde para todo el mundo, pero en los correos electrónicos, las redes sociales y salones de charla –donde el teclado no diferencia la letra del redactor–, tiene sus protocolos.

En la etapa esclavista (las civilizaciones antiguas), escribir era un ejercicio de hombres libres. Los esclavos no podían aspirar a dominar esas artes, salvo casos excepcionales en que gracias a esa obstinación lograban su libertad, como Epicteto, filósofo y educador. Séneca resume el concepto cuando asegura que a la grandeza del espíritu humano no la doblega ni la esclavitud: «Es un error creer que la condición de esclavo afecta al hombre entero. La mejor parte de su ser queda libre».

En la Edad Media la escritura y lectura quedó restringida para monjes y algunos nobles (incluso, hubo reyes que tampoco sabían hacerlo). Como el fruto prohibido procedía del Árbol del Conocimiento, se consideró que solo los espíritus preparados no caerían en ideas impropias al buscar lecturas no autorizadas. El grueso de población era analfabeto y así mantendría su inocencia. Ahí empezó a considerarse que leer y escribir estaba reservado para los iluminados.

Con el protestantismo vino la masificación de la enseñanza de leer y escribir. Sin embargo, la escritura empezó a considerarse elemento distintivo. Solo algunos tenían clases especializadas de caligrafía («Arte de escribir con letra bella y correctamente formada, según diferentes estilos», define el Diccionario de la Real Academia Española, DRAE).

Escribir a mano, entonces pasó a considerarse un arte. Muchas personas se esforzaban en mejorar su letra con ejercicios de motricidad fina. El tipo de letra palmer pasó a formar parte de los valores distintivos. Sin embargo, la tecnología vino a desplazar ese valor: la máquina de escribir hizo su aparición y entonces la Educación se volcó a la enseñanza de la letra llamada de molde. Incluso, la tendencia es que la escritura a mano desaparezca, como en Finlandia que dejarán de enseñar esa habilidad en 2016. La tecnología ha hecho que la escritura a mano sea cada vez menos regular.

Con la incorporación de la máquina de escribir también aparecieron determinados valores o usos distintivos. Por ejemplo, se consideraba que solo aspectos formales (como reportes laborales o escolares) debían ser escritos a máquina; cuando se tratara de una carta familiar, obligadamente debía ser un manuscrito (escrito a mano; de ahí también el nombre de documentos antiguos de algunos autores). Escribir a alguien cercano afectivamente en máquina resultaba una pedantería.

Actualmente, la escritura electrónica también tiene algunos códigos por respetar. Por ejemplo, se considera inapropiado todo el texto en mayúscula porque se interpreta que se eleva el tono de voz, que el redactor está gritando.

También hasta hace poco, se usó la puntuación como forma gráfica de reflejar emociones (carita sonriente se representaba con dos puntos y el medio paréntesis de cierre; la triste, con el medio paréntesis de apertura). Pero esta variedad gráfica se restringe a documentos informales o de familiaridad. Hubo una etapa, incluso, en que era hasta difícil escribir normal porque las máquinas automáticamente incluían una imagen que ahora se reconocen como emoticón («Símbolo gráfico que se utiliza en las comunicaciones a través del correo electrónico y sirve para expresar el estado de ánimo del remitente», DRAE). Ahora ya aparece como alternativa en los procesadores de texto, particularmente en los teléfonos inalámbricos, llamados móviles o celulares.

Lo que afortunadamente parece superado es el exceso de abreviaturas. Aunque todavía persisten los usos inapropiados –como usar una X para sustituir la preposición ‘por’ o recurrir a la K para el sonido fuerte de la C– su tendencia es a la baja. Los correctores ortográficos son aplicados con más regularidad, a pesar de que algunos los deshabilitan. No obstante, es menos común cada día ver errores básicos; aunque no escapan los comunes, como las palabras de sonido similar y ortografía distinta (homófonos). Al parecer, este se asentará ahora como uno de los valores de distinción al escribir.

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