Martes. 15.10.2019
El Tiempo

Escribir por objetivo

"Perder de vista el objetivo de algo, es destinar actos a la ausencia de alma, a quitarles la esencia, a dejarlos sin fundamento"

Escribir por objetivo

Algo que escapa a la mayoría de las personas en todo tipo de actividad es el propósito. Muchos trabajos, actos, procedimientos e, incluso, tradiciones se reproducen simplemente porque así siempre se han venido haciendo. Eso es contrario a la eficiencia. Perder de vista el objetivo de algo, es destinar actos a la ausencia de alma, a quitarles la esencia, a dejarlos sin fundamento.

En la mayoría de oficinas deben producir documentos porque así lo señala el procedimiento. Pero han extraviado la razón. El propósito de cada documento ha quedado en el rincón de los olvidos a causa de la rutina. Entonces, para cumplir con las tareas es más fácil recurrir a los formatos, donde solo cambiar fecha y destinatario es suficiente.

Por eso, leer con atención un formato es sorprendente. No suelen decir algo consistente y casi siempre llenan de palabras vacías hojas, hojas y hojas. Es decir, los redactores reproducen fórmulas sin lógica o sentido. Han perdido el propósito del texto y la atención es desviada a un conjunto de frases de aparente cortesía y de un sinfín de circunloquios.

En los procesos judiciales es tan así, que la mayoría de los abogados solo revisan la última parte, donde presumiblemente está la información de valía. Entonces, ¿de qué sirvieron las horas hombres, la energía eléctrica, la tina y el papel de todo el texto inicial? Si eso se ahorrara, mucho dinero dejaría de desperdiciarse. Centrarse en el objetivo, el propósito del documento, puede hacerlo más efectivo.

Pongamos como ejemplo otra situación. Supongamos que se trata de una reunión de un cabildo. Los temas tratados se suelen dejar asentados en un documento que se conoce como acta. Ésta, regularmente, es redactada de forma cronológica. Es decir, se van asentando temas y acuerdos abordados conforme se suceden. Es decir, el fin de ese documento es consignar los hechos como se fueron sucediendo.

Si hubiere la necesidad de dar a conocer a la sociedad esos mismos hechos, simplemente reproducir el acta no sería lo más conveniente. Lo aconsejable sería formular un documento diferente, estructurado de forma distinta, para informar a la sociedad. A este tipo de documentos se les llama boletín de prensa. Aunque su contenido podría ser el mismo, inicia por el asunto de mayor relevancia. Lo demás se incluiría acorde a ese criterio: de mayor trascendencia a menor.

¿Por qué cada documento está redactado distinto si ambos contienen lo mismo? Precisamente porque el objetivo de cada texto es distinto. Mientras en el acta su propósito es consignar asuntos y acuerdos, un boletín tiene por objeto informar a la sociedad. Cierto es que si un eventual lector revisara la totalidad del acta, quedaría absolutamente informado. Sin embargo, la lectura de un documento se basa en el interés del lector sobre el contenido. ¿El interés es labora, jurídico o informativo? Entonces, redactar acorde a la necesidad del propio receptor facilita la lectura para este último.

La actitud de cada eventual lector es distinta. Siempre estará sujeta a lo que le llama más la atención, a lo que le atrape acorde a su propósito. Por lo tanto, es preferible en todo documento que pretende conseguir un lector, iniciar por su interés.

Esto significa que si el redactor desea tener éxito con su texto (que verdaderamente lo lean y transmita totalmente el propósito) debe conocer muy bien a su receptor. Saber lo que le interesa, lo que le mueve al receptor.

Entonces, redactar acorde a un objetivo implica tomar en cuenta el interés del lector. Olvidar este aspecto, es propiciar una comunicación deficiente.

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