Informes de Gobierno

"Cómo escribir un Informe de Gobierno y no morir en el intento."

Informes de Gobierno

Cómo escribir un Informe de Gobierno y no morir en el intento. Suelen ser la manzana de la discordia de las oficinas cercanas al ejecutivo de los tres ámbitos de competencia. Un dicho popular enuncia que quien tiene la información, también ostenta el poder. Por ello, es del interés de grupos cercanos a los ejecutivos. Sin embargo, su producción suele estar salpicada de muchos sinsabores y en ocasiones resulta la razón de despidos o del «congelamiento» de carreras políticas.

Su producción no es sencilla. El dinamismo de muchas acciones públicas impide en un momento determinado contar con una estadística precisa para reportar. Además, muchos datos suelen clasificarse, acorde a compromisos del Plan de Gobierno, por lo que durante su procesamiento llegan otros más. Es una dinámica sin fin que en algunas áreas cuesta trabajo aplicar un corte. Incluso por el tratamiento y su vinculación con otras áreas, suelen no coincidir con otros datos cuando son comparados.

Si a ello se suma que en la mayoría de las oficinas no suelen ser concretos o específicos al enunciar la información (darle muchas vueltas a los datos –lo que popularmente se llama «rollo»– para suavizar, matizar o minusvaluar / resaltar  su impacto social), por lo que entregan un sinfín de cuartillas, el redactor principal se ve envuelto en un mundo de datos muy difícil de manejar. Extraer lo esencial se vuelve el trabajo más complicado y tedioso del proceso (pero es el más importante). Eso lo expone a cumplir con deficiencia con su cometido o lo coloca en la oportunidad de ser reconocido. No hay medias tintas; es el responsable de todos los ataques (hasta del «fuego amigo») o el envidiado favorito.

Es decir, los informes de Gobierno transforman en hombre fuerte al responsable o lo ubican en el purgatorio político. Pero todo es debido a una falta de sistematización de un proceso que se politiza.  

El redactor final por lo regular es una persona muy comprometida con las acciones de Gobierno de su líder político, pero poco versada en cómo enunciar la información. Por ejemplo, desconoce que en el orden se esconde la intención, que el uso de determinado vocablo puede dar un giro inadecuado, que la puntuación podría modificar un sentido, y que hasta una coma mal ubicada comprometerá metas públicas.

Conscientes de esos riesgos, algunos ayuntamientos recurren a servicios externos que, desgraciadamente desconocen el ambiente político. Hacen inversiones elevadas para tener resultados que dejan mucho por desear. He escuchado textos como «Se asfaltaron cinco kilómetros de carretera a la comunidad fulana de tal, beneficiando a trescientos habitantes». Gramaticalmente, eso es una barbaridad. El gerundio (beneficiando) es una figura que temporalmente se ubica al mismo tiempo o antes que el otro verbo de la oración (en este caso, asfaltar). Por tanto, no se puede «asfaltar beneficiando». Compárese con: «llegó corriendo», donde la segunda acción indica cómo se desarrolla la primera; por lo tanto, estos últimos son hechos que sí se verifican en el mismo instante. Es decir, en el enunciado de los informes de Gobierno se trata de una imprecisión porque primero se asfalta y una vez terminada esa acción, se logra la segunda; no son verbos que correspondan a la misma unidad de tiempo. Y de la ortografía, ni qué decir. Aún no queda claro en la mayoría que las palabras ‘estado’ y ‘municipio’ cambian su significado si se enuncian con mayúscula o minúscula inicial.

No faltará quien sostenga –para salvar su prestigio– que eso es peccata minuta (falta leve). La historia de los ataques políticos tiene esa característica precisamente: encontrar las fallas para desprestigiar, desvalorar o evidenciar al emisor para tratar de conseguir clientela política en otro sentido. El ser humano es así (particularmente la política): al atacar a otro, la intención es arroparse con las virtudes ausentes en el señalado. Nada nuevo, pero siempre efectivo. 

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