Martes. 15.10.2019
El Tiempo

La maravillosa historia de las palabras

"No suelo hacer comentarios de libros. Pero hoy haré una excepción"

La maravillosa historia de las palabras

No suelo hacer comentarios de libros. Pero hoy haré una excepción. Tenía pospuesta la lectura del libro La maravillosa historia de las palabras, de mi amigo Luis Felipe El-Sahili, por otras actividades. Al tomarlo, ha pasado por mi mente la humanidad. No solo el conjunto de seres humanos, sino la pasión con la que los individuos emprenden tareas que les distinguen de los otros seres vivos.

La raza a la que pertenecemos se diferencia del resto de otros organismos porque actuamos sobre nuestro entorno, los demás solo sobreviven en él; se dejan llevar por las condiciones. A nuestro desenvolvimiento que rebasa las condiciones ambientales le llamamos ‘cultura’. Etimológicamente, ésta es lo opuesto de natura. Actualmente, es ya muy difícil diferenciar qué de nuestro quehacer cotidiano es natura y qué pertenece a la cultura. Tenemos tan introyectada la cultura, que consideramos natural nuestro lenguaje, cuando en realidad es la acumulación de nuestra experiencia social, como etnia y como ser humano.

En el lenguaje, la práctica dejó en determinados sonidos un sentido. Así, de una forma sencilla, lógica y amena –no exenta de reflexión analítica y aguda observación de filólogo– El-Sahili nos va narrando, detallando, las palabras con las que se topa: describe su origen, la compara contra otras evoluciones (otros idiomas) y descubre al lector su esencia. Entonces, se comprenden a plenitud (y de paso eso contribuye a su uso correcto, a su ortografía y a su no desvirtuación).

Curiosas las etimologías de ‘can’ y de ‘perro’, por citar algunas de las múltiples expuestas. Ambas tienen un origen onomatopéyico (a causa del sonido). La primera procede de cómo a los romanos les parecía que ladraba el perro: «can, can» (los de habla hispana aseguramos que suena «guau, guau», pero los alemanes dicen que es «arf, arf»; cada grupo lo escucha distinto). Por ello, los latinos acuñaron la palabra cannis. En tanto que ‘perro’, es de origen hispano y procede, del gruñido «prrr, prrr». Con ello se descubre la relación entre romanos e hispanos; a unos, avisaba el animalillo, su mascota, a través de ladridos; pero a los dominados, la bestia les gruñía amenazante. Y en efecto, en nuestro ánimo actual se percibe esta diferencia pues a nadie se le ocurriría tratar de ofender a otro con la palabra ‘can’, pero sí con la palabra ‘perro’. Con ello, El-Sahili asegura que conocer la etimología de las palabras propicia también descubrir el inconsciente colectivo.

Cuando indiqué que pasó frente de mi la humanidad, no solo me refería a la historia de ésta, narrada a través de comprender el lenguaje. También percibí la sensibilidad, la afabilidad, la benignidad de quienes en esta obra coincidieron. Ni qué decir del autor, interesado en que preparatorianos, profesionistas y público en general conozcan, reconozcan y descubran el inconsciente colectivo de nuestro idioma. Pero ahí también está presente el amoroso cuidado estilístico de mi amiga Luz Verónica Mata González, mujer apasionada por las letras; la armoniosa e impecable formación del documento, en manos de Tonatihuh Mendoza; el compromiso en la difusión y distribución de la obra del apreciado Juan José de Giovanini; y, desde luego, la experiencia y calidad de don Raúl Bravo, poeta.

Una obra intensamente humana por donde se aprecie. 

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