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02:15h. Viernes, 15 de Diciembre de 2017

Para los antiguos mexicanos tener un rostro y un corazón equivalía a poseer una personalidad. El concepto no deja de tener un sentido metafórico y práctico. Mediante el rostro se distingue una persona de otra, pero el corazón es lo que singulariza la intención de una acción respecto de otra. Así, rostro y corazón pasó no solo a determinar personalidades individuales sino también grupos en el vocabulario mexica. 

Pero esta singularidad no se da solo al analizar el náhuatl. Es un fenómeno que se presenta en todos los idiomas. Eso se debe a que las lenguas son un producto social y los hechos históricos van determinando el sentido profundo, las modalidades o las características de un vocablo. 

El próximo sábado 2 de diciembre a las 12:00 presentaré en el pabellón de Guanajuato para las Letras –instalado por el Instituto Estatal de la Cultura que dirige el doctor Juan Alcocer– mi cuarto libro, pero esta vez no será de temas académicos, sino cuentos. La edición corrió a cargo de Ediciones La Rana, que dirige don Juan José de Giovannini. 

Con este libro pretendo contribuir a rescatar varios aspectos fundamentales de la cultura mexica, a través de relatos: su rostro y corazón; los valores fundamentales de su visión universal; y lo imprescindible de reflejarnos en ellos para encontrar el rumbo como nación. La lengua nativa, en este caso el náhuatl, pero a ello no escapan los idiomas vernáculas del territorio nacional, refleja particularidades que el conjunto social por motivos culturales expresa. Por ello, a nuestro parecer muchas de las lenguas nativas mexicanas son metafóricas. Es decir, que los vocablos reflejan conceptos que en nuestro lenguaje se integran por diferentes vocablos.   

En los cuentos exploro cómo ese peregrinar por siglos dio a los mexicas una visión de la naturaleza muy singular, que encontró un sentido mucho más profundo gracias a la influencia tolteca. Este concepto derivó en su visión del Cosmos y cómo debía ser sostenido por la actuación de los seres humanos.  Asimismo, esa combinación forma el concepto de la toltequidad, que los llevaría a la cumbre como civilización e imperio. 

Los cuentos, organizados de forma cronológica, inician con el abandono de Aztlán y culminan con el primer intento de independencia, curiosamente encabezado por los hijos de Hernán Cortés, ambos de nombre Martín. 

No dejé de lado algunas de las historias mitológicas sobre la creación del Universo, los principales astros y del hombre mismo. Pero también, asumí y exploré lo extraño que debió ser la llegada de personas inimaginables, con tono de piel extraño y con mayor cabello del que se pudiera imaginar en el cuerpo. A ese asombro se sumaron las bestias que hoy conocemos como caballos y perros, pero que en ese momento eran seres fantásticos traídos de algún extraño rincón del Universo.

Y todo este recorrido tiene como propósito encontrarnos con nuestras raíces, no solo las indígenas, sino también las hispánicas; pues, querámoslo o no, por nuestras venas corre sangre mestiza, sangre de vencedores y vencidos; sangre que debe amalgamar las dos procedencias si quiere encontrar su propio camino.