Domingo. 13.10.2019
El Tiempo

Las palabras que vale la pena conservar

"Don Miguel León Portilla está considerado la cumbre de la filosofía mexica, con 55 títulos de su autoría..." 

Las palabras que vale la pena conservar

En la filosofía náhuatl, las huehuetlatolli, literalmente son las palabras viejas; pero en el fondo son las ideas, pensamientos, sentencias u oraciones que vale la pena conservar (y por ello se vuelven viejos). Así es la obra de don Miguel León Portilla, quien falleciera este martes 1 de octubre de 2019, en la Ciudad de México.

Don Miguel es uno de los poco mexicanos que conoció las entrañas el mundo de los antiguos mexicanos. Toda su obra y estudios han girado en torno a la civilización más grande que hubo en América, la mexica. Cierto es que ha tenido algunas aportaciones sobre los incas y los mayas, pero el grueso de su producción se han centrado en los mal llamados aztecas (porque ese gentilicio puede aplicarse también a las otras tribus que salieron también de Aztlán).

Don Miguel se hizo heredero por decisión propia –pues originalmente estudió Derecho– de los estudios primeros estudios sistemáticos y serios emprendidos por el jesuita Ángel María Garibay.

En Europa desde la Conquista y hasta antes de la Independencia corría la idea de que las civilizaciones en América eran salvajes y primitivas. Ello hacía suponer que la presencia de los españoles y portugueses en América (poco hablaba de la invasión inglesa por no ser católicos) era para rescatar a los seres humanos que aquí vivían en la ignorancia y la superstición.

Esta visión molestó al jesuita mexicano Francisco Javier Clavijero que, a pesar de la expulsión en 1767 de los reinos bajo la tutela española, publicó en Italia Historia Antigua de México, que echaba por tierra por primera ocasión esa idea y demostraba que la mexicana había sido una gran civilización.

Dos siglos después otro jesuita, Ángel María Garibay, retomó esa línea de estudio y con erudición emprendió el estudio de los mexicanos de la perspectiva de su lengua. Entre los jóvenes que lo asistían, precisamente se encontraba don Miguel León Portilla. Así don Miguel abrevó directamente de las fuentes más objetivas y auténticas el estudio serio y apasionado de los antiguos mexicanos.

Don Miguel León Portilla está considerado la cumbre de la filosofía mexica, con 55 títulos de su autoría, entre los que destaca Filosofía náhuatl, Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y cantares, La toltecáyot, Quince poetas del mundo náhuatl, La huida de Quetzalcóatl (su única obra de teatro) y el muy popular La visión de los vencidos, publicados en Fondo de Cultura Económica y la UNAM. Por supuesto la cantidad de artículos en revistas especializadas en todo el mundo se cuentan por cientos.

Además de investigador emérito de la UNAM, como filólogo, filósofo, historiador, divulgador, fue miembro de la Academia mexicana de la lengua y muchos de los nahuatlismos que aparecen en el diccionario oficial fueron definidos por su pluma y genialidad. También contribuyó a darle el nombre exacto a los festejos del 500 aniversario del descubrimiento de América cuando desde la ONU llamó a ese momento el Encuentro de los dos mundos.

El maestro en el mundo náhuatl, se decía metafóricamente, debía poner un espejo frente a su alumno para que encontrara su rostro. La obra de Miguel León Portilla hace eso con todos nosotros, nos permite descubrirnos, saber que somos capaces de tener un rostro y un corazón.

Su tinta roja y negra (la sabiduría) ha forjado en quienes están dispuestos a recibir su enseñanza que su corazón se abra a los dioses, y los alberga (yoloteótl). Eso corazones  fortalecen el Quinto Sol, este mundo que nos ha tocado vivir y que debemos cuidar para evitar su destrucción. Sus textos se inscriben en ese ideal de las palabras que vale la pena conservar porque son sabiduría que guiará los pasos de todas generaciones de verdaderos mexicanos.

 

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