Spanglish, ¿nuevo idioma?

"Cuarenta millones de personas hablan una mezcla de español con inglés conocida como spanglish"

Spanglish, ¿nuevo idioma?

 

Cuarenta millones de personas hablan una mezcla de español con inglés conocida como spanglish. Eso es una población mayor que la de Australia (23.1 millones), que la de Polonia (38.5) o la de Venezuela (30.4) y muy cercana a la de España (47.2). Con una estructura basada en el español, su vocabulario está integrado tanto por voces procedentes del inglés, como del español y en no pocos casos, vocablos híbridos. Ya cuentan con producción literaria (narraciones y obras de teatro) e Ilan Stavans, lingüista norteamericano, ha hecho una traducción, si se le puede llamar así, del Quijote.

Precisamente, Stavans –en una nota aparecida en diarios nacionales hace unos días– demanda reconocimiento como idioma para esta moderna koiné por la cantidad de hablantes, superior a la población de muchos países con lengua reconocida, como Portugal con apenas 10.4 millones de habitantes.

Pero hay varios elementos objetables, para solo centrarse en el factor poblacional: no es una lengua generalizada de manera uniforme entre la población latina radicada en los Estados Unidos. El spanglish del norte es diferente al del sur, por ejemplificar. La razón es sencilla, por ser una lengua callejera, los grupos poblacionales van tomando las palabras que en una región se acostumbra (español, inglés o la híbrida), diferente de incorporaciones a su estilo de hablar de otros lugares. Es decir, que el spanglish no es idéntico ni siquiera de ciudad a ciudad (Nueva York y Chicago, ambas en el norte, por ejemplo). Eso mismo sucede con otros idiomas, incluso. Entre todas las variedades del español compartimos el 80% de vocabulario. Ese 20% se trata de localismos, en algunos casos igualmente diferenciados en un mismo país. En el sureste de México abundan los mayismos y en el centro los nahuatlismos, muchos de ellos desconocidos en otros países y tampoco recogidos por diccionarios.

Por otra parte, no podría considerarse idioma; pero ni siquiera podría ser nombrado dialecto. Un idioma es una lengua autónoma, con estructura y vocabulario propios. El dialecto por su parte es un sistema lingüístico derivado de otro, pero sin una diferenciación suficiente frente a su origen. El náhuatl y el maya –como otras muchas lenguas de nuestro país– son idiomas, pero curiosamente el español hablado en nuestro país es un dialecto. El español como tal es un concepto abstracto que no se habla tal cual dicta la gramática. En todos los países se han desarrollado derivados que toman las bases gramaticales, pero se interpreta, entona y enriquece con vocablos locales. Entonces, el español de México y el de Argentina, por ser distintos, pero derivados de un tronco común, son dialectos (incluso el de España). Por tanto, no podría llamársele idioma al spanglish, ni dialecto.

Lo más cercano a una clasificación podría ser ‘koiné’, aunque tampoco es preciso. ‘Koiné’ viene del griego y significa ‘común’. Históricamente fue lengua en las ciudades-estado helenas y otras zonas anexadas por Alejandro Magno. Igual que el spanglish, hubo varios tipos de ellas, tomado el griego como base, integrado por vocablos de diversas lenguas.

Hace ya algún tiempo pregunté en el Foro Cervantes a los expertos de ese sitio si podría clasificarse como koiné al spanglish. Su respuesta fue contundente: no, aunque no me dejó convencido el razonamiento de la oposición.

Tampoco se trata de un idiolecto. Este término es el conjunto de rasgos que caracterizan a una persona. Cuando se expresa de forma escrita, se llama estilo. Es decir, que se trata de un acto individual. Enuncia Wikipedia: «Se manifiesta en una selección particular del léxico, de la gramática y también en palabras, frases y giros peculiares, así como en variantes de la entonación y la pronunciación. Un idiolecto siempre tiene, como mínimo, zonas de contacto con un ecolecto, un sociolecto y un dialecto o un idioma». Pero si se dejara de conceptuar estrictamente de forma individual, le caería la definición como anillo al dedo.

Por último, en México le llamamos caló a la forma de hablar particularizada de un grupo. Así, por ejemplo, nombramos el lenguaje de los tepiteños (un barrio muy famoso de la Ciudad de México). El Diccionario de la Real Academia Española aplica ese nombre solo al habla de los gitanos.

Pero lo que es un hecho es que el spanglish (castellanizaría el vocablo como espánglish, con tilde, a diferencia del DRAE que lo enuncia sin él), no puede considerarse un idioma, sino un modo de hablar. 

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