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16:28h. Martes, 18 de Diciembre de 2018

LIBROS 2017 (TERCERA DE TRES)

Concluimos este incompleto recorrido por la literatura que conocimos, con evidentes deudas con la poesía y el ensayo, que nos entregó el año pasado y que sigue hojeándose un par de meses después. Ante el cúmulo de libros, solo nos queda la intuición selectiva y corregir en el camino. En ese sentido, vale la pena destacar un par de libros de nuestras tierras que se enfocan en el cine y la literatura, respectivamente: el iluminador volumen de Fernanda Solórzano (Ciudad de México, 1971) titulado de manera elocuente Misterios de la sala oscura (Taurus, 2017) y el delicioso La utilidad del deseo (Anagrama, 2017) de Juan Villoro (Ciudad de México, 1956), ambos orientados a exaltar la experiencia artística a partir de la contextualización y la trascendencia de las obras referidas.

DE PADRES E HIJOS

Una pareja de ancianos sale en busca de su hijo por tierras sajonas en plena Edad Media. La memoria es frágil y personajes inusuales van apareciendo en su recorrido, caballeros eternos y dragones incluidos. El reciente premio Nobel Kazuo Ishiguro (Nagasaki, 1954, asentado en Inglaterra desde 1960) nos regala en El gigante enterrado (Anagrama, noviembre, 2016), sumergiéndonos vía el uso del lenguaje en tiempos inmemoriales, una intrigante y al fin hermosa fábula acerca de la importancia de los recuerdos para mantener a flote el amor sobre aguas impredecibles y de contenida turbulencia. 

Continuando con La infancia de Jesús, J. M. Coetzee (Ciudad del Cabo, 1940) publicó Los días de Jesús en la escuela (2016, Random House, 2017), momento en el que el pequeño David entra a la academia de danza y las reflexiones se agolpan sobre la paternidad, la escolarización y ese extraño mundo conocido como infancia en pleno proceso de socialización. En tanto, un ejecutivo desempleado tiene que pedirle dinero a su hija y mentirle a su esposa para poder participar en un inusual proceso de selección laboral; Recursos inhumanos (2015, Alfaguara, 2017) es la reciente mirada de Pierre Lemaitre (Paris, 1951) al mundo laboral con todo y el sentido del trabajo como estabilizador personal y social.

DIVERTIMENTOS

Jonathan Coe (Birmingham, 1961) entregó con la acostumbrada dosis de imaginativo humor envuelto en un trasfondo político y crítica social El número 11 (2015, Anagrama, 2017), novela de personajes que conecta con su anterior ¡Menudo reparto!, en la que igual cabe el toque detectivesco que la sonrisa cómplice y auto infligida; en una tesitura similar aunque centrándose en un microcosmos, Ian McEwan (Alershot, 1948) propone conocer la hilarante perspectiva de un feto ante el malévolo plan de su mamá y su tío para matar a su padre en la divertidísima Cáscara de nuez (Anagrama, 2017).

El tono satírico con la consecuente crítica social en la que los títeres presumiblemente acaban sin cabeza, encontró una de sus crestas en El vendido (2015, Malpaso, 2017), obra incandescente de Paul Beatty (Los Ángeles, 1962), en donde el protagonista está siendo juzgado por sus ideas racistas llevadas al absurdo, como esclavizar a su vecino o volver a la separación según color de piel en las escuelas de su barrio: verborrea incontenible, secuencias de juzgados y una fuerte cantidad de acidez que derrite las lógicas con las que solemos comportarnos. Sobre todo en tiempos donde la xenofobia tiene permiso.

El gran maestro de la síntesis Jean Echenoz (Orange, 1947), después de sus contundentes y brillantes relatos biográficos y un íntimo repaso de la primera gran guerra, entrega Enviada especial (2016, Anagrama, 2017), una entretenida y elocuente mirada al género de espías con buenas dosis de ironía y humor que consiguen insertarse a una trama cuidadosamente urdida. El legendario escritor carioca Rubem Fonseca (Minas Gerais, 1925) conjuntó unas muy disfrutables Historias cortas (2015, Tusquets, 2017), conjunto de breves relatos en los donde los locos andan sueltos, desafiando corduras de propios y extraños y, de paso, divirtiéndose de lo lindo.

NEGRITUDES

Tensa y reflexiva a la vez, Ese mundo desaparecido (2015, Salamandra, 2017) cierra la trilogía del especialista del submundo criminal Dennis Lehane (Dorchester, 1965), conformada por Cualquier otro día y Vivir de noche: una amenaza de muerte y la presencia fantasmal de un niño acosan a un gánster medio retirado. Sergio Ramírez (Masatepe, 1942) vuelve a traer a escena al inspector Dolores Morales, protagonista de El cielo llora por mí, en Ya nadie llora por mí (Alfaguara, 2017), novela en la que nos lo encontramos persiguiendo adulterios sin mayores repercusiones hasta que, presumiblemente, se ve involucrado en una trama de alcance mayor: apuntes sociales, ironía para repartir y una prosa por completo desenvuelta

Dos mujeres alrededor de las estrellas roqueras. Virgine Despentes (Nancy, 1969) entrega la secuela de su personaje, un reconocido músico en los noventa ahora deambulando entre vagabundos y habitando un parque público: Vernon Subutex 2 (2015, Random House, 2017) sigue la lógica descarnada de una celebridad extraviada que ya está en otro mundo. Por su parte, Mariana Enriquez (Buenos Aires, 1973) se entromete en el mundo de las grupies y los rockstars en Éste es el mar (Random House, 2017), historia de hadas siniestras que provocan suicidios de estrellas de la música, entre apuntes adolescentes, fanatismos inadvertidos y una revisión a esa extraña condición del significado de la fama, cual objetivo alcanzado y no deseado.

Bajo el seudónimo Benjamin Black, que usa para su faceta de escritor de novela negra, el gran John Banville continuó con la saga de su terco forense en Las sombras de Quirke (2015, Alfaguara, 2017), en la que el ya vetervía John Connolly (Dublín, 1968) nos conduce por un conjunto de relatos entre terroríficos y fantásticos en Música nocturna (2015, Tusquets, 2017) que revisitan el mal del más allá y del más acá, pero siempre con motivos y contradicciones, como para dejar claro que los maniqueísmos hace mucho tiempo que dejaron de existir; como plus, una anécdota bien compartida que acaba siendo igual de espeluznante, con todo y la crítica a la industria editorial.

Y la novela negra nacional estuvo muy bien representada por varios autores. Mauricio Molina (Ciudad de México, 1959), quien propuso en tonos cosmológicos Planetario (Almadía, 2017), para seguir la órbita de un asesino serial que revisita nueve planetas a través de igual número de mujeres, víctimas del deseo, la locura y la conspiración de alguna secta enloquecida. En su oda al insomnio, David Toscana (Monterrey, 1961) propone que Olegaroy (Alfaguara, 2017), título y protagonista, se lance al descubrimiento del asesino de una joven, recorriendo reflexiones existenciales más allá de lo previsto. Una delicia el futbolero libro tercero.