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16:26h. Martes, 18 de Diciembre de 2018

Rusia 2018, día nueve: Ganar al filo

"En Volgogrado, los nigerianos se jugaban la sobrevivencia en el certamen frente a los entusiastas islandeses que sorprendieron en su debut..."


En sus segundos partidos, las selecciones todavía pueden revertir lo sucedido en sus presentaciones, o bien sostener el desempeño y confirmar lo alcanzado. Mientras que los nigerianos lograron lo primero, brasileños y suizos alcanzaron lo segundo; por su parte, costarricenses, islandeses y serbios padecieron sendas derrotas que los marginan en definitiva de la posibilidad de continuar adelante o los colocan en una posición muy complicada para trascender, a falta de una partido en la ronda de grupos.

Ganar en el postpartido

Brasil lo intentó durante noventa minutos sin conseguir concretar en San Petersburgo; dominó, presionó y mejoró ligeramente en relación con su presentación, pero entre las fallas propias al frente, una buena estructura defensiva de Costa Rica y la figura de Keylor Navas, el marcador permaneció quieto. Como sabemos, resulta que los partidos cuentan con el llamado tiempo de compensación, ampliado en estos partidos, que en este caso en efecto funcionó como tal para los sudamericanos. Desde el inicio, el planteamiento del juego siguió el guion que hemos visto varias veces: un equipo dispuesto a buscar la portería contraria y el rival más dedicado a cuidar la propia, sin renunciar del todo a lanzar un contragolpe.

Las estrellas brasileñas lo intentaban con prestancia y, sobre todo en la segunda parte, incrementaron las llegadas vía la diversificación de estrategias ofensivas; pero los ticos mantenían de vez en vez cierta sensación de peligro, en particular cuando los pentacampeones bajaron un poco el ritmo. Cambios desde la banca y las redes seguían sin moverse, incluso protegidas por el VAR, ahora usado para cambiar la decisión inicial del árbitro que había marcado penal a favor de los cariocas. Y ya cuando parecía que los centroamericanos mantenían la posibilidad de permanencia mundialista gracias al arañado empate, Coutinho rompió el cero más allá del ’90 y Neymar confirmó el marcador a favor seis minutos después para los ahora vestidos de azul.

Ganar para renacer

En Volgogrado, los nigerianos se jugaban la sobrevivencia en el certamen frente a los entusiastas islandeses que sorprendieron en su debut, aquí volviendo a plantar sus dos fuertes y gigantes líneas de cuatro claramente definidas. La primera parte transcurrió entre pocas opciones de gol y un medio campo más poblado que los valles islandeses, con un cuadro europeo ligeramente superior al africano, sin alcanzar a establecer un dominio definitivo que generara una tendencia más fuerte para su causa. Las Águilas no levantaban el vuelo y se veían un cuanto tanto carentes de rumbo claro, como les sucedió en varios de los lapsos de su encuentro anterior.

Pero para la segunda parte todo cambió. Nigeria sabía que necesitaba ganar si quería mantener aspiraciones y se lanzó con la alegría de antaño al frente, intentando recuperar esa magia que ha caracterizado a su selección en la historia reciente. Cerca del inicio de la segunda parte, esa capacidad de buscar lo impensado rindió su primer y precioso fruto: Moses se lleva la pelota y envía servicio preciso a Musa, quien controla y de botepronto anota uno de los grandes goles del torneo. Los isleños del norte parecían congelados, sobre todo cuando quince minutos después, el propio Musa se descuelga por la banda y después de hacer gran corte al centro, deposita el balón en el fondo de una puerta ya por completo abierta. Todavía Islandia tuvo un penal a favor que envió a los cielos.

Ganar para confirmar

En su segunda presentación mundialista como país independiente, Serbia estaba llamado a confirmar su triunfo anterior y buscar ganarle a Suiza para poder enfrentar a Brasil en la última jornada con mayor tranquilidad. Cuando apenas nos estábamos terminando de acomodar y a pesar de ya contar con un par de avisos, el pundonoroso Mitrović puso en ventaja a los suyos frente a los también sorprendidos suizos en Kaliningrado: pasados los cinco minutos, el marcador se movía y, en consecuencia, las estrategias y planteamientos iniciales. Suiza tuvo que despertar, aunque no de la manera que hubiera preferido y empezó a empujar para buscar el empate, posesionándose de la pelota y llegando con peligro, si bien los serbios no se replegaron del todo.

El empate llegó pronto a través de un poderoso disparo desde fuera del área perpetrado por Xhaca, tras aprovechar un rebote técnicamente empalmado. Los balcánicos mantuvieron su cuota de riesgo para volver a buscar la ventaja y los helvéticos tampoco parecían del todo conformes con el logro alcanzado, apostando con un esquema de contragolpe disfrazado: el partido parecía decantarse para cualquiera y fue cuando surgió la figura del pequeño tanque Shaquiri, primero saludando al poste y después, ya sobre la hora, emprendiendo una carrera desde media cancha que culminó con el tanto del triunfo para su causa.

 

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