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12:31h. Martes, 17 de Julio de 2018

Rusia 2018, día veinticinco: de semifinales y migrantes

"El fútbol se vuelve fiel reflejo de las sociedad contemporáneas..."


Quedaron definidas las semifinales del certamen con cuatro equipos que refrescan las posiciones ocupadas en la mayoría de las ocasiones por los mismos cuadros. Sobre todo Bélgica y Croacia se presentan como dos selecciones que cuentan con una gran generación de futbolistas y que tendrán la tarea de mantener esta tendencia y no tener que esperar muchos años para volver a aparecer en estas instancias. Si bien se trata de conjuntos que con frecuencia se presentan en la Eurocopa y en los Mundiales, se han mantenido en un segundo escalón continental, por debajo de Alemania, Italia, Francia y España: con las figuras que ahora portan la camiseta nacional, pueden dar el salto de calidad que los lleve a ganar un título de gran escala.

Con Inglaterra sucede un caso parecido, a pesar de su realeza: durante 28 años no lograban trascender en los mundiales a pesar de contar con la liga más seguida del mundo, hasta que apostaron por jóvenes que muestran un mayor compromiso por la playera de los tres leones. Francia se cuece aparte: plagado de estrellas desde hace tiempo, su problema había sido la falta de conjunción tanto fuera como dentro del campo: hoy parece dificultad superada. Estos dos equipos, ganadores de una Copa del mundo cuando jugaron como anfitriones, pudieran aprovechar esa experiencia genética para poder llegar a la final, no obstante que sus rivales han mostrado cada vez más aplomo para enfrentar este tipo de desafíos exclusivos para los grandes, a diferencia de hace cuatro años. Ya veremos.

Fútbol y migración

Un fenómeno que siempre ha acompañado a la humanidad, hoy representa una de las mayores crisis a nivel global: millones de personas intentan llegar, sobre todo, a Europa, Estados Unidos y Canadá, por la imposibilidad de seguir viviendo en su tierra, ya sea por razones económicas, políticas o bélicas: la mayoría por necesidad, pocos por gusto. Mientras que algunas de estas naciones poderosas buscan soluciones humanitarias, otras optan por el cierre irrestricto de fronteras, endureciendo sus mecanismos de seguridad y al final olvidando que todos somos iguales, más allá del eventual lugar donde nacimos. No se han dado cuenta que la diversidad es vitalidad.

El tema viene al caso por la interesante composición de las selecciones participantes, en las que muchos migrantes o hijos de migrantes forman parte esencial de su alineación. El fútbol se ha convertido en una alternativa para que jugadores de diferente origen puedan desarrollar una carrera, no solo a estos niveles, sino incluso en las divisiones inferiores de las ligas europeas y en la estadounidense/canadiense. Claro que son los menos y las historias de quienes lo intentan pero no lo logran, casi como única oportunidad para permanecer en determinado país, siguen siendo más frecuentes y constituyéndose como una fuerte llamada de atención para la frágil convivencia global.

Por ejemplo, la presencia de jugadores de origen africano en las ligas y selecciones europeas ha ido en aumento durante los últimos 25 años: si antes parecía que el representativo nacional debía estar conformado por futbolistas exclusivamente nacidos en el territorio nacional y del determinado origen racial predominante, hoy podemos apreciar que tanto en la selección belga como en la inglesa, alinean jugadores del continente primigenio, ya no digamos en la francesa, en su momento más brillante conformada por algunos elementos de origen árabe. Croacia en este sentido puede ser la excepción, en particular porque no es un país a donde los migrantes recurran con tanta asiduidad. Los ignorantes que creen en las razas superiores se dan de topes.

Un caso reciente es la situación de los jugadores sirios, que ante la crisis experimentada en su nación, algunos buscaron llegar a Europa para poder continuar con su carrera, viviendo difíciles experiencias en los pasos fronterizos. Sucede igual con jóvenes que salen de África o América Central cuya única salida pareciera ser aprovechar su capacidad física para el deporte, situación que se presta a abusos de intermediarios, contratistas y demás figuras que suelen explotar la necesidad ajena en beneficio propio. De ahí que llame la atención que a pesar del potencial de los niños de otras latitudes, al final sigan predominando los equipos europeos o sudamericanos de tradición en el fútbol de élite: las estructuras deportivas son determinantes para el desarrollo del talento nato.

Otro ejemplo de las dificultades para los migrantes es la llamada Sentencia Bosman, que tuvo uno de sus efectos en la distinción y discriminación de jugadores comunitarios y no comunitarios, cuyas plazas están limitadas: el efecto podría haber sido la nacionalización de algunos migrantes o bien la disminución en sus contrataciones: un buen análisis deportivo, migratorio y cultural se puede revisar en el texto de Sandra Gil Araújo, incluido en el muy recomendable volumen Offside/Fuera de lugar. Futbol y migraciones en el mundo contemporáneo (2012), de Alonso Meneses y Escala Rabadán (coords.) y editado por El Colegio de la Frontera Norte; organizado en 10 capítulos, se revisan factores relacionados con los países receptores, la oportunidad que representa el fútbol como vía para resarcir los tejidos sociales y las dificultades de los migrantes-futbolistas.

El fútbol se vuelve fiel reflejo de las sociedad contemporáneas: multiculturales en formas y estilos, heterogéneas e inciertas, transitando entre el mercantilismo y el bien cultural como factor de integración y, por supuesto, como actividad inserta en las grandes transformaciones sociales, laborales y económicas que vamos experimentando. Ojalá sea el último reducto de los nacionalismos a ultranza que más bien diriman sus diferencias en un terreno de juego, de manera lúdica y festiva, y no en un campo de batalla en el que nadie gana y todos perdemos. Ahí quedan las manifestaciones políticas, ya sancionadas por la FIFA, de los jugadores suizos de origen albanés y de Vida, el defensa croata, a favor de Ucrania, que le costó la expulsión a Vukojevic, ex jugador y parte de la delegación del cuadro balcánico.

 

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