Los torneos veraniegos de futbol [y VI]

"...va siendo momento de repensar, por el bien de todos y en especial de los aficionados, en realizar un solo certamen cada cuatro años con las naciones del continente, tal como se aproximó en el 2016 cuando se celebró el centenario del torneo más añejo del mundo..."

Selección Mexicana
Selección Mexicana
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Para cerrar el recuento pambolero durante estos tiempos calurosos, retomamos el cierre de la Copa Oro en donde se dio la final esperada y el triunfador favorecido por las probabilidades, mostrando un fútbol sin mucha brillantez y poco elusivo, similar a lo que sucedió en la Copa América: va siendo momento de repensar, por el bien de todos y en especial de los aficionados, en realizar un solo certamen cada cuatro años con las naciones del continente, tal como se aproximó en el 2016 cuando se celebró el centenario del torneo de naciones más añejo del mundo.

El camino a la final

Los favoritos dejaron muchas dudas sembradas en el campo con sus respectivos desempeños ante los cuadros antillanos: tanto México como Estados Unidos brindaron una pobre exhibición y ganaron con apuros a haitianos y jamaicanos respectivamente, que en el papel no lucían muy peligrosos, a pesar de constituirse como las dos revelaciones del certamen por superar las expectativas puestas sobre ellos. Por lo que respecta al partido entre a las selecciones mexicana y haitiana, el desarrollo en general fue de más lucha que emociones y con más fuerza que habilidad, dando por resultado escasas notas para escribir a casa.

A pesar de tener la pelota la mayor parte del tiempo, México no tuvo puntería, como lo muestran los 27 disparos desviados y apenas cinco a puerta, ni un juego fluido que generara peligro consistente frente a la puerta de los haitianos, dedicados más a defenderse y lanzar contragolpes de vez en vez: tuvieron su par de oportunidades pero tampoco andaban con mucho tino. Tuvo que ser hasta el complemento cuando llegara el gol anotado por Jiménez desde los once pasos, tras una marcación dudosa por parte del árbitro; todavía al final los caribeños dejaron una pelota en la horquilla que sacudió la frágil ventaja mexicana.

Los estadounidenses se fueron arriba con anotación de McKennie antes de los diez minutos, coronando un buen arranque que se fue diluyendo después de la interrupción por tormenta eléctrica, en tanto Jamaica creció ligeramente en presencia y juego tras desaparecer los rayos y centellas, sin lograr dominar pero sí generando alguna oportunidad para empatar. Al iniciar la segunda parte, apareció la gran figura de Pulisic para clavar el segundo tanto, volviendo la tranquilidad al cuadro local que se volvió a ver amenazada con el gol de Nicholson a poco más de veinte minutos del final: hubo momentos de angustia pero el segundo en la cuenta de Pulisic y tercero para su equipo, cerraron cualquier posibilidad de sorpresa.

El destino

En el campo del soldado de Chicago, los primeros minutos fueron para la selección de los Estados Unidos, llegando con alta peligrosidad al menos en dos ocasiones a la puerta de México, descontrolado y sin poder hilar el juego esperado. Poco a poco el partido se fue equilibrando para entrar en una zona de aparente conformismo por parte de ambas escuadras, como dejándole al tiempo la responsabilidad de romper el equilibrio: alguna llegada con peligro por parte de Guardado, luchón como si fuera novato, y cierta sensación de riesgo cortesía de los locales provocada por cierto desconcierto de la zaga tricolor.

Para la segunda mitad, México empezó a volverse controlador de las acciones incrementando el volumen de llegada al marco de enfrente comandados por Pizarro, en tanto el cuadro estadounidense se empezaba a ver rebasado y sin poder entender los momentos del partido: varios de sus jugadores clave desaparecían y solo se sostenían por el esfuerzo de los correlones y marcadores que todavía metían el cuerpo. Tras varias opciones, por fin apareció Dos Santos para empalmar con gran técnica, acomodando el cuerpo en extraña contorsión, un servicio de taquito en corto de Jiménez y colocar la pelota en el parte baja del travesaño para que se incrustara en la red. Corría el minuto 73.

Con buena disposición, los mexicanos no bajaron la guardia y trataron de mantener la presión alta, si bien ya cerca del final se fueron echando hacia atrás por los embates de los estadounidenses, que todavía tuvieron un par de llegadas con peligro que pudieron acabar en la portería de Ochoa, otra vez comportándose a la altura en un partido donde equivocadamente no se vieron tarjetas a pesar de merecerlas varios jugadores. Al final ganó quien más lo merecía y, con sus altibajos, el equipo que a lo largo del torneo mantuvo el desempeño más equilibrado: sí para festejar pero sin echar campanas al terreno de juego.

Martino, como buen técnico que es, sabrá detectar áreas de mejora sin dejar de celebrar, y resolver de paso las múltiples aristas que rodean a esta selección: los “europeos”, la comercialización, los dueños de los equipos, las televisoras, la escasa oportunidad que los equipos dan para que jóvenes vayan fogueándose, los técnicos de primera división, el trabajo de fuerzas básicas y, ahora, otra vez la reducida oportunidad para competir ante rivales de una mayor jerarquía que puedan servir como termómetro que permita medir el nivel real de juego en el que estamos.

 

 

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