Ir por Las Joyas • Médicos (y) militares • Llegó la reina

Ir por Las Joyas • Médicos (y) militares • Llegó la reina

Ir por Las Joyas

El secretario de Desarrollo Social y Humano del gobierno de Guanajuato, Éctor Jaime Ramírez Barba, ofreció algunos números reveladores que son parte de la radiografía que hizo la dependencia a su cargo a Las Joyas, adonde hará poco más de 25 años llegó un puñado de precaristas desesperados, a los que encabezó Manuel Mancilla, y levantaron sus viviendas de lámina y cartón.

La zona de Las Joyas la integran ahora 27 colonias en las que viven más de 77 mil personas, el 17 por ciento de ellas en pobreza extrema. Miles y miles con derecho a voto y credencial de elector.

El diagnóstico que levantó la Sedeshu confirma que en la zona de Las Joyas la pasan muy mal y en algunas de sus colonias, peor: en Rizos de Las Joyas, son altos el nivel de analfabetismo y el rezago de la vivienda.

Citar la ausencia de seguridad jurídica en la tenencia de la tierra es humor negro.

Esta vez, Éctor Jaime concede que los gobiernos del estado y el municipio van juntos en la lucha por tumbar los índices de marginación: pronto se levantará ahí, por ejemplo, una primera nave industrial, y ya se capacitaron algunas personas en electricidad y albañilería, cursos en esos y otros oficios, que continuarán.

En Las Joyas, estuvo también la presidenta municipal de León, Bárbara Botello. Coincidieron en la inauguración de la escuela “Pro Niño Leonés”, que promovió la fundación que lleva ese nombre y que preside Luz Marcela Vera, una dama con una larguísima trayectoria de trabajo social desde la vida privada.

En esa escuela, en la colonia Balcones de Las Joyas, atenderán por primera vez a 60 muchachos del rumbo en el nivel de secundaria.

La fundación agradeció a Bárbara Botello el donativo de 580 mil pesos que su administración les hizo. No habían recibido dinero público en toda su historia: 44 años, nada más.

Bárbara siguió el camino del apoyo a una acción privada y a Éctor lo llevaron los alcances de su agenda “Impulso” -o el “impulso” de su agenda-, pero ambos fueron a lo suyo: a regar la siembra.

médicos (y) militares

La reportera Verónica Espinosa, corresponsal en Guanajuato de la revista Proceso, publica una historia que escuece, la de un joven irapuatense que denuncia los abusos a los que lo sometieron en la Escuela Médico-Militar de la Secretaría de la Defensa Nacional, y que lo dejaron con trastornos mayores.

Alfredo Segura Lagunas se inscribió ahí el año pasado. Abusaron de él incluso sexualmente. Los recién llegados son golpeados con palas y han de pagar derecho de piso. Al menos en una ocasión, fue encañonado. Estos últimos hechos constan en su denuncia ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

Fueron ocho meses los que Alfredo Segura fue víctima de abusos. Por miedo, no habló antes. Su madre habló con el director del plantel militar. Le dijeron que “a los muchachos se les pasó un poquito la mano”. Son meras “novatadas”.

A partir de ese día, Alfredo lo pasó todavía peor: a los golpes, siguieron las amenazas de muerte a él y a su madre. Firmaron la baja definitiva.

Lo anterior sería una apretada síntesis del relato de la compañera. La historia dibuja ángulos delirantes, más allá del intercambio de balas en la violencia cotidiana que campea en México.

El que recuperamos no es siquiera un episodio de soldados. Son todavía estudiantes de medicina en una escuela militar, una posición de privilegio a los ojos de la población, antes de hacer pasar por policías a las mujeres y a los hombres del Ejército mexicano.

Esa institución, que pronto tendría una base en León, según anunció a finales de mayo la alcaldesa Bárbara Botello, al respaldar la solicitud de un terreno que hizo la Secretaría de la Defensa Nacional para establecer en León un cuartel para un batallón de infantería de 600 soldados.

Entonces, el general Jaime Godínez Ruiz explicó que sería una extensión de la XVI zona militar: por la importancia que tiene León y porque es un lugar estratégico y para mantener la seguridad en el municipio.

Nada más se ha informado desde entonces; las noticias que llegan son otras.

Llegó la reina

Ahora sí, ya está de vuelta en México Sandra Ávila Beltrán, “la Reina del Pacífico”. La trajeron en vuelo comercial, de Texas al aeropuerto internacional de la ciudad de México. Deportada por los estadounidenses, a su llegada la detuvieron los efectivos de la PGR y se la llevaron al penal federal de El Rincón, en Tepic, Nayarit.

Ávila Beltrán fue sentenciada a una pena de 70 meses de cárcel, impuesta por un juez federal de Miami, que la consideró cumplida al transcurrir cinco años presa en México y uno en Estados Unidos.

“La Reina del Pacífico”, detenida aquí en León, había sido extraditada en agosto de 2012. Se le declaró culpable del delito de asistencia económica a su novio, el colombiano Juan Diego Espinosa Ramírez, “el Tigre”, uno de los enlaces del cártel de Sinaloa con el colombiano del Norte del Valle.

Sandra aún cuenta con un proceso pendiente en México por operaciones con recursos de procedencia ilícita, y por eso fue puesta a disposición de un juez federal.

Una historia de vida como la de su par “La Reina del Sur”, que luego se hacen corrido y hasta novela de autor español y todo, ¿no?

La Jaula

A los policías ministeriales les dijeron que dos vehículos robados, un Atos, verde, y un Polo, blanco, habían sido vistos en el estacionamiento de una de las tiendas Walmart, en el sur de la ciudad. Hacia allá fueron los primeros efectivos.

Descendieron de su unidad y atisbaron durante un buen rato entre los vehículos en el estacionamiento. Nada. Regresaron al suyo. Les habían robado los fusiles R-15. Ahora, a buscar los autos y las armas…

En Walmart, los martes son de ofertas. Creo.

Comentarios y quejas: tigres de papel1@gmail.com y @FPacomares.

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