Tigres de Papel • La reflexión • Francisco Javier Mares

“Acá, en menos de dos décadas, el PAN ya era el PRI…”

Tigres de Papel viernes 04 de junio
Tigres de Papel
Tigres de Papel • La reflexión • Francisco Javier Mares


El espectáculo a dos pistas que son las elecciones 2021 propone a los guanajuatenses un par de ecuaciones políticas a resolver.

En el escenario federal, la opción de arrojar obstáculos a la marcha de la aplanadora de Morena que avasalla a sus opositores desde el 2018; o, en lo que toca, librar de abrojos las curules de la Cámara de Diputados, para allanar la vía jurídica y presupuestal a la 4-T.

Y en la carpa local, atemperar el dominio panista que dura ya 30 años; o bien, aceitar la maquinaria blanquiazul y, entregadas las llaves años ha, escriturarles de una buena vez el reino.

Sobre ello hay que pensar en estas horas del señor.

Las campañas concluyeron a la media noche del miércoles. En ese instante inició eso que dan en llamar 'el periodo de veda o reflexión' que concluye hasta el cierre de las casillas, en la tarde del domingo de la jornada electoral.

En el paréntesis se suspende toda propaganda en medios de comunicación impresos, radio y televisión 'para que los ciudadanos puedan reflexionar sobre el sentido de su voto' —en el entendido de que no tienen cosas más importantes qué hacer, claro.

“A las y los candidatos, partidos, ciudadanía, funcionarios públicos y medios de comunicación se les prohíbe la propaganda o proselitismo por cualquier medio, la publicación de resultados de encuestas y sondeos sobre preferencias electorales, difusión de informes de labores y cualquier tipo de propaganda gubernamental”. Etc., etc, etc. La veda electoral se sustenta en el Artículo 41 de la Constitución federal y en los artículos 210 y 213 de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales —informa nuestro sacrosanto INE.

Primero, lo segundo.

En la elección anterior, 2018, el Partido (de) Acción Nacional ganó la gubernatura de Guanajuato con la candidatura de Diego Rodríguez; se quedó con 25 de las 46 Alcaldías del estado; y acaparó 19 de las 36 diputaciones locales, todas ganadas bajo el principio de Mayoría relativa.

Poco o nada, si acaso en las formas, no en el fondo, podría diferenciar al ejercicio del poder que hace el Partido (de) Acción Nacional en el estado de Guanajuato, al despliegue de Andrés Manuel Lopez Obrador al frente del gobierno federal —como antes lo hicieron ahí los priistas y los panistas.

Acá, en menos de dos décadas, el PAN ya era el PRI.

Lo primero y más grave fue apuntalar la preeminencia del Ejecutivo sobre la autonomía de los poderes Legislativo y Judicial. El cuento de la División de Poderes. Si como enseña la lógica 'lo evidente no necesita demostración', nos ahorramos los detalles, incontables y más penosos cada tanto.

En caso de que los adelantos políticos prevalezcan y los encuestólogos acierten, el arribo del panista de cuna Luis Ernesto Ayala Torres a la cabeza del Congreso de Guanajuato, abriría una oportunidad cierta de resarcir del daño. Luis Ernesto —sus dos escalas recientes, más bien inciertas-, ya en alguna ocasión prefirió renunciar a la secretaría de la Gestión Pública, antes que validar la corrupción en el sexenio de Juan Manuel Oliva. De confirmarse, en su nuevo encargo tendría ocasión de rescatar del entreguismo al Congreso del Estado. Independencia no es pleito. 

Por ahora, en el caso del Poder Judicial no parece que haya mucho que hacer.

En los municipios, la dominación panista se mantiene a lo largo de los años con oscilaciones breves, imperceptibles casi. En el proceso electoral en curso, el morbo corre a cargo del crecimiento —o no- de los alcances de Morena. El encanto parece haberse esfumado en la selección de sus candidatos. Sus procesos internos los encaminarían hacia el fracaso más rotundo que sólo evitaría una sorpresa mayor en las urnas. En este apartado el asunto no tiene misterio: las apuestas políticas apuntan a la elección de 2024. Las presidencias municipales del corredor industrial son sus oscuros objetos del deseo.

El caso paradigmático es el de León, donde Morena optó por necear con la candidatura del exalcalde panista Francisco Ricardo Sheffield Padilla. Ricardo ya fue su candidato a gobernador de Guanajuato en 2018. Obvio, perdió 1-2 con Diego Rodríguez —PAN 49.83% y Morena 24.31% de los votos-, y nada apunta a que en la elección de la ciudad más poblada del estado ocurra algo diferente esta vez —a menos que sea para peor– en el proyecto morenista.

En paralelo, la reyerta por las diputaciones federales tiene que ver con lo otro, el reto de frenar a la 4T. En Guanajuato el PAN tiene 12 de las 15 diputaciones de mayoría relativa; las otras tres son de Morena, MC y PVEM. Los partidos chiquitos se reparten cuatro más de representación proporcional. La representación guanajuatense azul en la cámara baja del Congreso de la Unión no tiene mayor brillo, pese al liderazgo —o por lo mismo- del exgobernador Juan Carlos Romero Hicks en el grupo parlamentario de Acción Nacional.

Si la coalición Va por México —que hermana al PAN al PRI y al PRD– fracasa, de manera señalada en la renovación de la Cámara de diputados y de las 15 gubernaturas en juego, la 4T de AMLO tendría manga ancha en su avance rumbo al 2024, las reformas constitucionales... y su permanencia en el poder.

El momento Guanajuato

El proceso electoral 2020-2021 no alcanza al estado de Guanajuato en su mejor momento.

Atrás queda el lapso de la prosperidad de escaparate que protagonizaron las armadoras de vehículos, iniciado por Juan Manuel Oliva —muy antes con la atracción de la 'General Motors', todavía en el gobierno priista de Rafael Corrales Ayala-, que a regañadientes entendió y adoptó el gobernador Miguel Márquez y continúa Diego Rodríguez.

Hoy Guanajuato es abatido por la violencia del crimen organizado —incluida su variante de violencia política-; el saldo rojo que trajo consigo la pandemia del covid-19; y la economía desastrada a consecuencia del cierre de colegios, fábricas y negocios, y la pérdida de empleo en los municipios del estado.

Esa, no otra, es la realidad que enfrentan los políticos, sus partidos y el electorado dispuesto a ir a las casillas o predispuesto a la abstención.

Los indicadores federales, los observadores independientes y la prensa extranjera nos lo han dicho una y otra vez: la violencia en Guanajuato supera estándares internacionales.

En las cifras sobre el homicidio doloso del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, SESNSP, en 2020 se cometieron 4 mil 510 en el estado. Se traducirían en 73.13 víctimas por cada 100 mil habitantes. En el mundo, el país más violento —a 2018, última referencia oficial- fue El Salvador, que ubicó su tasa en 52 homicidios por cada 100 mil habitantes —y en Guanajuato habría que agregar oficialmente en este 2021, el horror de los feminicidios y los desaparecidos y las fosas clandestinas y... Así.

La epidemia de covid-19 superó la cifra de 11 mil muertos en el estado de Guanajuato. El pronóstico local original —al modo de López-Gatell en lo federal- fue de 800 decesos. Con la amenaza sin extinguir, el estado y la ciudad de León, en lo particular, anuncian ya conciertos y ferias —abiertas las puertas del palenque.

En el cuarto trimestre de 2020, la población desocupada en busca de empleo en la entidad fue del 5.3% del total de la Población Económicamente Activa, PEA, un 2% superior al mismo periodo de 2019, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, del INEGI, en la estadística del desempleo que se abre paso entre los discursos.

La hora de la reflexión obliga a echar un vistazo al contexto.


 

(A) La Jaula
La asepsia.

Votar. La autoridad lo imagina así. El elector con cubrebocas alcanza la casilla y espera en la fila, señalizada con sana distancia. Lo reciben a la entrada, le colocan gel antibacterial y toma una toalla desinfectante. Le muestran el cartel con las indicaciones a seguir durante su estancia. Limpiará toda superficie que toque y el cancel y el marcador de boletas. Coloca sobre la mesa su credencial de elector y sólo él la toca. Le entregan la boleta electoral. Pasa al cancel de votación sin cortinilla —para mayor ventilación y reducir superficies de contacto-. Un escrutador auxilia en el flujo del electorado. El elector desecha la toallita en el depósito de basura destinado para tal fin. Sin tocar su mano aplican la tinta indeleble. Le proporcionan gel antibacterial. El elector coloca su credencial en la punta de la marcadora. Más gel antibacterial al salir por una puerta alterna para no encontrar de frente a otro ciudadano. El buen Mauricio Guzmán, presidente del IEEG, dice que “en la casilla ningún elector se va a infectar porque están dadas todas las medidas sanitarias para que eso no suceda...” Hombre, ni Gatell se atrevió a tanto. Cosa de checar 'aquihoras' se acabaron 'las toallitas'. Y el gel. En fin.


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