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12:36h. Jueves, 19 de Julio de 2018

Antes de elegir a tu futuro presidente

“Más que un nuevo presidente, un nuevo partido o una nueva ideología durante los próximos seis años, lo que este país requiere es que, a partir de hoy, sus ciudadanos se preocupen y ocupen de formar un buen criterio que los lleve a tomar buenas decisiones…”

Entre el candidato autoproclamado, el destapado, los "independientes" y el eterno insistente, se ha desatado ya, cuasi- oficialmente, la carrera electoral. Y junto con esto, todo lo que ello implica. El hiper bombardeo mediático, la presentación tentativa de propuestas y proyectos, más adelante los debates y en pocas palabras, el conjunto de actividades llevadas a cabo para promover o desalentar expresamente la captación del voto a favor o en contra de los candidatos oficializado a cargos públicos electivos nacionales. 
Y aprovechando que esto ya se puso en boca, oídos y ojos de todos (porque la mayor parte de la población no se ocupa de temas políticos más que cada seis años), he de aprovechar para compartirles una reflexión, la cual, son ustedes libres de tomar en cuenta o desacreditar. 
Si tú eres uno de los que aboga por la democracia y cree que tiene el derecho de tomar parte en las decisiones que se toman en el país, como lo es una elección nacional, has de saber que ser partidario y partícipe de la democracia conlleva fuertes responsabilidades, aunque nuestro sistema actual no nos deje verlo de esa manera. 
Más que un nuevo presidente, un nuevo partido o una nueva ideología durante los próximos seis años, lo que este país requiere es que, a partir de hoy, sus ciudadanos se preocupen y ocupen de formar un buen criterio que los lleve a tomar buenas decisiones. Este país no sólo ha tenido ya suficiente de políticos corruptos, demagogos, avaros y desinteresados. También sufre las graves consecuencias de la pobre politización y educación de sus ciudadanos. Hemos demostrado ser el blanco perfecto de las manipulaciones y las estrategias de campaña, y eso debe parar. 
Aunque desarrollar un voto realmente informado es más difícil de lo que puede parecer, y exige no sólo opinión, sino también conocimiento, es menester hacer nuestro mejor esfuerzo. 
Es preocupante que al día de hoy ya haya personas que estén casadas con la idea de un candidato. Quienes ya se pronuncian unánimemente a favor de un partido o candidato, deben abrirse a cambiar de opinión, o mínimo darle el beneficio de la duda a su elección y sujetarla a algunos cambios. 
Es difícil pensar que con ver la cara, trayectoria y/o títulos académicos de un candidato, uno ya tiene una decisión informada. Y suele suceder, sobre todo, entre aquellas personas que no suelen inmiscuirse mucho en la política. A aquellos, me gustaría recomendarles una serie de cosas. 
Todavía falta mucho por conocer y hay aun varias cuestiones dentro de esta carrera electoral que están por decidirse. 
Es importante que pongamos ojo, antes que nada, en las propuestas. El candidato ¿sólo propone, o explica el cómo? ¿La propuesta que presenta, es viable? ¿A quiénes beneficia tal propuesta? ¿Te encuentras tú en el grupo de los beneficiados? ¿La propuesta está aterrizada en la realidad nacional y es alcanzable, dados nuestros recursos y regulaciones? Y aún más importante que lo anterior: ¿qué mecanismo propone para dar cumplimiento y seguimiento a dichas propuestas? O al menos, ¿propone algún mecanismo? Porque recordemos que es muy sencillo proponer y presentarlo para impresionar, pero con aún más facilidad se descarta una propuesta que no es viable, y de demagogia hemos tenido ya demasiado. Lo hemos visto en todos los gobiernos del mundo. No hay qué dejarnos engañar. 
Por otro lado, es de suma importancia también enterarse de las personas que rodean a dicho candidato. A quiénes tiene pensado poner en su gabinete, y en qué área. Porque hemos de recordar también que, aunque infortunadamente en nuestro país le atribuimos todo al presidente, las piezas clave se encuentran (además de los poderes Legislativo y Judicial) dentro del gabinete. 
Asimismo, hay qué investigar sobre sus antiguas administraciones. En caso de que dicho candidato haya ya estado a cargo de alguna dependencia, institución, estado o localidad, debemos indagar sobre los cambios que logró, las áreas productivas o sociales que se beneficiaron o, por el contrario, se afectaron. Así como si tuvo problemas con endeudamientos, desvío de recursos o actividades ilícitas. Y si realmente hizo algo relevante por la sociedad, ya que, de no haber logrado un cambió local o institucional, mucho menos hará uno de impacto nacional. 
En cuanto a los medios de comunicación, hay qué andarse con mucho cuidado: gran parte de ellos no fueron creados con la intención de formar criterio, sino de manipularlo. La libertad de expresión y de prensa que tenemos hoy en día, suele confundirnos más que informarnos. Una gran parte de los medios hace un eco unánime hacia un candidato determinado, mientras que otra gran parte lo desvirtúa. Alejémonos de aquellos medios extremistas que sólo se encargan de vanagloriar a uno o desacreditar a otro. No hay qué ser sólo críticos con los medios amarillistas, sino también con aquellos que gozan de reputación y ensalzan las características de algún candidato en específico. 
Para alejarse de la opinión manipulada por los medios, uno debe hacer su investigación "aparte", desde los puntos ya mencionados hasta dar lectura a las publicaciones académicas que existan, o (si existen) de dichos candidatos, así como esperar a que lleguen los debates. Será ahí, y con base en sus antiguas administraciones, que podremos perfilarnos a favor o en contra, una vez que hayamos determinado si dicha persona piensa como nosotros, o beneficia las áreas en las que laboramos o nos desarrollamos. 
Por supuesto, también hay qué poner los ojos sobre el partido o la "descendencia" del candidato. Muchas veces el candidato es sólo el títere que efectuará los mandatos de un partido, y para esto hay que conocer a éstos un poco más que en su superficie. Es preciso identificar los vicios en que caen los partidos en su manera de seleccionar a su candidato, ya que es probable que su administración interna sea un reflejo de lo que sucederá más adelante con el país. Hay ciertos partidos que tienen ya sus "hábitos" de selección y ejecución. Y si no han funcionado antes, no funcionarán ahora. Conocer la historia es una parte sumamente importante de informarse para efectuar un voto informado y verdaderamente útil.
No dejes que los medios, las propuestas maravillosas, la cara o los títulos académicos de un candidato, te impresionen y guíen tu voto, pues nada de esto te garantiza que estés votando precisamente por una persona que actúe conforme a tus intereses, ni mucho menos te asegura que dicha persona sea ética, o que actúe obedeciendo a sus propias ideas. 
En México no estamos aptos para equivocarnos abruptamente una vez más. No estamos para encasillarnos en un mismo partido, o en un mismo candidato. Hemos de demostrar que vale la pena tener voz y voto, que no olvidamos, que podemos merecer un gobierno mejor, que nos denominamos partidarios de la democracia porque la ejercemos, y eso no se va a lograr si seguimos dando pie a las mismas costumbres. No te jactes de haber tomado una buena decisión si no te diste el tiempo de formar tu propio criterio, acorde con tus propios intereses.
No vendas, no comprometas, no adelantes tu voto. Piensa, pregunta, infórmate.