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09:50h. Miércoles, 22 de Noviembre de 2017

Mexicanos haciendo política

A lo que hiciste esta semana, querido mexicano, se le llama hacer política. Y responde a los fines esenciales de la creación de un Estado con una forma de gobierno y administración determinadas…

Para iniciar con este artículo me posiciono en el contexto actual. Ya muy conocido y difundido por los medios. En México se presentaron, a lo largo de un periodo corto de tiempo, una serie de sismos que no sólo movieron la tierra, sino que nos movieron el alma y los ánimos de hacer algo por este país. Esos ánimos que alguna vez fueron perezosos, que se escondieron debajo de nuestro interés propio. Se nos despertó la empatía, la solidaridad y el amor. Se desvanecieron los juicios morales, políticos, sexuales y religiosos. Nos dimos la mano, trabajamos y nos organizamos. Con un solo fin: hacer del tiempo y espacio actuales, una realidad en donde los beneficios y la prosperidad puedan alcanzar hasta los más ínfimos recovecos de nuestra sociedad y territorio.

No es mi objetivo presentarte el día de hoy, mexicano, un discurso motivador. Ni plasmar una serie de palabras bien acomodadas mediante las cuales pueda despertar en ti un sentimiento que derive en la perpetuidad y permanencia de tu participación en este esfuerzo colectivo. Sino, más que nada, abrir tus ojos y presentarte la realidad de lo que en esta semana ya lograste. Para que así, basado ya en la consciencia de tu condición como persona y ciudadano, puedas seguir enfocando tus acciones al provecho de la comunidad y darte cuenta de que la tragedia puede hoy significar un nuevo despertar.

A lo que hiciste esta semana, querido mexicano, se le llama hacer política. Y responde a los fines esenciales de la creación de un Estado con una forma de gobierno y administración determinadas.

A partir del diecinueve de septiembre del dos mil diecisiete, ningún integrante de la sociedad civil mexicana puede autoproclamarse como "apolítico" sin caer en una terrible contradicción, y me gustaría explicarte por qué.

Aquel que aclama no mostrar interés por los asuntos políticos en su totalidad, suele pensar que la política se compone únicamente de partidos, estrategias de campaña, procesos electorales, creación de instituciones, y personas en el poder. Cuando la realidad es que la política nos abarca a todos nosotros y los quehaceres de nuestro día a día. Cualquier cosa que se haga en política tiene una repercusión notable en la vida de los ciudadanos y cualquier actitud pasiva o activa de los éstos, influye decisivamente en su realidad.

En cuanto a nuestro sistema político, pudimos darnos cuenta de cuánto pesa la corrupción cuando ésta se traduce a consecuencias efectivas. Una persona decidió otorgar permisos de construcción ilícitos a la escuela Rébsamen; consecuencia de su acto, muchos niños murieron. A otra persona le pareció sencillo detener y desviar los víveres en camino a Morelos para utilizarlos con fines partidistas; como consecuencia, hay personas sufriendo de hambre, sed y cobijo. Al medio televisivo más influyente le fue sencillo dar seguimiento a una historia sin tener pruebas ni argumentos; como consecuencia, se disparó exponencialmente la desconfianza e incredulidad ante los medio de difusión masiva. Los políticos no se han puesto las botas y el casco como tú, sino que se sacan fotos con los donativos producto de tu esfuerzo. Hay gente bajo los escombros y sobre ellos, viviendo un estado de desamparo y desesperanza, y al voltear a ver al que debería ser tu líder, te das cuenta que no sólo no hace lo que tú, sino que lo entorpece. Y esto te da rabia.

Si este o cualquier otro acto de corrupción te enrabieta, te indigna, te enfurece, te hace sentir impotente y te hace cuestionar la eficacia e intenciones de tus dirigentes y sus capacidades, entonces no eres apolítico. Sino todo lo contrario.

Por otro lado, si a ti no te lastima y no te mueve la desgracia ajena, no es que seas apolítico, sino que eres egoísta e insensible.

Pero esta semana tú hiciste lo que los políticos, víctimas de su vanagloria y avaricia, no pudieron hacer. Y no sólo eso, sino que retomaste el significado y objetivos más antiguos sobre el quehacer de la política y la sociedad civil. Buscaste la mejor forma de organización, la mejor forma de distribuir los recursos colectivos con los que se contaba, decidiste a qué líderes creerles y a cuáles no. Movido por el dolor, te ocupaste de formar un criterio, ya que no hacerlo podría costarle la vida a alguien. Hiciste correcto uso de tus herramientas reales y virtuales para materializar tus intenciones. Dejaste de lado el protagonismo y apostaste por la prosperidad. Sin darte cuenta, formaste enormes organizaciones de participación ciudadana. Te atreviste a exigirle a tu representante, a verlo hombro a hombro y no sobre el pedestal. Se te quitó la vergüenza de llenar las redes sociales con "spam" sobre la misma situación, porque te diste cuenta de que por alguna razón, el cambio en ese momento podías hacerlo precisamente tú. Te saliste de la cama, de la oficina y del sillón, porque la tierra así te lo demandó. Pero estando ahí afuera te percataste de la realidad que aqueja a todo tu entorno, y Del verdadero valor de la acción. De involucrarte. En mente, cuerpo y corazón.

Platón, Aristóteles, Polibio, Maquiavelo y todos aquellos, no se rompían la cabeza en vano cuando discutían cuál sería la mejor forma de gobierno. Esto era importante, ya que en el estado de naturaleza no existía tal forma de organización. Era necesario establecer una forma de gobierno que evitara roces entre los ciudadanos, que diera a cada uno lo justo, que abogara por el bien común, y que de esta manera pudieran las ciudades progresar, mediante la coordinación de esfuerzos colectivos y la dirigencia de algunos. Y tú te diste cuenta de esta necesidad. Tomaste ese papel. Aunque no tuviste que escribirlo ni decretarlo con tinta y papel, asumiste algo a lo que se le llama "actitud política": se te fue la indiferencia y llegó el interés.

Mexicano, déjame decirte que, así como resolviste este asunto, pueden resolverse todos los demás. Actuando activa y proactivamente desde tu área y en función de un beneficio para contigo y tu vecino. Que no eres apolítico, eres consciente y tienes poder. Hoy puedes darte cuenta de que existen cosas más allá de ti mismo, y si el Estado fallido mexicano y el sistema político podrido de tu país no te representan, entonces tú has de ser el que debe representarse a sí mismo. En la calle, en las redes, en las marchas, en los gritos y nunca desde los silencios. Todos los escándalos que giran en torno a la situación del sismo, no son más que una analogía de lo que pasa día con día en nuestro país, en todos los aspectos. Siéntete contento de haberte dado cuenta ahora.

Que no te callen, mexicano, si eres lo suficientemente astuto, el poder que acabas de tomar, no te lo podrán quitar.