Jaime Panqueva
09:50
11/04/20

50 millardos

"Aplaudo que el gobierno rechace el esquema de socializar pérdidas y privatizar utilidades…”

En este día "n" de la cuarentena no sé qué, me ha costado más trabajo aguantar, si recibir decenas de mensajes de amigos que quieren salvarme la vida mediante el consumo alimentos alcalinos, el uso de mascarillas importadas carísimas o, a través del rezo a lo más alto de los cielos. O leer las miriadas de invectivas en contra del gobierno por su ineficacia, tacañería, mentira y traición, que por fortuna no me conminan, como debiera ser y como se hacía en otros tiempos, a tomar las armas para ir a prenderle fuego al Palacio Nacional, sino a “manifestarme por la vía electrónica”, enviando la misma bazofia a un número determinado de contactos. Como medida de salud mental, he decidido silenciar varios de los grupos de celular y revisarlos lo menos posible. Algo que recomiendo a cualquiera que lea estas líneas.

Tengo la impresión de que nuestra vida digitalizada afecta de forma absurda el sentido común, y en particular nuestro vínculo con la realidad tangible y la naturaleza. Por una parte, las alarmas de la irrupción del coronavirus desataron en la gente una reacción desmedida, porque muchos consideran que los virus se propagan como las descargas de apps, y que en cosa de dos días México estaría contagiado y colapsando, con millones de personas abarrotando los hospitales. Que no se ofenda Susana Distancia, es muy útil, pero tanto el encierro indiscriminado como la clausura de lo supuestamente “No indispensable” me siguen pareciendo exagerados, y han dado pie para abusos de las autoridades, no sólo aquí sino en diversas partes del mundo. Cerrar todo un país, en vez de enseñarle a usar cubrebocas, fomentar la higiene y usar tecnologías para rastrear huéspedes y hacer cierres más selectivos e inteligentes, lo terminaremos pagando todos.

No sé si estos días, bombardeados de cifras que avanzan a cuentagotas, sirvan para pensar que la reacción ha sido exagerada, y tal vez muchos empiecen a darse cuenta de las consecuencias que puede traer la escasez de bienes y de dinero en las manos de muchos. El miedo no dura de forma indefinida.

Y mientras muchos apocalípticos siguen proclamando el colapso del firmamento, y la necesidad de endeudarse con los mismos de siempre para ayudar a los mismos siempre, para mí fue un bálsamo escuchar de una carta que reclama 50 millardos de pesos a 15 personas y entidades favorecidas por la tradicional economía de cuates. Aplaudo que el gobierno rechace el esquema de socializar pérdidas y privatizar utilidades, pero poco ha hecho todavía por ir en contra de la usura y los abusos del sistema financiero, que en unos meses buscará embargar o procesar a muchos de sus deudores. Imagine cómo se encontrará el ciudadano promedio que perdió su empleo durante la contingencia, si sabe que no recibirá dinero mientras arrastra deudas con tiendas o tarjetas de crédito por tasas que van entre el 55 y 100% efectivo anual.

Lamento que en medio de la crisis el presidente carezca de una Secretaria de Gobernación a la altura, y hago votos porque esto se subsane pronto, aunque sea a costa de la gerontocracia de la 4T, y quizás hasta de la cuota de género. Con Peña Nieto teníamos un Secretario que ponía la cara para todo, lo que permitía que el presidente sólo leyera comunicados. Con AMLO el puesto parece superfluo, o es fácilmente suplido por un súper Canciller. Algo parecido sucede en la FGR, con el coronavirus, ¿alguien se acuerda de ella?

Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com

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