Jaime Panqueva
11:29
13/07/19

Los tres tenores

"La corrupción sólo puede abatirse si los delincuentes saben que sus crímenes pueden recibir castigo, y éste llega sin cortapisas..."


De paso esta semana por la CDMX anduve por algunas de las escenografías monumentales de nuestro México: La plaza de la Constitución, el Teatro de Bellas Artes, el Auditorio Nacional. Pasé por otros de nefasta memoria, como la Estela de Luz, e incluso uno de reciente apertura que espero poder visitar pronto: el nuevo centro cultural de Los Pinos.

Mientras las noticias de esta semana de los grandes medios se centraban en la renuncia del titular de la cartera de Hacienda y los memes hacían burla de la cara de su sucesor, quedaron marginadas algunas notas muy importantes que fortalecen las expectativas que muchos de quienes votamos por López Obrador, y todavía no nos da pena o miedo confesarlo, teníamos a la hora de depositar nuestra papeleta en la urna.

Por una parte el lamento del exgobernador de Veracruz, Javier Duarte, denunciando desde la cárcel algo que en cualquier otro país sería aberrante o escandaloso: que la PGR lo extorsionó después de su entrega negociada con Osorio Chong y Peña Nieto, y que el dinero que se le pagó al titular y otros funcionarios como fruto de ese delito lo puso en efectivo el mismísimo presidente en funciones. Una declaración desesperada que no suena inverosímil, y que de probarse pondría tras las rejas a nuestro amado expresidente. ¿Qué más podrá cantar Duarte desde el reclusorio? ¿Habría pasado algo semejante de tener como presidente en la antigua y saqueada residencial oficial a Meade o Anaya? Lo dudo.

También me complace la captura de otro impune gángster del sistema: Juan Collado, quien tras deleitar a la clase política hace unos meses con un ágape monumental por la boda de su hija, cobijada por la plana mayor de la política mexicana, fue detenido bajo cargos que no sorprenden a nadie. Este personaje tampoco cantaría mal las rancheras como Duarte, y podría hundir con un par de notas a los protagonistas de la política de los últimos treinta años. Si alguien conoce las entrañas del Leviatán ése es Juan Colllado.

Y complementa la tripleta un tenor ligero, por prófugo: Emilio Lozoya, que anunció esta semana que se entregaría para cantar bajo ciertas condiciones que, por supuesto, están por debajo de la mesa.

La corrupción sólo puede abatirse si los delincuentes saben que sus crímenes pueden recibir castigo, y éste llega sin cortapisas. No sólo deleita, sino crea nuevas esperanzas, ver presos a personajes que muchos no imaginábamos ver entre rejas, o por lo menos inquietos por la posibilidad de purgar algunos de sus delitos. Por eso millones de mexicanos votamos por un candidato antisistema, y ahora exigimos que los procesos lleguen no sólo a sentencias condenatorias, sino también a la recuperación de lo robado al Estado.

Mencioné al inicio escenarios monumentales dignos de grandes eventos, pero a modo personal, propondría para este gran concierto de tenores, el nuevo Centro Cultural de Los Pinos, de dónde, si ya lo olvidaron, se robaron hace tan sólo unos meses hasta las engrapadoras de las oficinas y las cacerolas de la cocina.

 

Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com

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