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Jesús Batta González
08:20
20/09/19

Niccolò di Bernardo dei Machiavelli y López Obrador

“El Presidente busca imponer su forma de ver al mundo, y a quienes tenemos diferencias nos llama fifís, conservadores, neoliberales y otros epítetos…”

Niccolò di Bernardo dei Machiavelli y López Obrador

El gobernante debe tener la fuerza de un León,
la astucia de un zorro y
conseguir ser más fuerte entre los políticos.
Además saber utilizar los medios imprescindibles
como el dinero y el ejército.

Nicolás Maquiavelo.

 

Durante su primer informe de gobierno oficial, López Obrador mencionó al politólogo florentino Nicolás Maquiavelo.

¿Qué tiene de raro que un egresado de la Licenciatura en Ciencias Políticas mencione a Maquiavelo?

En realidad nada, pero en particular el Presidente de México es un auténtico político que sigue al pie de la letra los métodos de Maquiavelo.

También se puede observar que lee El arte de la Guerra del general Zun Tzu, y es probable que también aplique las estrategias y tácticas del libro De la guerra, de Karl Von Clausewitz.

Finalmente, esos libros son de cajón en esa carrera.

A partir del presente artículo serán interpretados diversos pasajes de los libros clásicos que se mencionan, para conocer un poco más de la filosofía del Presidente, no la que el político tabasqueño quiere que se conozca, sino la emanada de los textos mencionados y de la observación de la forma en que gobierna.

Definimos la palabra Poder como el arte de realizar todo tipo de actividades para imponer a un grupo de personas o a sociedades enteras, la concepción de la vida, de la economía, de la política, de la cultura y hacerlas actuar de acuerdo a los intereses del poderoso.

El Presidente busca imponer su forma de ver al mundo, y a quienes tenemos diferencias nos llama fifís, conservadores, neoliberales y otros epítetos, cuyo significado no conoce, pero sirven a sus seguidores a utilizar adjetivos de ataque.

En su manual para soberanos renacentistas, dice Maquiavelo que un príncipe capaz de salvaguardar su posición contra viento y marea a pesar de los cambios en el entorno, debe ser capaz de aliarse con quien le convenga, y de traicionar a quien no le convenga.

Para la conquista del poder AMLO se alió con Napoleón Gómez Urrutia, un líder de los trabajadores mineros que nunca trabajó en una mina y su carrera estuvo en el gobierno federal priista; su único mérito es haber sido hijo del líder minero de muchos años. Los mineros lo acusaban de que no les pago más de 50 millones de dólares.

También se alió con Elba Esther Gordillo, con Alfonso Romo, y en el entorno local guanajuatense con Ricardo Shiefield, a pesar de haber sido éste un Presidente Municipal de León considerado como mal gobernante, pero significaba una cabeza de playa para Morena, que el año pasado era prácticamente inexistente en este municipio.

Se alió con Manuel Bartlett, artífice del fraude a  Cuauhtémoc Cárdenas cuando se invento la caída del sistema y ahora crea en la CFE problemas que resuelve el Presidente.

Es un juego perverso que en sus textos menciona el lingüista y politólogo Noam Chomsky, ya que crea problemas inexistentes, y cuando el Presidente los resuelve, parece que es el conocedor de todos los temas, lo que le da un aura de liderazgo intelectual.

En artículos posteriores también serán analizados los textos de Noam Chomsky.

Muchos de los militantes de Morena justifican estas acciones diciendo que en su tiempo un rey europeo asistió a misa, a pesar de no ser católico, y dijo que París bien vale una misa.

Maquiavelo encuentra loable que el príncipe sea capaz de mantener su palabra, pero al mismo tiempo hace constar que aquellos que lograron conservar el poder no se aferraron a la palabra dada, y que quienes supieron embaucar a los demás con su astucia, superaron a los que actuaron con lealtad.

La palabra no es por tanto absoluta en un político maquiavélico, sino relativa.

Cuando AMLO atacaba furiosamente el insignificante crecimiento de la economía, del 2.5% promedio del PIB durante los últimos 34 años, afirmaba que en su gobierno este crecimiento seria del 4% anual en cada año.

Actualmente dice que el crecimiento económico no es importante, que lo suyo es el desarrollo económico, desconociendo el dato de que una nación desarrollada económicamente hablando, por fuerza debe crecer tres veces su tasa poblacional durante al menos 25 años.

El engaño es necesario para gobernar y para alcanzar los objetivos políticos de un príncipe, pero no hay que culpar al que engaña, puesto que lo hace por la razón de que siempre hay alguien que se deja engañar.

Dice Maquiavelo que es bueno que un gobernante se comporte de esa manera, porque no es necesario que tenga demasiadas virtudes, pero sí que parezca poseerlas.

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