Buscar
16:25h. Miércoles, 13 de Diciembre de 2017

"... más que preocuparnos por el “abstencionismo” electoral nos ocupa la participación ciudadana en general y no sólo durante los comicios"

Me cuestionaron en una entrevista con Radio Fórmula Bajío sobre las medidas que la autoridad electoral del estado de Guanajuato está adoptando para “combatir” el abstencionismo en las elecciones por realizarse este 7 de junio. Le expliqué a Martha Guevara, la conductora del programa noticioso, que más que preocuparnos por el “abstencionismo” electoral nos ocupa la participación ciudadana en general y no sólo durante los comicios. La participación electoral es el acto concreto de acudir ante urnas y emitir uno o varios votos ante la mesa directiva de casilla. La ausencia de participación es lo que comúnmente se conoce como “abstención”. Pero este término no es muy adecuado, pues implica una decisión consciente, la de “un no hacer voluntario, por el cual alguien permanece pasivo ante un estímulo” (http://deconceptos.com/ciencias-juridicas/abstencion). Ese voluntarismo no siempre está presente entre los no-votantes, sino que hay factores que pueden dificultar la emisión del sufragio, como trataré de explicarlo aquí.

El voto en México no sólo es un derecho (artículo 35 constitucional), sino una obligación (artículo 36, fracción III). Sin embargo no existe sanción alguna a su falta de ejercicio, en contraste con otros países, como buena parte de los sudamericanos (Brasil, Argentina, Uruguay, Perú, Ecuador), donde no votar implica enfrentar una multa. Una obligación sin penalidad se convierte en una entelequia, pero así lo quiso el legislador mexicano. Nuestra situación es más cercana a la de los Estados Unidos, Canadá o buena parte de Europa (excepto España) donde votar es un acto voluntario, sin coacción.

Si el acudir o no a las urnas fuera un resultado de una decisión consciente, informada y voluntaria, el llamado abstencionismo sería uno más de los recursos con que cuenta el ciudadano para calificar su sistema político. Sin embargo, en los hechos nos encontramos que de acuerdo a varias encuestas levantadas en los últimos 15 años (disponibles parcialmente en el Informe país sobre la calidad de la ciudadanía en México, INE, 2014, p. 55 ss.), hay factores no voluntaristas que influyen en la ausencia de los votantes: por ejemplo, la migración laboral a los Estados Unidos, que es particularmente fuerte en el Bajío; otro factor es el deterioro en la calidad del padrón electoral mexicano, que padece inconsistencias por la falta de actualización por parte de los empadronados. La población mexicana se mueve y cambia mucho, y no hay manera de seguirle el paso. Tenemos uno de los padrones más grandes del mundo, con más de 87.4 millones de registros (4.3 en Guanajuato), y de su nivel de actualización depende que la mayor parte de sus enlistados puedan realmente ejercer su derecho al voto.

Por otra parte aún padecemos fuertes resistencias culturales a reconocerle la importancia debida al ejercicio del sufragio. Aún se presentan situaciones donde un evento fortuito, como el mal tiempo o un partido de futbol, pueden disuadir a muchos ciudadanos de acudir a su casilla, donde les espera una fila, con incomodidades y a lo mejor algún enojo por no haber actualizado su credencial o su domicilio. Además, miles de votantes en tránsito experimentan la frustración de no encontrar suficiencia de boletas en las casillas especiales, y se niegan a reconocer que sus papeletas les esperan en la sección de su domicilio, como primera opción.

La participación electoral se verá facilitada en esta jornada del 7 de julio gracias a la aplicación del modelo de casilla única. No se tendrá necesidad de acudir a dos casillas, la federal y la local, y repetir la espera y el proceso. Muchos electores se veían disuadidos de participar al darse cuenta de que debían hacer dos colas, y votar dos veces. La reforma electoral del año pasado impuso la casilla única, con los consecuentes ahorros de recursos, tiempos y esfuerzos de capacitación. Las elecciones federales y locales van ahora en el mismo barco, y el éxito de una es el éxito de la otra.

Tengo confianza en que los índices históricos de participación electoral en elecciones intermedias (porque las presidenciales y de gobernador se cuecen aparte), superen el 47 o 48% en Guanajuato, y veamos superar la barrera simbólica de la mitad más uno. La competitividad electoral en los municipios de la entidad se ha incrementado en los últimos procesos, y eso le añade un componente de interés ante la sana incertidumbre de los resultados posibles. Buenas candidatas, buenos candidatos, oferta programática interesante y campañas breves pero intensas pueden ser el factor que mueva al votante a acudir a su casilla, olvidando la cómoda molicie del que renuncia a su capacidad de decidir.