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10:16h. Domingo, 22 de Octubre de 2017

"Rafael Corrales Ayala, el último gobernador priísta de Guanajuato (1985-1991), dejó esta vida este día 27 pasado con 90 años de edad"

Rafael Corrales Ayala, el último gobernador priísta de Guanajuato (1985-1991), dejó esta vida este día 27 pasado con 90 años de edad. Todavía hace poco sorprendía su buen aspecto y aparente vitalidad, sobre todo intelectual. En enero de 2011 acudió a la Universidad de Guanajuato a presentar un libro sobre temas jurídicos de la autoría del exrector Néstor Raúl Luna Hernández, e hizo declaraciones que no se le habían oído sobre la “concertacesión” de 1991, aquélla que dio pie al interinato panista que le sucedió en la gubernatura. Todas eran cosas sabidas, pero fue importante que el gobernador que protagonizó uno de los episodios políticos más difíciles de la historia reciente de Guanajuato por fin hablara con libertad sobre su papel como correa de trasmisión de una decisión presidencial, una orden pues, de parte de uno de los presidentes de la república más autoritarios que hayamos tenido en el país.

Conocí a don Rafael primero de manera indirecta, por su hermano Salvador, a quien el gobernador había confiado la política cultural de su administración. Mi primer cargo público lo obtuve gracias a la confianza de Pepe Trueba, el secretario de Educación, y me asignaron a la naciente Dirección General de Cultura, como jefe del departamento de Culturas Populares dada mi formación antropológica. Trabajé bajo las órdenes de Elías Troncoso, a quien don Salvador había recomendado como director general ante Trueba. Don Salvador era un hombre en inteligente y culto, como su hermano, y tenía un proyecto ambicioso que desgraciadamente sólo se concretó en parte.

Don Rafael fue un político a la antigua, que evidenciaba los anacronismos y limitaciones de la generación epirevolucionaria, la que se había forjado en el alemanismo y en el ruizcortinismo. Generación que vivió la mejores épocas del desarrollo estabilizador pero también la fase despótica de la presidencia imperial. Su amplia cultura jurídica e histórica le salvaba de caer en las tentaciones de la arbitrariedad, pero sin duda era un hombre alineado con las reglas no escritas del sistema imperante. Practicaba la ortodoxia de la Revolución hecha discurso, que batallaba con el surgimiento de una nueva ciudadanía consciente y demandante que nació de los sismos de 1985. Los gobernantes habían ejercido el poder con poca oposición real, lo que les limitó su comprensión del nuevo fenómeno de la sociedad civil organizada, que luego se transformó en una enorme corriente opositora surgida del propio partido en el poder, que estuvo a un tris de hacerse de la presidencia en 1988.

El gobernador de Guanajuato era gente del precandidato Manuel Bartlett, y apostó fuerte en su favor. El sueño era regresar a la administración federal como secretario de alguna cartera importante. Cuando la designación no favoreció al secretario de Gobernación, don Rafael se decidió a ejercer el poder en el estado sin intermediarios durante la segunda parte de su sexenio, e impulsó un importante programa de desarrollo económico –a través de su secretario Joaquín Yamín atrajo la planta de General Motors-, comunicaciones –el Aeropuerto Internacional del Bajío, la carretera de cuota a Silao- y obra pública –edificios públicos, auditorios, infraestructura-. En lo político fue contradictorio: reconoció los triunfos de Acción Nacional en San Francisco del Rincón (1985) y León (1988), pero lo regateó al sinarquista Partido Demócrata Mexicano en la capital Guanajuato en 1985. Se dice que su actuar fortaleció a la oposición, y que dejó sembradas las semillas para una alternancia partidista que fue todo, menos tranquila.

Fue un hombre del antes y el después. Intelectual, gran amigo del filósofo Emilio Uranga y de muchos eruditos del derecho y las artes. Estableció instituciones culturales como el Museo Iconográfico del Quijote en 1987, cuando otro amigo suyo, don Eulalio Ferrer, donó su importante colección de arte cervantino para establecer el museo en la casa que fue del gobernador liberal Manuel Doblado. También se estableció el Coloquio Cervantino Internacional, encuentro académico de especialistas en la obra cervantina, que ha puesto a Guanajuato en el mapa intelectual del mundo de lengua española. Y ya no tengo espacio para referirme a su amplia labor editorial, y su aporte a la historia regional gracias a la construcción de un moderno edificio para el Archivo General del Estado.

En fin, un hombre de claroscuros, pero producto de sus tiempos y de una gran calidad humana en lo personal. Nadie podía ser indiferente a un personaje con esos brillos y esas sombras.