Diario de Campo • Guanajuato y el FIC [III] • Luis Miguel Rionda

"...terminó convirtiéndose en uno de los recursos más importantes para dar viabilidad y progreso a una ciudad que perdió su vocación minera..."
Diario de Campo • Guanajuato y el FIC [III] • Luis Miguel Rionda

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En 1944 el Colegio del Estado se transmutó en Universidad de Guanajuato, asumiendo una nueva dimensión educativa y cultural. En 1952 se establecieron las escuelas de Arte Dramático y de Filosofía y Letras. En ambas colaboraron profesores españoles transterrados y de la Casa de España en México. Otro suceso fue la creación de la Orquesta Sinfónica de la universidad, con integrantes tomados de la Banda del Estado y de otros orígenes. 

En 1953, con motivo de la II Asamblea Nacional de Universidades e Institutos de Enseñanza Superior de la República Mexicana —germen de la actual ANUIES—, que se realizó del 17 al 21 de febrero, el rector Antonio Torres Gómez invitó al maestro Enrique Ruelas a presentar el Grupo de Teatro Universitario con la obra Arsénico y Encaje. Pero Ruelas no se limitó a  representar de nuevo ese montaje de teatro cerrado; examinó y encontró el motivo literario que buscaba para experimentar el espectáculo teatral en la calle, y en colaboración con el grupo de sus amigos intelectuales locales concibió y diseñó la original “Presentación de los célebres tres entremeses de Miguel de Cervantes Saavedra, su mundo imaginario y la realidad de su mundo”, como rezaba el programa original. 

El montaje de los Entremeses Cervantinos significó un parteaguas en la historia cultural de la maltrecha ciudad de Guanajuato. La fuerza de la versión pergeñada por los letrados de Guanajuato llamó la atención nacional, para convertirse en un atractivo que se potenciaba con el escenario callejero de la centenaria y deteriorada plazuela de San Roque. El montaje se convirtió en aventura colectiva, que congregaba e involucraba a vecinos, universitarios, curiosos y turistas.

Transcurrieron veinte años de gran efervescencia cultural, con variados montajes teatrales, conciertos, el renacimiento de las estudiantinas —que a su vez desataron un fenómeno nacional—, la danza académica y popular, y la consolidación de las artes plásticas con pintores, escultores y grabadores que participaron en el florecimiento nacional.

Cuando se acercaba el vigésimo aniversario del nacimiento del Teatro Universitario, al interior de la universidad surgió el interés de conmemorar el hecho con algún evento singular. Surgió así la idea del Primer Coloquio Nacional Cervantino, que se acordó con el gobernador del estado Manuel M. Moreno. El programa abarcó siete fines de semana, desde el 28 de julio hasta el 17 de septiembre. 

Existen muchas versiones de cómo se gestó la idea del Festival Internacional Cervantino, pero la más difundida es la de que fue una iniciativa que surgió de Agustín Olachea Borbón, jefe del Departamento de Turismo del gobierno federal. El presidente Luis Echeverría tuvo un interés particular en apoyar la iniciativa para confirmar la vocación artística y cervantina de una ciudad donde él había vividoentre 1947 y 1949, cuando constató el vibrante ambiente cultural de su clase intelectual y universitaria. El nuevo festival cultural arraigó en el gusto y el imaginario popular, y terminó convirtiéndose en uno de los recursos más importantes para dar viabilidad y progreso a una ciudad que perdió su vocación minera, y abrazó nuevas disposiciones hacia las artes y la cultura, que acarrearon como subproducto el florecimiento de la nueva industria del turismo.

Para terminar, deseo concluir que el indudable éxito del Festival Internacional Cervantino como el programa cultural mexicano más perdurable y prestigioso, se debe a un par de circunstancias afortunadas: primero, a su carácter como producto de un movimiento cultural local, no centralista, que culminó la potenciación de las capacidades de una sociedad en crisis, que se sublimaron en acciones de producción y difusión de la creatividad humana. Segundo, que este advenimiento demuestra que el arte y la cultura son recursos para el progreso material, no sólo espiritual. No se puede desconocer la dimensión económica que ha acompañado al evento cultural. Miles de turistas visitan cada año la ciudad. Afortunadamente ya no se concentran ¾como en las primeras tres décadas¾ en el periodo del festival; hoy el flujo de visitantes es constante, estimulado por un calendario cultural anual cada vez más colmado. Por eso me uno con entusiasmo a las voces que desean ¡larga vida al FIC!

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El autor es antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León, Departamento de Estudios Sociales. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal – https://luismiguelrionda.academia.edu/ –https://rionda.blogspot.com/

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