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10:37h. Jueves, 17 de Agosto de 2017

"Él estaba convencido de que la visión histórica de las problemáticas sociales ayuda mucho no sólo a su mejor comprensión, sino a diseñar políticas públicas consecuentes y de largo aliento."

El pasado 28 de agosto mi hermano Jorge Isauro abandonó este plano de la existencia. Fue un duro golpe para la familia Rionda Ramírez por su relativa juventud -53 años- y el lamentable hecho de que dejó sola a su adorable hija Clara Esther, de apenas ocho años. Deseo dedicar estas líneas a su memoria porque estoy convencido de que fue una persona que aportó mucho al estado de Guanajuato y a nuestro país, pues se había convertido en un destacado experto en la economía política y el desarrollo regional de nuestra entidad. Su sapiencia se reflejó en las abundantes publicaciones que acumuló, y el gran número de profesionistas y posgraduados que ayudó a formar desde la Universidad de Guanajuato (UG), la Universidad DeLaSalle Bajío y otras universidades de México y España.

Ambos estudiamos la licenciatura en la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Iztapalapa, aunque él unos años después (1983-1987), y dentro del área de la economía. Ahí desarrolló una notable habilidad matemática y científica, que concordó muy bien con su espíritu metódico y ordenado. Luego estudiaría la maestría en administración de la UG, donde luego sería profesor destacado. Trabajó en diversas áreas del gobierno del estado, como la Secretaría de Educación, el ya desaparecido INFO y el Consejo Estatal de Población. Pero su vocación por la enseñanza y la investigación lo hizo concursar por una plaza de tiempo completo en la UG, y abandonó la función pública. Cursó entonces el doctorado en Ciencias Sociales –líneas de población y desarrollo- de la Universidad Autónoma de Aguascalientes (1998-2001), y luego otro doctorado más en Ciencias Sociales –línea de estudios laborales- en la Universidad Autónoma Metropolitana, Iztapalapa (2001-2003). En ambos se tituló con sendas tesis que luego publicó.

No tengo idea de cuántos cursos impartió en diversas licenciaturas y maestrías, pero fueron muchos. Sus exalumnos me comparten una y otra vez sus buenos recuerdos de un profesor afable, didáctico, sapiente y enamorado de la docencia. Varios de los libros que publicó tienen ese afán pedagógico, por lo que pronto eran aprovechados como textos de varios cursos. Yo los aprovecho mucho porque Jorge siempre subió versiones electrónicas que podían ser bajadas gratuitamente desde el sitio académico eumed.net de la Universidad de Málaga, con la que colaboró mucho. Un total de 25 libros pueden ser consultados, entre ellos su Historia demográfica de Guanajuato, Teorías de la región, Economía de la empresa, Contextos del desarrollo regional en México, Historia de los movimientos sociales en México, etcétera.

Su último libro, Inequidad y violencia en México (1325-2014), vio la luz bajo el sello de la UG en marzo pasado. Desgraciadamente aún no está disponible en versión electrónica, pero supongo que la universidad lo está distribuyendo. En ese texto Jorge analiza la inseguridad, el narcotráfico y la violencia social como producto de las inequidades estructurales que arrastra nuestro país desde tiempos muy lejanos. Él estaba convencido de que la visión histórica de las problemáticas sociales ayuda mucho no sólo a su mejor comprensión, sino a diseñar políticas públicas consecuentes y de largo aliento.

Toco ahora la dimensión personal: tuvimos una infancia y adolescencia felices, empañada por el divorcio de nuestros padres. Jorge descubrió tempranamente su sensibilidad y habilidad para la música, al iniciarse en las maderas dentro del grupo clásico “Las flautas barrocas”. De ahí brincó a la música folclórica latinoamericana, un género que cultivó hasta el final de sus días. Fundó varios grupos de este corte, y coleccionó una importante cantidad de instrumentos musicales de todo tipo. Su buen gusto artístico se refleja en la ornamentación de su última casa, en Puentecillas, Guanajuato: artesanías, antigüedades, máscaras, esculturas, cerámica, obras de arte, fotografías y mobiliario. Gran escenario para un excelente anfitrión, como les consta a muchos amigos mutuos.

Jorge heredó el carácter fuerte de nuestro padre, así como su excelente memoria y sentido de la organización. También en su aspecto físico fue muy semejante, lo que asombraba a muchos. Las complejidades de su personalidad le produjeron muchos desaguisados con no poca gente, incluso de sus cercanos. La franqueza con que hablaba molestaba a algunos, pero era admirada por muchos. Nunca temió defender sus verdades, aun a costa de despertar disgustos. Pero en contraste en su trato cotidiano desplegaba su flanco humano, amable y solidario, que le acarreó muchas simpatías. Amó a su esposa Clara, a quien perdió en 2011. Adoró a su hijita Clarita y añoró a su primogénito Mauricio.

Con su partida perdimos a un excelente intelectual, un estudioso profundo de nuestra realidad regional. Sus colaboraciones periodísticas semanales en El Heraldo son una muestra de la amplitud de sus intereses y compromisos. Sólo me queda decir: hasta pronto hermano…