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23:20h. Miércoles, 12 de Diciembre de 2018

“No es una fecha de festejos: es una ocasión para la reflexión y el balance. Es un recordatorio de actos violentos que han sufrido muchas mujeres y algunos hombres para que, juntos, tengamos los mismos derechos. ..”

La conmemoración del Día Internacional de la Mujer es un recordatorio anual de las luchas que muchas mujeres han debido emprender para ganar terreno al interior de estructuras sociales y laborales donde no se cree que tengan el mismo valor que los hombres. No es una fecha de festejos: es una ocasión para la reflexión y el balance. Es un recordatorio de actos violentos que han sufrido muchas mujeres y algunos hombres para que, juntos, tengamos los mismos derechos. 

Se comenzó con la búsqueda de derechos laborales, la principal bandera.  Entre los muchos antecedentes que ha tenido la lucha de la mujer, existen dos acontecimientos que se han señalado como pioneros. El primero tuvo lugar en Nueva York en 1857: un grupo de obreras textiles decidieron salir a las calles a protestar por las precarias y abusivas condiciones de trabajo que padecían. Luego en la misma ciudad, pero en 1908, ocurriría el incendio de la fábrica textil Cotton en donde murieron alrededor de 219 mujeres, encerradas por órdenes del patrón. 

En 1910, la Primera Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, desarrollada en Copenhague, proclamó el Día de la Mujer con carácter mundial, como un homenaje al movimiento en favor de los derechos de la mujer y el sufragio femenino universal. En México, esta celebración se realizó por primera vez en 1935. Para 1975, coincidiendo con el Año Internacional de la Mujer, la ONU celebró por primera vez el Día Internacional de la Mujer. Recuerdo bien esa ocasión, cuando en agosto de ese año México fue anfitrión de la Conferencia Mundial del Año Internacional de la Mujer, primera en su tipo. 

A esa conferencia asistieron delegaciones oficiales de 133 países, y alrededor de 4 mil organizaciones de la sociedad civil. Los ejes temáticos de la conferencia fueron la igualdad, el desarrollo y la paz. En prácticamente todas las delegaciones había mujeres entre sus miembros. Esto nos suena extraño hoy, pero entonces hasta los asuntos de la mujer eran discutidos por hombres. Un dato anecdótico: la conferencia fue inaugurada por Pedro Ojeda Paullada, secretario del Trabajo de la gestión de Luis Echeverría. ¿Por qué la inauguró un hombre? Sencillamente porque los altos puestos del gobierno eran acaparados por hombres.

59 años después de que las mujeres mexicanas pudieran votar, la reforma político electoral del 2014, estableció en el artículo 41 constitucional el principio de paridad de género, mediante el que se determina que los partidos políticos deberán de postular igual cantidad de hombres y de mujeres para el congreso federal los y locales, así como en los ayuntamientos. Si bien el principio de paridad es una acción afirmativa temporal para favorecer a un grupo vulnerado históricamente, también nos ha mostrado una nueva realidad de violencia política. Cuando las mujeres acceden a nuevos cargos públicos −a los que hace 50 años no hubieran podido acceder− enfrentan nuevos retos y cuestionamientos; surge la resistencia masculina para que las mujeres se desempeñen. Es decir, el que una mujer acceda al poder no significa que pueda ejercer el cargo de forma plena. 

En Guanajuato este principio se puede ver reflejado en la integración del Congreso del Estado, donde de 36 diputados, 15 son mujeres −41.6%−. Sin embargo, la situación es muy distinta cuando vemos que, de las 46 presidencias municipales, sólo dos son ocupadas por mujeres. 

El pasado martes 6 se llevó a cabo la firma del Pronunciamiento por la No Violencia Político-electoral en Razón de Género, entre el IEEG, el INE y las dirigencias de los partidos políticos en la entidad. Esto fue con el propósito de que los partidos asuman compromisos claros sobre esta delicada situación, y contribuyan efectivamente a prevenirla y erradicarla. La reflexión y concientización son las principales armas de esta lucha que tanto mujeres como hombres debemos mantener en busca de la igualdad, no sólo en nuestras instituciones, sino en nuestra vida cotidiana.

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El autor es antropólogo social. Consejero electoral del Instituto Electoral del Estado de Guanajuato. Profesor ad honorem de la Universidad de Guanajuato. luis@rionda.net – www.luis.rionda.net - rionda.blogspot.com – Twitter: @riondal

Colaboró: Diana Lilia Mejía Rodríguez