Domingo. 22.09.2019
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Luis Miguel Rionda
09:16
06/09/19

Participación para el desarrollo, 1

"...atravesamos por una crisis en la participación político electoral [...] Esto nos lo confirman las proporciones decrecientes de ciudadanos que
asisten a las urnas en cada proceso electoral..."

Participación para el desarrollo, 1

La participación ciudadana en los temas públicos es una condición ineludible en la construcción de una sociedad y un Estado auténticamente democráticos. El modelo político del liberalismo, surgido de las revoluciones sociales y políticas de los siglos XVIII, XIX y XX, redefinió el papel de los individuos al transformarlos en su papel de “súbditos”, sujetos a la soberanía divina del monarca y la aristocracia, al de “ciudadanos”, que se asumen como detentadores originales del poder público.

La noción de ciudadanía fue definida por Thomas Marshall en 1950 en estos términos: “un estatus que se concede a los miembros de pleno derecho de una comunidad. Es decir, el conjunto de derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, así como una serie de deberes derivados, atribuidos a los ciudadanos de una sociedad.” (Ciudadanía social en Wikipedia.org http://bit.do/e7q5A)

La especialista chilena Nancy Masbernat, experta en gestión pública participativa, dice que la ciudadanía se funda en las ideas de igualdad, libertad individual, pertenencia, derechos y responsabilidades, participación, identidad y justicia: es un estatus que garantiza a los individuos iguales derechos y deberes, libertades y restricciones, poderes y responsabilidades, es decir, la plena pertenencia a una comunidad política particular. (citada por J. Sepúlveda http://bit.do/e7qSR)

En el ámbito político electoral, la participación tiene que ver con el involucramiento del (la) ciudadano(a) con organizaciones, agrupaciones o asociaciones que defienden alguna alternativa particular en torno al gobierno y la representación política. Es decir, que buscan incidir en el ejercicio del poder social y la intermediación legislativa.

En este sentido, es claro que atravesamos por una crisis en la participación político electoral en nuestro país. Esto nos lo confirman las proporciones decrecientes de ciudadanos que asisten a las urnas en cada proceso electoral. A pesar de la juventud de nuestra democracia competitiva, hay un desengaño con la efectividad de gestión de las administraciones y las élites políticas del país. Las crisis económicas recurrentes, la concentración del ingreso, la falta de oportunidades, la emergencia de una violencia social incontrolable y la baja calidad de los servicios públicos –entre ellos el de la justicia-- han redundado en un estancamiento social desesperante que se traduce en un alejamiento de la ciudadanía de los recursos para la participación pacífica y constructiva. En cambio, los movimientos anti sistémicos, anárquicos, autárquicos y destructivos cobran fuerza. Lo vimos hace poco en el enojo irreprimible y explicable de las mexicanas en contra del incremento de los feminicidios.

En Guanajuato particularmente, una sociedad con tradición participativa, hemos experimentado una caída libre en indicadores como el de la concurrencia electoral. Desde que en las elecciones presidenciales de 1994 esta entidad ocupó el primer lugar nacional con 86% de electores que acudieron a las urnas, hasta un deprimido 53.2% en la elección del año pasado, cuando caímos al antepenúltimo lugar nacional.

Para entender mejor este fenómeno político social, es de suma importancia emprender estudios serios que ayuden a las autoridades vinculadas con el tema de la gobernanza nacional a instrumentar estrategias para vincular a la sociedad organizada en las diferentes esferas de la toma de decisiones: la comunidad, el municipio, la región y el país. Ante esta necesidad, me alegró mucho conocer el resultado de un estudio muestral sobre la participación ciudadana en las elecciones federales de 2018, que el 18 de julio pasado dio a conocer el Instituto Federal Electoral. Esta amplia monografía expone resultados muy interesantes, que quisiera compartir con los lectores en contribuciones futuras, concentrándonos en los aspectos de mayor interés coyuntural. Hay aspectos sobre los que conviene reflexionar, como la distribución de la participación por género, edad, región y sección. Por la falta de espacio, iniciaré este análisis en la siguiente entrega, pero entre tanto recomiendo al lector, lectora, consultar el documento en este vínculo: http://bit.do/e7r7u

Desojaremos esta margarita en la ocasión próxima…

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