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19:06h. Martes, 27 de Junio de 2017

"Las elecciones del 7 de junio no deben ser secuestradas por conjuntos de interés particular, que aprovechan la ocasión para chantajear a los órganos del Estado y agredir a las instituciones electorales"

 

 

 

 

Crecen los nubarrones de violencia en el sur y oriente mexicanos. Grupos de presión han comenzado a cumplir sus amenazas de boicotear la realización pacífica de las elecciones federales y locales en cinco estados del país, y se lanzan atacar las instalaciones del Instituto Nacional Electoral y de organismos electorales locales. La escalada de violencia es inédita en la historia electoral reciente de nuestro país, con bombas molotov, toma o quema de instalaciones, saqueos, pintas, bloqueos de carreteras, cerco de gasolineras, secuestro de vehículos, y demás exhibiciones de salvajismo por parte de tipos encapuchados –evidencia de cobardía-, pseudo profesores, anarquistas y demás practicantes de la intolerancia y el desprecio por la ley.

La política es el arte de la convivencia pacífica, el debate respetuoso, la competencia por el poder y la representación, siempre intensa pero con reglas y procedimientos. La democracia, el menos peor de los sistemas políticos que ha inventado la humanidad, canaliza pacíficamente las aspiraciones y demandas de los diferentes conjuntos sociales, que de otra manera dirimirían su competencia por medio de la violencia física. La ley del más fuerte favorece siempre al que tenga el garrote más contundente, las armas más mortíferas, para el abuso sobre el débil y vulnerable. La civilización nos alejó de nuestro componente animal, y nos proporcionó las herramientas que propicia la inteligencia: el habla, la solidaridad, la empatía, la ley y el estado de derecho. Sin esos recursos, recaeríamos en la barbarie.

Las elecciones del 7 de junio no deben ser secuestradas por conjuntos de interés particular, que aprovechan la ocasión para chantajear a los órganos del Estado y agredir a las instituciones electorales. En toda democracia el bien de los muchos prevalece sobre el de los pocos, aunque no guste a todos. Y el monopolio legítimo de la fuerza debe proteger a las instituciones y a las personas que se conducen con observancia de la ley. De otra manera se está enviando un mensaje muy peligroso: que en los momentos electorales el Estado es vulnerable, se debilita y puede ser expoliado. Otros grupos, incluso los del crimen organizado, pueden aprender del camino que abren estos perturbadores de la paz social, y practicar el deporte de boicotear el desarrollo de los comicios.

Una crisis más profunda nos espera si se continúa evadiendo el cumplimiento de la ley. La tolerancia ante la protesta social debe respetar el límite de los derechos de terceros, en particular del derecho al ejercicio de la expresión política individual por medio del voto en libertad. Quien conculca u obstaculiza el derecho al voto viola la ley; en concreto el Código Penal Federal, que dicta en su artículo 403 (inciso IV) que incurre en delito electoral, entre otros, quien “obstaculice o interfiera dolosamente el desarrollo normal de las votaciones, el escrutinio y cómputo, el traslado y entrega de los paquetes y documentación electoral, o el adecuado ejercicio de las tareas de los funcionarios electorales”. Y hay otros delitos electorales más que sería prolijo enumerar.

Es claro que estas acciones en contra del desarrollo del proceso electoral han sido cínicamente ilegales. Pero la reacción del Estado ha sido débil: negociar con los intransigentes es una falsa salida, que estimula la perpetración de más acciones de chantaje. Y haber suspendido las evaluaciones docentes fue un acto de rendición de la plaza educativa.

Me parece increíble que las demandas del movimiento se atiendan, y no se logre un compromiso en reciprocidad. Exigen beneficios individuales para sus huestes, que nada tienen qué ver con los intereses de la Nación, y sí mucho con provechos facciosos. No se vale.

Tengo la esperanza de que la situación encuentre una salida que beneficie a la democracia y al país, y que nos permita acudir a urnas sin temor de represalias o agresiones. En mi estado, Guanajuato, las circunstancias parecen tranquilas, pero ya hemos sufrido secuelas de la violencia social externa y no podemos confiar en que no suceda alguna eventualidad. Diez candidatos han sido asesinados en otros lares, y por lo mismo habrá que mantenerse vigilantes de que el orden se cuide y prevalezcan la cordura y la paz.

Por eso mismo, acude a urnas este domingo. Vale la pena.