Opinión • Yo no fui, fue Teté • María Esther Bonilla

“Esta frase queda como anillo al dedo a todos los discursos del presidente Andrés Manuel López Obrador…”

Opinión • Yo no fui, fue Teté • María Esther Bonilla


“Yo no fui, fue Teté, pégale, pégale que ella fue”, ¿te parece conocida esta frase? Seguramente muchos conocemos este juego infantil que se utiliza como una forma de selección basada en el azar.

Todas las palabras de un idioma pueden aplicarse en diversos contextos. Esta frase queda como anillo al dedo a todos los discursos del presidente Andrés Manuel López Obrador, a partir de la primera conferencia de prensa en palacio nacional. A una gran cantidad de preguntas sobre temas muy diversos de nuestra realidad nacional, su respuesta es: “Yo no fui, fue Teté”. Refiriéndose a que los anteriores sexenios y presidentes fueron los culpables de todos los males actuales de nuestro país. Esto es: se lava las manos, no conoce la responsabilidad.

Llama la atención que, ante problemas muy graves que sufre la sociedad mexicana, el presidente responde de tres maneras muy específicas: 1) Culpando al neoliberalismo o a los presidentes anteriores; 2) Minimizando o ignorando el problema; o 3) Mintiendo[1] en relación a la búsqueda de una solución efectiva. Destaco que las 3 maneras de responder del presidente corresponden a: “No tengo la solución ni me importa buscarla; que los mexicanos se aguanten, que sigan sufriendo. Yo no fui, fue Teté”.

Llegó incluso a convertirse en un chiste de mal gusto el hecho de que el presidente evade cínicamente una respuesta a determinada problemática, al grado de que numerosos grupos se adelantan a las palabras de López Obrador, mencionando por ejemplo: “¡Ah sí, cayó una mosca en mi sopa por culpa de Calderón!”.

Así, con esa desfachatez, AMLO ha estado respondiendo sin responder, es decir, aporta un argumento descarado al culpar, al ignorar o al mentir, pero no ha actuado con la Responsabilidad que debe caracterizar al presidente de un país y que como mexicanos esperamos.

Ante cualquier problema que se ha hecho presente, su respuesta siempre ha entrado en los parámetros mencionados, ya se trate del grave y prolongado desabasto de medicinas, la eliminación de fideicomisos o del Seguro Popular, o la intensa violencia que se vive en todo el país a partir del empoderamiento que ha adquirido el narcotráfico.

Muchas veces he pensado en la situación que se pudiera vivir en una empresa de cualquier índole (automotriz, de alimentos, de medicamentos, de ropa…), la cual estuviera caracterizada por: a) El desabasto de determinados materiales, sustancias, maquinaria, etc., indispensables para que la empresa pudiera elaborar los productos para la que fue construida; b) También agreguemos que hay en la empresa varios trabajadores que no cumplen con la función esperada y se dedican a robar tanto insumos de la fábrica como productos acabados, además de vender drogas y despojar de sus pertenencias a algunos/as compañeros/as de trabajo.

Ante este desolador panorama, imaginemos que el nuevo director de la empresa, en lugar de buscar soluciones profesionales adecuadas, se pasa el tiempo culpando a los anteriores directores y gerentes, además de mentir, negando que existen esas nocivas realidades. ¿Es aceptable que el directivo se niegue a impedir tan graves despojos?, ¿es normal que el nuevo directivo se lave las manos e ignore el saqueo y el tenso clima laboral?

Una circunstancia similar puede ocurrir en una institución educativa, ya sea una escuela de educación básica, media o superior. Llega un nuevo director y encuentra que los planes de estudio están incompletos, que no hay suficientes materiales didácticos y las instalaciones son deficientes para cumplir con los programas oficiales. También aquí ocurre que hay personas (posiblemente estudiantes, maestros, personal administrativo o de intendencia) que están hurtando libros, audios y videos de contenidos pedagógicos, etc., inclusive llegan a extraer celulares y carteras del personal.

¿Qué pensaríamos del nuevo director si se limitara a culpar de esa grave situación al penúltimo director?, ¿qué ocurriría si el nuevo director protege a los que están robando con el argumento de que son seres humanos?, ¿no esperaríamos más bien que se hiciera una investigación para aplicar la Ley, y se acudiera a los expertos en diversos temas educativos para subsanar las irregularidades y lograr que la institución cumpla con su función?

Esa falta de orden, de aplicación de la justicia, de conciencia, de respeto, de comportamiento ético, de honradez, de compromiso, de responsabilidad… impide que se cumplan los objetivos de la empresa ejemplificada, asimismo de la institución educativa citada.

Es completamente absurdo y demencial que el directivo de una empresa, una universidad o un país se limite a culpar las anteriores gestiones. Es irracional y disparatado que el presidente López Obrador siga mintiendo cada mañana al afirmar que “vamos bien”. Es muy irresponsable que no cumpla con las funciones para las que fue electo y se limite a hacer campaña electoral, desde que tomó posesión y lo seguirá haciendo hasta el 2024.

Sé que como yo, hay miles de mexicanos/as que lamentamos profundamente que López Obrador no se dedique a gobernar –lo cual implica buscar soluciones a los problemas convocando a los diversos sectores sociales, políticos, económicos, culturales- sino que invierte su tiempo en negar la realidad, en mentir y culpar al neoliberalismo, “yo no fui, fue Teté”.

A la par que evade su responsabilidad como presidente, López Obrador ha estado dañando a la sociedad mexicana al dividirnos en dos grandes grupos: sus seguidores y sus adversarios[2], creando así un ambiente de tensión, de competencia, de mutuo rechazo y de conflicto sin posibilidad de diálogo. Cuando sabemos que todo conflicto, en esencia, es posible tratarse con respeto y resolverse por la vía pacífica.

Una de las grandes omisiones de AMLO es dejar a la población totalmente desprotegida ante el empoderamiento de los grupos delictivos. Observamos cómo el presidente ha hecho suyo el principio de: dejar hacer, dejar pasar; con lo cual los grupos de narcotraficantes han crecido en cantidad y en la intensidad de sus delitos. Circulan en los medios las elevadas cifras de homicidios dolosos, de extorsiones, de desaparecidos, etc., cuya gran respuesta del Estado es la Impunidad.

Hoy en día, escuchamos un noticiero y encontramos un contenido mayormente de lo que se califica como “nota roja”. Basta leer los encabezados en las diversas páginas de los diarios para perder la calma y experimentar un agobio, una angustia, una profunda tristeza, una frustración por no poder influir en el mejoramiento de nuestra paz social.

A fines de la década de los 60, durante los 70 y principios de los 80, dichos acontecimientos delictivos se publicaban en el periódico de nota roja titulado: “Alarma!”, cuyo objetivo era tratar únicamente Asuntos Criminales[3].

El periódico semanal “Alarma!” pasó a la historia por publicar acciones sanguinarias cometidas por delincuentes y los resultados perturbadores en sus víctimas. Hoy en día podemos constatar que los contenidos de nota roja que hace décadas eran exclusivos de “Alarma!”, son difundidos de manera similar en todo tipo de publicaciones porque eso es lo que está ocurriendo en casi todo nuestro país, porque estamos presenciando el mayor nivel de inseguridad en la historia de México. Las acciones de violencia son ahora y en todos los espacios informativos “el pan nuestro de cada día”.

Desgraciadamente, no vemos que al actual gobierno le preocupe en lo más mínimo intervenir para disminuir la violencia. El presidente ha afirmado que todos los días ataca la inseguridad porque tiene una reunión de 6 a 7 de la mañana, pero los ciudadanos observamos que una reunión de una hora diaria no ha resuelto nada, absolutamente nada.

Tampoco distribuyendo dinero a las clases marginadas resolverá la violencia, ese reparto es simplemente una estrategia electorera que crea dependencia en las personas, en lugar de ofrecerles oportunidades de desarrollo, de crecimiento y de autonomía. Ya he mencionado en otros espacios que la violencia se disminuirá cuando se aplique la Ley (que AMLO desprecia) y cuando se diseñen programas educativos basados en la Cultura de la Paz y los Derechos Humanos.

Volviendo a los ejemplos de la empresa y de la escuela, cuyos directivos se limitan a culpar al penúltimo directivo haciendo caso omiso de las graves dificultades y asaltos que ocurren en sus espacios de responsabilidad ¿qué se podría esperar de los integrantes de dichos centros laborales?, ¿sería viable que los integrantes de esas comunidades intervinieran para encontrar soluciones inteligentes y se recuperara la productividad así como el ambiente respetuoso, colaborativo y comprometido en beneficio de todos?

¿Qué estamos esperando los mexicanos?, ¿permitiremos que AMLO siga perjudicando, lesionando la paz social, el ambiente de concordia y respeto que anhelamos para que todos aportemos lo mejor de nosotros mismos?

Por último: ¿Andrés Manuel López Obrador fue elegido Presidente de México para que se ocupara durante 6 años de hacer una intensa campaña por Morena?, ¿López Obrador fue elegido para ofender a los mexicanos, para burlarse de la Ley, para culpar a otros, para ignorar la realidad y para mentir?

 

[1] Muy recomendable el libro del Dr. Luis Estrada El imperio de los otros datos. Tres años de falsedades y engaños desde palacio. Editorial Grijalbo, publicación que ofrece los resultados de la investigación que realizó SPIN, Taller de Comunicación Política, a través del análisis de 700 mañaneras en 3 años de gobierno de AMLO, donde el presidente pronunció 67,000 falsedades, inexactitudes y mentiras.

[2] Es ilógico que AMLO mencione que él tiene adversarios pero no tiene enemigos, cuando sencillamente los términos son sinónimos, significan lo mismo. “Sinónimos de adversario: contrario, enemigo, rival, antagonista, opositor” (https://www.sinonimosonline.com/adversario/)

[3] Los puestos de revistas ofrecían en venta la “Alarma!”, siempre con encabezados y fotografías que nos remitían a las acciones más despreciables que alguien puede cometer, como en el año 1964 en que le dio seguimiento al conocido caso de “las Poquianchis”, autoras de feminicidios, torturas, corrupción, trata de personas, sobornos a las autoridades, prostitución y otros crímenes que sacudieron a la comunidad guanajuatense (https://es.wikipedia.org/wiki/Alarma!).

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