Tequio y faena, herencias para una adaptación saludable con diabetes • Maricruz Romero Ugalde

“¿Qué relación tienen el tequio y la faena con la adaptación saludable en diabetes?”

Un ejemplo de tequio - Foro, Cuenqueñito, Oaxaca
Un ejemplo de tequio - Foro, Cuenqueñito, Oaxaca
Tequio y faena, herencias para una adaptación saludable con diabetes • Maricruz Romero Ugalde

El 04 de julio de 2021 inicié la serie sobre la importancia del autocuidado cuando se vive con diabetes. De entonces a la fecha, cada semana he abordado el tema. Hoy, siguiendo el orden propuesto por la Australian Diabetes Educators Association (ADEA), tocaría hablar del tema “Reducción de los riesgos de las complicaciones crónicas”. No obstante, en tanto la semana anterior, el 13 de agosto como política federal se conmemoró el 500 aniversario de la captura de Cuauhtémoc, que implicó la caida de Tenochtitlán en 1521,[1] me parece importante relacionar este hecho con la herencia cultural de la que formamos parte, y que puede impactar en la 8ª Conducta del autocuidado “Adaptación saludable a los roles en el trabajo, la familia y sociales”.

¿Qué relación tienen tequio y faena con la adaptación saludable en diabetes? Seguro puede ser una pregunta ante el título de este artículo. En primer lugar, me parece que el choque cultural y posteriormente, la conquista y colonización de los pueblos que habitaban lo que ahora denominamos México, nuestro país, no se debería “conmemorar”.[2] Sí es importante recordar que somos el resultado de la mezcla de al menos tres grupos de poblaciones, en sí mismas heterogéneas y que denominamos de manera genérica como indígenas, españoles y africanos. Hablar español como lengua materna, para la mayoría de la población mexicana es el recordatorio cotidiano del haber sido los vencidos. Sin embargo, muchas investigaciones antropológicas muestran que todavía existen reminiscencias de la herencia precuauhtémica en muchos aspectos. Las lenguas originarias y algunos vocablos en el español —herencia en muchas ocasiones del náhuatl–, la comida, las prácticas curativas desde lo que la ontología epistémica refiere, es decir, cómo las personas desde su propia práctica refieren a su ser en un mundo constituido por el lenguaje. La Dra. Velázquez Galindo, en su libro Porque venimos a este mundo a ayudarnos,[3] comparte la manera en que los nahuas de la Sierra Norte reconocen su ser en un mundo donde no existe la separación, sino más bien la simbiosis entre la idea del creador de todas las cosas y el ser humano que vino a aprender. En ese aprendizaje el servicio al todo, ya sean los elementos de la naturaleza: agua, tierra, viento, el propio ser humano y sus congéneres, comparte la importancia del darse a los otros humanos y no humanos, en humildad. Esta cosmopercepción, como la conceptualiza Pedro Reygadas, está vigente no sólo entre las personas que hablan y/o viven una lengua indígena; también en población rural y urbana cuando participan en el tequio o la faena —cuando trabajan de manera colectiva para lograr un bien común–. En nuestro contexto sociocultural se le nombra así; en muchas partes del mundo este principio de reciprocidad está presente.[4] Para el caso de Guanajuato, particularmente en la Sierra Gorda se le nombra faena. Me quiero centrar en la práctica del tequio:

            A lo largo de su historia, las comunidades indígenas han ejercido numerosas y

variadas formas de trabajo comunal, familiar o individual que incluían o no la reciprocidad o la redistribución de la riqueza, y que se realizaban, o aún se realizan, bajo modalidades de cooperación voluntaria u obligada. […] Estas formas de aportación, con o sin reciprocidad, reciben los nombres de tequio, tequil, gozona, mano vuelta, fajina, guelaguetza, tarea, córima y trabajo de en medio, entre otros. […]

                        […] El nombre deriva del náhuatl tequitl (trabajo o tributo).[5]

Si bien, de acuerdo con la cita, el tequio o faena puede ser voluntario u obligado, lo que quiero destacar aquí es que es una forma que existía desde la época precuauhtémica. Para la adaptación saludable cuando se vive con diabetes, esta forma de “cooperar” por el bien común podría ser una de las claves para mejorar la calidad de vida de quienes viven con diabetes. Como lo he venido exponiendo en entregas anteriores, una de las constantes observadas en trabajo de campo es que las personas que reciben el diagnóstico de prediabetes o diabetes o no lo aceptan, o viven en la negación, por lo que las recomendaciones médicas no se siguen. Recordemos que hasta la fecha, de acuerdo con el conocimiento científico no hay cura para la diabetes: es un padecimiento crónico, degenerativo y mortal. Esto significa que permanece y con el paso del tiempo daña órganos como el páncreas, los riñones o el hígado, e impacta en sistemas como el nervioso central o el músculo esquelético, por lo que se puede llegar a complicaciones que provoquen la muerte —desarrollaremos más todo esto en la próxima entrega-. De ahí la importancia del conocimiento; educarnos para saber qué es la diabetes mellitus, y conocer cómo cada persona la vive, es —como diría el Dr. Joslin–: “La educación no es una parte del tratamiento de la diabetes, es el tratamiento mismo”. Yo agregaría que para que esto sea una realidad, la educación requiere vivirse en comunidad. De ahí la referencia al tequio o faena: hay que trabajar para el otro.

Me explico: una persona que vive con diabetes, cuando conoce y acepta que requiere actuar de forma diferente para vivir con calidad de vida, requiere poco a poco incorporar en su vida diaria las ocho conductas del autocuidado. Esto se vuelve prácticamente imposible si no se tiene el apoyo de la familia o seres cercanos, la comprensión en el entorno social y la empatía, tanto en la vida escolar como laboral. Dejar el individualismo y compartir la vida de manera solidaria, podría contribuir para la prevención del padecimiento y alcanzar un mejor control en quienes viven con esa condición de vida. Junt@s es mejor.

En la próxima entrega abordaremos la 7ª conducta del autocuidado, Reducción de los riesgos de las complicaciones crónicas. Hasta entonces.



***
Maricruz Romero Ugalde. Etnóloga, Profesora de la Universidad de Guanajuato adscrita al Departamento de Estudios Sociales, División de Ciencias Sociales y Humanidades, Campus León

 

[1] https://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/captura-de-cuauhtemoc-y-caida-de-tenochtitlan

[2] https://dle.rae.es/conmemorar?m=form

[3] Velázquez Galindo, Yuribia (2018). Porque venimos a este mundo a ayudarnos. México, Universidad Iberoamericana.

[4] Mauss, Marcel (1925). Ensayos sobre el don: Forma y función del intercambio en las sociedades arcaicas (varias ediciones).

[5] Zolla, Carlos y Zolla Márquez, Emiliano (2004). Los pueblos indígenas de México, 100 preguntas. México, UNAM. https://www.nacionmulticultural.unam.mx/100preguntas/pregunta.php?num_pre=24

Comentarios