La ciudad de Leon, dispersa y distante

"Tenemos ciudades 3D (dispersas, distantes, desconectadas), resultado de lo que hemos hecho y dejado de hacer en las ultimas décadas"

La ciudad de Leon, dispersa y distante

 

Lo que cambia un lugar es la gente. 

Si su vida es buena, la ciudad es buena.

                                                Peter Hall

A mediados de julio pasado murió Peter Hall, influyente urbanista y geógrafo inglés, autor, entre otros, del libro Ciudades del mañana. En 1989 escribió un artículo que llamo: La turbulenta octava década, como una reflexión de lo logrado en las ciudades a lo largo de las primeras ocho décadas del siglo XX. Los ochenta, decía Hall, fue para las ciudades norteamericanas la década de los promotores, en la que el negocio inmobiliario decidía la orientación y el destino de las ciudades, fenómeno que en las mexicanas se presentó de forma clara a partir de la década de 1990 y que hoy continúa como evidencia de las formas de materializar las ciudades. La reflexión de esta colaboración pretende recordar a Peter Hall y la relación de su planteamiento respecto de nuestras ciudades de Guanajuato, y particularmente la de León.

Las actuales políticas publicas relacionadas con el desarrollo urbano buscan, al menos en el discurso, construir para Guanajuato lo que el propio discurso llama Ciudades Humanas (¿Cuándo y cómo las volvimos inhumanas?). El diagnóstico inicial es compartido por todos: tenemos ciudades 3D (dispersas, distantes, desconectadas), resultado de lo que hemos hecho y dejado de hacer en las ultimas décadas. Ahora hay que construirlas con rostro humano, como dice el discurso oficial de Guanajuato. Se asegura que la dispersión y desconexión de las ciudades, efecto del uso intensivo del automóvil, lleva 60 años (¡sí!, esta inexactitud está escrita en el documento "Ciudades con rostro humano" que se puede consultar en la página oficial de IPLANEG).

Los procesos urbanos de las ciudades mexicanas en las últimas dos décadas del siglo XX, como efecto de los ajustes y cambios estructurales en el modelo económico, se vieron influenciados muy significativamente por las decisiones del mercado, lo que se conoce como modelo neoliberal. Desde el inicio del siglo XXI, la construcción de vivienda desde la actuación del mercado inmobiliario, generó asentamientos periféricos cada vez más dispersos y alejados de la ciudad compacta.

En el caso de León, la expansión urbana intensiva que trasciende los límites de la ciudad histórica, inicia hacia la década de 1940. Los drenajes y el agua potable se comienzan a introducir en 1938; la pavimentación de calles y la presión demográfica para el surgimiento de nuevas colonias, en la década de los 40; Flores Magón, se inicia como colonia proletaria en los 50, lo mismo que la Andrade (Ciudad Jardín), Arbide, etcétera.

Pero León sigue siendo durante la mayor parte del siglo XX una ciudad compacta; los planos y las fotografías aéreas hasta finales de la década de 1970 lo muestran (menos de 60 años). La dispersión como fenómeno urbano que hoy es evidente, inicia en la década de los 90. La red vial que se construye en los 80 (Mariano Escobedo, Torres Landa, Libramiento norte, etc.), son el inicio del abandono de la ciudad compacta y el inicio de la expansión periférica y la dispersión. La ciudad de León 3D es la que a partir de la década de 1990 llega a contar con un millón de habitantes, pero también por decisión de política urbana, "abre" la posibilidad de expansión a todo el territorio municipal.

Los primeros planes de desarrollo urbano preveían la contención de la expansión de León, limitándola a lo que entonces se llamaba ASDU (área susceptible de desarrollo urbano), es decir, se pensaba que habría que limitar la expansión solo a las zonas aptas para hacer ciudad, excluyendo aquéllas que se consideraba necesario proteger: la zona sur, más allá de la vía del ferrocarril, por su vocación agrícola; la zona norponiente, en torno a la presa del Palote, por su vocación natural de paisaje y ecológica. En el documento base del Plan Estratégico de Ordenamiento Territorial y Urbano de 1997, llamado por el IMPLAN: León hacia el futuro, se puede leer (p. 73): La primera decisión ha sido la apertura de todo el Territorio Municipal al Desarrollo, modificando los esquemas de las Zonas de Preservación como zonas impedidas para el desarrollo de actividades rentables y productivas... Es muy probable que aquí la palabra utilizada –desarrollo- se deba entender en el sentido de "expansión”, que no es lo mismo: ¡se abre el territorio en 1997 a la expansión urbana, a la dispersión! En los hechos, la primera decisión de este plan alentó como actividades rentables y productivas, a las promociones inmobiliarias que, con la demanda efectiva de vivienda para sectores sociales determinados como motor, materializaron progresivamente la ciudad dispersa y distante. Nuevos fraccionamientos cada vez más alejados de la ciudad compacta, cerrados bajo la etiqueta comercial de privacidad y seguridad. La ciudad del modelo económico neoliberal analizada por Peter Hall se materializaba en León como en la mayoría de las ciudades mexicanas. Con el Plan León hacia el Futuro, de 1997, se inicia el impulso oficial del modelo de ciudad 3D.

El discurso oficial actual proviene de las mismas instancias que en su momento propiciaron (o al menos no fueron capaces de orientar en sentido diferente), los fenómenos complejos que llevaron a la dispersión actual. La ciudad humana que hoy se quiere construir, es la misma que se ha vuelto difusa como efecto del "modelo de planeación" adoptado hace dos décadas, y que aún prevalece sin cambios de fondo, salvo adecuaciones banales que han pasado desde lo "estratégico" o lo "sustentable", para llegar a la "humanización sobre la base de volver a la ciudad compacta". Siempre en lo superficial, con un discurso tan atractivo como banal del tipo "El Diamante de México", sin autocrítica y siempre en la autocomplacencia de que "somos modelo a nivel nacional".

La ciudad 3D no tiene 60 años como dice el discurso oficial de IPLANEG (habrá que creer que para intentar eludir responsabilidades, porque sería más grave decir que por desconocimiento o ignorancia). Con todo esto, podemos decir que la dispersión urbana es un proceso más reciente. La dispersión era un fenómeno evidente desde principios de este siglo XXI; la deshumanización tenía ya para 2010 su relato en la distancia y los tiempos de recorrido del trabajo o la escuela al hogar, en detrimento de la calidad del tiempo para la familia, la deshumanización se podía leer en la violencia; las ciudades, creadas originalmente para la seguridad de las comunidades, se habían convertido en origen de la inseguridad. La investigación urbana daba cuenta de esto: se estaba haciendo vivienda, fraccionamientos, pero no se estaba construyendo ciudad. Quienes investigaban y emitían datos de alerta se convertían para el sector oficial, tan cercano a los promotores, en disidentes o sospechosos (en el mejor de los casos, eran etiquetados como “académicos” que sólo sabían de teorías). El discurso, la política y la actuación oficiales, no atendían en su origen el tema de la dispersión, distancias urbanas, deterioro de los vínculos sociales y desconexión; sólo intentaba atenderlo en sus efectos (construcción de fraccionamientos cerrados –DUIS seguros-, sistemas de transporte novedosos tipo BRT –SIT-). Siempre atrás de los problemas, nunca adelante. La ciudad de León dispersa, distante y desconectada, no tiene 60 años como dice el documento de IPLANEG... es más reciente, ¡y tiene responsables!

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