No más sin el ciudadano

“Lo que en realidad se está viviendo en el mundo en general, y en León de forma particular, es un momento en el que la población está diciendo a los gobiernos: ya no más decisiones verticales, ya no más sin nosotros, no más sin la ciudadanía…”

No más sin el ciudadano

Mantener actualmente el discurso positivo ingenua e idílicamente (como a menudo hacen los responsables municipales) no sólo es cerrar los ojos a una parte de la realidad, es poco hábil. 

Jordi Borja

La participación ciudadana es un concepto que ha sido secuestrado por la autoridad como discurso legitimador de las decisiones que se toman de forma unilateral por parte de los gobiernos de sus distintos niveles, encarnados en sus funcionarios de los más altos rangos, ya sea en la soledad unipersonal del cargo público, o en los círculos más altos donde se asocia y se confunde el poder político que debiera ser orientado a la búsqueda del bienestar colectivo, con el poder económico cuya orientación fundamental es el aprovechamiento de las oportunidades que se gestan en la posibilidad de la información privilegiada, o inclusive en la inducción de proyectos con orientaciones parcializadas que da la cercanía con el gobierno.

Esto ha propiciado un desencanto generalizado del ciudadano respecto de las instituciones del Estado y los funcionarios que encarnan al gobierno. Mucho se ha hablado y escrito de esto y es hoy un lugar común hablar de la poca credibilidad que tienen los políticos y los gobiernos. Así, en general.

Por eso es que hoy la actuación ciudadana en León es el tema de fondo: arrebatar a los gobernantes la participación efectiva, el discurso legitimador (si no fuera cedido como debiera ser), ganar espacios de actuación en cada tema de la ciudad, en la seguridad, en la movilidad, en el equipamiento, la renovación urbana o el medio ambiente. Pero también hacer visibles las prioridades: no permitir más que los proyectos surjan de la visión parcial de los partidos políticos, y menos de los funcionarios con agendas personales de futuro.

Éste es el debate que hoy se debeue dar y resolver; es un tema de hoy, del que depende el proyecto futuro de la ciudad.

A partir de 1994 León tiene un Instituto de Planeación que todavía hoy declara en su página oficial: De la mano con la ciudadanía construimos el modelo de ciudad que queremos tener y en el cual queremos vivir, consolidando los proyectos que juntos decidimos… Pero desde el primer momento de creación de este IMPLAN hasta hoy, se han acumulado evidencias, documentadas y vividas por organismos de la propia sociedad civil y por la propia ciudadanía, que dan testimonio que en realidad, la declaración del IMPLAN ha sido y todavía hoy es eso, una mera declaración con orientación legitimadora de las decisiones que desde siempre en su historia se han tomado con una intervención marginal de los ciudadanos leoneses, pero no de la mano de ellos.

Los consejos de participación ciudadana han sido en esta historia ya no tan reciente, el vehículo para la apropiación del discurso (propuesta Cívica A.C., entre otros organismos, ha documentado sobre el perfil y el funcionamiento de estos consejos), y para la validación de las actuaciones que desde el gobierno, algunas para bien y otras para mal, han dado como resultado la ciudad que tenemos actualmente.

En el ámbito estatal, el Instituto Estatal de Planeación (IPLANEG) …no ha sido nunca, desde su fundación, el origen de los grandes proyectos; sólo ha validado lo que se decide en el ámbito cercano del Ejecutivo, del que no ha sido un contrapeso oportuno y eficaz… Esta declaración reciente de quien nominalmente representaba a la ciudadanía en dicho instituto, es tal vez la última evidencia de lo que ya se sabe, de lo que ya se ha dicho, y de lo que probablemente seguirá ocurriendo si no se inicia un cambio en este comportamiento cultural que hemos construido y que tan poco resultado positivo ha traído para León, donde lo único que se ha construido bajo esta cultura es lo que Jordi Borja, un influyente urbanista de Barcelona, ha calificado como un ...Urbanismo deficitario y caótico que no hace ciudad.

En días pasados (18 marzo) pudimos leer en un periódico local:

Ayer… en el evento de jóvenes... en su intervención al gobernador Miguel Márquez se le ocurrió preguntarle a los jóvenes qué era lo que requerían y al unísono le gritaron que “Uber y tabletas”: el 3M les prometió más tabletas, pero no el servicio de Uber.

La decisión última sobre lo que se concede está en manos de la autoridad, como se evidencia también cuando el representante ciudadano ante el IPLANEG afirma que …la mayoría de las decisiones se han tomado al margen del Consejo y nuestro papel como consejeros se ha limitado a ser informados de algún modo de las decisiones que han sido tomadas de antemano, dando por hecho que validamos dichas decisiones.

Otra evidencia de esta manera de hacer las cosas que hemos convertido en práctica cultural, es el tema del arbolado urbano y el proyecto de transporte de León:

Durante la madrugada de hoy (21 de marzo), la empresa encargada de la construcción del SIT taló al menos 25 árboles del Blvd. Hidalgo, para darle paso a la construcción de la terminal de la oruga… Una vecina de la zona se percató de lo que sucedía y logró detener la tala de más árboles... Al poco tiempo llegaron 8 patrullas y con armas largas pretendían quitarla, sin embargo no pudieron hacerlo, debido a que llegaron más compañeros a auxiliarla y evitar la tala.

Dos leoneses que se opusieron a la tala de los árboles fueron detenidos por la policía, usada como instrumento de respuesta a los ciudadanos ante las decisiones previamente tomadas por las autoridades al margen de la población interesada, y que deben ser sostenidas a toda costa; nuevamente el discurso de la participación ciudadana ha aparecido en las declaraciones de los funcionarios para intentar justificar el hecho de que en realidad no es relevante para su actuación la opinión de la población, sino sólo si ésta se da “por los cauces normales”, para legitimar la decisión de emprender una obra en marcha.

La respuesta de la autoridad no podría ser distinta viniendo desde la misma actitud que secuestra el tema de participación ciudadana para convertirlo en argumento legitimador; la actitud de responder a los interesas creados, a la lealtad a ciertos principios impulsores que pueden ser económicos, políticos o inclusive ideológicos. Es una cultura tan arraigada ante la toma de decisiones por parte de la autoridad, que resulta altamente comprometedora para los funcionarios, quienes no pueden sustraerse a ella, viven de ella, viven en ella, deben su lealtad a ella.

La ciudadanía, a la que pertenecen los estudiantes que respondieron al gobernador, comparte con ellos la demanda de que no es sólo por tener un mejor servicio de transporte a través de alternativas nuevas como UBER, sino por pedir un cambio por el que quede atrás la resignación de utilizar sólo el servicio que se formó en otro tiempo, en otra realidad, que viene de una práctica monopólica basada en intereses compartidos entre los políticos, sus partidos y las corporaciones empresariales formadas al cobijo de prácticas que debieran erradicarse, en beneficio justamente de mejores servicios, más innovadores, y que signifiquen mejores posibilidades para la ciudadanía.

Las marchas de los leoneses que protestan por la tala de los árboles son también el reflejo de lo que la ciudadanía demanda: ser escuchados, nuevamente dejar atrás prácticas de otro tiempo.

Lo que en realidad se está viviendo en el mundo en general, y en León de forma particular, es un momento en el que la población está diciendo a los gobiernos: ya no más decisiones verticales, ya no más sin nosotros, no más sin la ciudadanía.

Los valientes leoneses que se oponen, que marchan, que se exponen a ser detenidos, o en el mejor de los casos sólo a ser declarados como “equivocados” o “manipulados”, o lo peor, “opositores” por el solo hecho de no compartir las mismas lealtades a las que se deben los funcionarios, sólo están mostrando que el ciudadano demanda que se le reconozca, y necesita ser visible. Que los proyectos, las obras, los temas prioritarios, deben resultar de la actuación concertada con la autoridad. Que haya una verdadera actuación ciudadana, no participación, que ya sabemos que esa está secuestrada y que genera proyectos como tantos, como el de la Sardaneta (también hoy noticia), que consume recursos y se deteriora, se abandona… o nunca se ocupa ni es apropiada por los ciudadanos, y que éstos seguramente tendrían muchas, muchas otras prioridades en las que se podría trabajar con mejores resultados, y tal vez con menos inversión de recursos.

Cambio de actitud es lo que piden los jóvenes representados por los estudiantes. También es lo que demandan los leoneses en sus marchas, pero la ciudadanía obtiene por respuesta una nueva ley de movilidad que afirma y reivindica la posición del gobierno: se mantiene el estado de cosas, no hay cambio posible, no hay mejoría, se seguirán entregando tabletas pero no pidan algo que va mas allá de la lealtad que la autoridad debe a sus prácticas más comunes, ancladas históricamente en un actuar que tal vez fue efectivo, pero que hoy no sirve, que debemos reconstruir con nuevas bases.

La pregunta que debemos hacernos hoy los ciudadanos, pero sobre todo también los funcionarios, es si ante la emergencia ineludible de nuevas formas colaborativas de gestión de la ciudad, podremos construir entre todos una alternativa que nos permita rectificar y corregir las desviaciones de los últimos años.

Sustituir en León el urbanismo de empresarios por el urbanismo de colaboración colectiva es el único camino posible. El surgimiento de nuevas formas de actuación colaborativa es un hecho en las ciudades más innovadoras del mundo. Las formas verticales ya no son sostenibles.

La presencia de la ciudadanía en las calles (desde los indignados de España hasta occupy Wall Street, y desde luego, el movimiento Déjame Plantado y muchos otros en León), intentando visibilizar sus anhelos y sus necesidades, requieren de atención bajo nuevas formas de organización compartida con los gobiernos.

Si no somos capaces de leer convenientemente la realidad del secuestro histórico de la participación ciudadana, y de sustituirla por una nueva gestión colaborativa, tal vez no habremos aprendido nada, y en la vida cotidiana habrá cada vez más leoneses en las marchas, con todo derecho. 

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