El Proyecto Somos Santuario

"Ser conservadores en urbanismo hoy, significa condenar a la siguiente generación a vivir con los errores de la nuestra, la que ha generado las ciudades del miedo, la prisa y la incertidumbre..."

El Proyecto Somos Santuario

 

 

Las ciudades tienen la capacidad de proporcionar algo para todo el mundo, sólo porque, y sólo cuando, se crean para todo el mundo.
Jane Jacobs

Todo lo que la gente hace en una ciudad se convierte en un sentimiento que resulta de lo que intenta, logra o no consigue. Su sentimiento general ante la vida es definido por su encuentro cotidiano con los vecinos o compañeros de trabajo, por las calles que camina, por la banca en la que se sienta o el auto o el autobús que debe abordar o esperar para que lo lleve lejos de su casa, a su trabajo, a su escuela, al mercado o a otros sitios donde también deposita sus afectos (en el sentido que los define la RAE, como cada una de las pasiones del ánimo), que pueden ser en estos recorridos de las grandes distancias metropolitanas la ansiedad, el miedo o el enojo; cuando pasea por la plaza pública puede ser la sorpresa o la alegría; cuando camina por las calles oscuras y sin servicios puede ser el miedo, inclusive el terror ante la pobreza o la inseguridad; puede ser también la esperanza ante el nuevo aviso del político que ofrece renovar el barrio, y que se vuelve desencanto y humillación cuando pasa el tiempo y no pasa nada. Todo esto forma finalmente el sentimiento con el que todos caminamos en nuestra vida diaria, que puede definirse por la alegría de vivir en una ciudad, o por el miedo y la incertidumbre cotidianas que dificultan esperar un mejor futuro de nuestra condición de habitantes de la urbe.

La cartografía de los afectos puede ser el origen de cualquier actuación en la búsqueda de mejorar las condiciones de las ciudades. Los presupuestos públicos que se utilicen en atender los espacios del miedo y de la ansiedad, o los que se destinen a propiciar lugares para la alegría y el encuentro, serán los presupuestos mejor formados porque parten de la propia vida de los habitantes de las ciudades, de sus afectos. Los escasos presupuestos de los gobiernos, hoy no debieran resultar ya de proyectos políticos, menos orientados por el poder de los que más tienen, sino formarse a partir de las cartografías de la vida cotidiana de los habitantes; de los afectos de los gobernados, más que de los proyectos de los gobernantes.

Las formas que en el urbanismo se han ensayado durante las últimas décadas en todo el mundo, tienden a ser formas innovadoras que buscan cambiar las viejas prácticas que sólo han generado ciudades tristes, inseguras, extendidas, inalcanzables y desesperanzadoras. Cada día es más evidente la necesidad de construir nuevas formas, nuevos puntos de encuentro  entre los universos de interés tan diversos que conviven en las ciudades, nuevas formas de actuación urbana que sean creativas y renueven la esperanza.

En León, estas nuevas formas de urbanismo han sido propuestas en varios momentos por distintos grupos o actores sociales, que se resignan cada día menos a esperar que las soluciones urbanas vengan de las oficinas técnicas de los gobiernos, tan distantes generalmente del urbanismo afectivo que apuesta a reconocer en los propios habitantes de la ciudad, el origen de las soluciones que deban venir.

Las ciudades que han innovado sus prácticas urbanas, han partido de una idea muy simple: reconstruir la relación entre sus ciudadanos. Bogotá siguió el camino de la recuperación de los valores cívicos, como una forma de hacer que los habitantes de la ciudad cambiara actitud: respetando los semáforos –no intentar ganarle a quien va delante para no propiciar que el camino sea más lento a todos-. Medellín, Curitiba, Burdeos y muchas ciudades en todo el mundo han debido tomar, en algún momento de su historia, la decisión por la innovación, inclusive por el cambio de paradigma. Ser conservadores en urbanismo hoy, significa condenar a la siguiente generación a vivir con los errores de la nuestra, la que ha generado las ciudades del miedo, la prisa y la incertidumbre.

El proyecto Somos Santuario es una iniciativa vecinal que desde la colonia Obrera, con el acompañamiento de instituciones y actores académicos y sociales, pretende hacer visibles sus afectos para situarlos como generadores de actuación urbana. Se trata de intentar la construcción de una cartografía que, desde los propios habitantes, muestre dónde están en el barrio los lugares del miedo y dónde los de la esperanza para que, a partir de esta visibilidad, se pueda ofrecer a las autoridades una herramienta que facilite su actuación en los temas de seguridad, movilidad, espacio público, cultura, y todos aquellos que se relacionan con la procuración de mejores condiciones de vida para el barrio.

Vivero de Iniciativas Ciudadanas es una organización que en España y México propone el urbanismo afectivo como una de las alternativas. Apoyando al proyecto Somos Santuario, realizarán una práctica innovadora que puede ser el inicio de una nueva forma de hacer ciudad a partir de los propios vecinos; la Universidad de Guanajuato, a través de un convenio con la Escuela de Arquitectura y Paisaje de Burdeos, han realizado diagnósticos y propuestas de actuación urbana en el barrio del Santuario; las Universidades de La Salle e Ibero también han realizado trabajos y propuestas para el propio barrio, pero el proyecto Somos Santuario es una iniciativa en la que los vecinos, tomando todos estos trabajos previamente realizados, pero sobre todo aprovechando la coactuacion colaborativa, intentan construir su propio plan de actuación, que será entregado al gobierno municipal como una aportación desde la comunidad.

El próximo sábado 18 de junio, a partir de las 11.00  horas, en la esquina de las calles Anda y Galeana, se dará inicio formal al proyecto Somos Santuario, con la organización de un evento en el que a lo largo del día se harán actividades como recorridos de formación de la geografía de los afectos en el barrio, a cargo del Vivero; se hará una exposición de los trabajos que los universitarios han realizado para el barrio; una exposición de artesanías y productos que se fabrican en talleres familiares del barrio; colectivos de la Red Alebrije ocuparán el espacio público para realizar talleres con los habitantes del barrio; se contará la historia y leyendas del barrio, todo en medio del Festival Metropolitano del bolero, que Juan Antonio Hernández Guerreo ofrecerá durante la tarde. Cada actor aporta su esfuerzo y recursos propios para la realización del evento.

Recorrer el barrio, iniciar la recuperación de su identidad a través de visibilizar sus afectos, es uno de los objetivos del Proyecto Somos Santuario. No será sencillo: la ciudad es un mosaico de mundos en los que caben todas las ideas, unas para que todo cambie, otras para que nada se mueva, pero la esperanza, entendida como el afecto o estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea (RAE), es lo que motiva y anima al Proyecto Somos Santuario.

Hacia 2007 surgió el Proyecto Ciudad Histórica de León, con la actuación de comerciantes del centro histórico y vecinos de los barrios tradicionales (Coecillo, San Miguel, Arriba, Santuario, San Juan de Dios, etc.). Se realizó un plan estratégico que se entregó a las autoridades y que con altas y bajas en distintas administraciones, ha tenido impacto a tal grado que hoy, al menos, la noción de Ciudad Histórica y una oficina para su atención, forman parte de la actuación pública. Una iniciativa ciudadana que en su momento no fue  siquiera considerada por las autoridades, es hoy parte de la normalidad en el actuar público.  Ése es el valor de la actuación colectiva que no se abandona: se convierte inexorablemente en una nueva cultura, o al menos en una alternativa que en algún momento es tomada.

El Proyecto Somos Santuario quizá se enfrente a la indiferencia, o inclusive a la oposición de muchos o pocos desde el sector público, o desde los propios vecinos de entre los muchos desencantados en una historia de desencantos, pero la innovación que significa un ejercicio como éste, indudablemente se convertirá, esperemos que más pronto que tarde, en una constante. La actuación ciudadana nunca será un peligro para las ciudades y sus gobiernos; será un apoyo indispensable. Esperemos que lo sepamos ver.

Por lo pronto, invitamos a todos quienes quieran ser testigos de la utopía, el próximo sábado 18. La utopía y la realidad se llaman incredulidad y Proyecto Somos Santuario.

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