Mónica Navarro
05:21
30/04/15

Una mirada sin inocencia a la infancia

"Y me encantaría decirles: Descuida, la infancia pasará y mañana serás tan feliz como lo desees y capaz como lo aspires"

Una mirada sin inocencia a la infancia

De todos los lugares comunes y frases trilladas acerca de la infancia, me niego a conceder razón a la que expresa que fue tan maravilloso ser niña, que sería formidable repetir la experiencia. Debo advertir, en rescate de mi familia, que no fui violentada, maltratada o abusada, pero declaro enfáticamente: Dejar de ser niña fue lo mejor que me pudo suceder.

Para los románticos que añoran la tierna infancia, les recordaré algunos momentos tradicionales de esa etapa de la vida:

A pesar que los estudiosos del desarrollo humano, los psicólogos y educadores han establecido hace demasiado tiempo que los niños no son adultos pequeños, y menos seres con algún déficit intelectual.

Abundan quienes insisten en dirigirse a los niños con palabras inventadas, sin sentido o con onomatopeyas. ¿Ser niña otra vez para observar a los adultos hablar así? Escuchar frases como escucha el pu-pu, mira el guau, gua, cuidado con el miau, miau. No, gracias.

Los padres, familiares, maestros, no siempre orientan a los niños sobre cómo actuar, pero les encanta fingir asombro, indignación, o manifestar desacuerdo cuando el comportamiento de un menor no es adecuado, aunque se parezca al de ellos.

Todavía recuerdo la cara de asombro de los adultos  cuando repetí un mal chiste, aprendido de los respetables adultos que me rodeaban, y el regaño público cuando lo repetí, porque los mayores  se dan licencias pero a los niños no se las conceden. ¿Repetir la experiencia? Mmmm, prefiero negarme a la posibilidad.

¿Y qué tal los graciosos que se divierten con las emociones de los pequeños? Gozan y lanzan carcajadas con sus bromas sobre robarles un juguete,  provocarles la ira, amenazarlos hasta provocar el llanto. ¿Regresar a la niñez para volver a sentir esa impotencia?

Las amenazas, el recurso de algunos: ¡Si no te callas, la señorita te va a inyectar, regañar, gritar, llevar… ¡ ¡ Te voy a pegar para que llores con razón..!

¿ Y qué tal sentirse inadecuado, incapaz, inseguro?  ¿Ver cómo a pesar de nuestros esfuerzos los adultos siempre encuentran el error, la falta de apego a las normas, aunado al miedo a la reprobación, pérdida o fracaso?

Pero la razón principal por la cual renuncio al sueño imposible de volver a ser niña es el desconocimiento que todos somos diferentes, que todos poseemos la fortaleza de levantarnos de las caídas, que tendremos fracasos, como todos, y sabremos salir adelante, que a pesar de nuestro lunar en el brazo o la nariz prominente, encontraremos el amor, que aunque no podamos  memorizar las capitales del mundo, podremos encontrar un trabajo y sostener a nuestra familia, y aunque no seamos dignos de ser retratados para las portadas de revistas encontraremos una personas que nos admire, nos quiera y opine que somos lo mejor que le pudo suceder.

Por todas esas razones no me gusta ser nostálgica de la infancia, sino una defensora de los seres limpios, que son pequeños. Y me encantaría decirles: Descuida, la infancia pasará y mañana serás tan feliz como lo desees y capaz como lo aspires.

La infancia es sólo un ensayo.

Comentarios