Mónica Navarro
23:33
03/02/14

Los nuevos huéspedes del jardín

Los nuevos huéspedes del jardín

Transitaba por la avenida Reforma y a la altura de Las Lomas una grúa capturó mi atención; tenía como cargamento un árbol maduro, de unos 20 metros. Una docena de trabajadores desde el jardín daban instrucciones al operador de la máquina para que pudiera depositar el árbol en el enorme hoyo que lo iba a recibir.

Era una escena llena de amor. Con imaginación, la grúa era para mí una enorme cigüeña que en su pico llevaba al árbol a su nuevo hogar. Con la misma delicadeza que el ave de los mitos transportaría a un bebé, el operador de la grúa realizaba las maniobras para que el cepellón –la raíz del árbol con la tierra adherida- no se lastimara.

Los trabajadores alzaban la mirada y cuidaban que el nuevo huésped del parquecito no quedara afectado y tampoco golpeara a los demás árboles. Sobre la acera de enfrente estaban estacionados dos camiones de carga; en uno de ellos otro árbol de iguales dimensiones esperaba para ser reubicado.

Reconocer que las autoridades destinan recursos para salvar las vidas de los árboles denota humanidad y respeto por la vida. Durante décadas vivimos en la barbarie y a la mínima provocación segábamos los árboles porque sus raíces rompen el pavimento, tocan los cables de luz o teléfono, e incluso porque tiran hojas. Por supuesto que debe ser mucho más barato el sólo cortarlos que reubicarlos, pero la vida de un árbol no tiene precio ni puede ser medida con monedas.

No fue la primera vez que presencié un acto semejante: hace algunos años un árbol gigante que estaba frente a la Preparatoria oficial de León fue removido porque la finca que era su hogar se convirtió en una plaza comercial. Decenas de personas atendían las maniobras de sacarlo de la tierra; muchos con lágrimas en los ojos despedimos al majestuoso árbol que durante décadas nos regaló su sombra, limpió el aire y embellecía la zona con enorme y frondosa copa. Aún lo recuerdo con afecto y me pregunto que habrá sido de él.

Pasarán días para que los árboles replantados superen el estrés del trasplante. Las siguientes semanas serán críticas; deben echar nuevas raíces y recuperar su vigor. Tengo la esperanza de que así será. Al salvar a dos árboles nos salvamos a nosotros mismos; en mi caso, eso me ha regalado esperanza por ver que, a pesar de todos los errores que cometemos contra la humanidad, nos queda bondad.

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