Arte, Belleza, Ciudad

Arte, Belleza, Ciudad

Recientemente recordaba mi participación en un seminario organizado por el área de investigación de espacios urbanos, de la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco, en el Distrito Federal, hace más de una década.

El objetivo de aquel seminario se centraba en el análisis y evolución de la ciudad de México estudiando, mediante una mecánica peculiar, diversas películas creadas en la ciudad, en diferentes décadas y por diversos directores. Cada sesión iniciaba con la proyección de una cinta seleccionada por la Cineteca Nacional (todas formaban parte de su propio acervo, y la selección realizada tenía la finalidad de enriquecer el objetivo del seminario).

En aquella ocasión participamos integrantes de la comunidad de arte y diseño, y sobre todo colegas de áreas y disciplinas diversas, principalmente sociales, quienes aportaron enfoques muy enriquecedores en los espacios de discusión y análisis con los que concluía cada sesión.

Observar el registro y evolución de la ciudad de México a partir de la década de los 20´s a los 90´s por medio del conocimiento de diversas obras cinematográficas fue un gran deleite. La primera película, cuyo título no recuerdo desafortunadamente, contaba en sus primeros 20 minutos, únicamente con el audio. Los restauradores fílmicos no tenían oportunidad de compartir la parte visual, simplemente porque ya no había condiciones y posibilidad para su rescate. Esto nos permitió hacer uso de nuestra imaginación, tratando de recrear las características del contexto del diálogo, que escuchábamos en ese auditorio obscuro. ¿El punto de encuentro era un centro nocturno de los años 20’s? ¿En las calles había un tranvía?, ¿Era un barrio bravo de la ciudad de México?

Salvo ese incidente en la primera sesión, que fue muy grato para valorar la riqueza del acervo ofrecido por la Cineteca Nacional, en todas tuvimos oportunidad de realizar un viaje en el tiempo y ver imágenes de la ciudad y de sus habitantes en diferentes décadas.

El hecho de escuchar el uso de algunas palabras y términos que actualmente no son habituales, analizar la forma y características de la ciudad, valorar la evolución del espacio urbano, identificar los lugares de encuentro y diversión, las modas o protocolos que predominaban en cada época, registrar las características de su alumbrado y sistemas de transporte, la arquitectura observada o la identificación de la visión plasmada por el director de cada película, y valorar los espacios utilizados para capturar la ciudad, fueron actividades que desarrollé con placer.

El análisis y discusión de cada cinta me permitió comprender un enfoque alterno para la comprensión de las ciudades, además de sensibilizarme con el razonamiento que hay detrás de su análisis y valorar la diversidad de los enfoques, dado que cada película correspondía a un director distinto.

Pero la ciudad registrada en la cinematografía no deja de ser una expresión artística reciente.

El arte y la ciudad han convivido históricamente. Predominantemente su integración crea armonía y belleza, y representan en conjunto un factor relevante para que la ciudadanía se apropie de su ciudad.

El arte, la belleza y la ciudad, son conceptos históricos de valor para el ser humano y su sociedad; deben coexistir y retroalimentarse cada día. Recorrer un espacio urbano con riqueza de valores artísticos tangibles e intangibles, con gran vitalidad en sus plazas y calles, articulados en un ambiente único, con entornos armónicos, será siempre parte de la definición de una ciudad bella.

La ciudad puede albergar espacios aptos para la expresión artística, en equipamientos culturales como museos, teatros o salas de concierto, que probablemente no estén distribuidos equitativamente para toda la sociedad o no cuenten con las condiciones para su adecuada función, pero eso no es limitante para el arte, ya que éste siempre tendrá una esencia de libertad. El arte necesita expresarse directamente con su público, estar presente en la ciudad, y mejor aún si es en los espacios públicos de la comunidad.

El arte no debe estar en espacios públicos sólo en festivales culturales, que luego de su realización dejan un triste vacío en el tiempo de ausencia. El arte en la ciudad es el alma de la sociedad. Una ciudad sin arte refleja una sociedad con urgencia de fortalecer el alma de su propia esencia.

El arte ayuda a entender y crear la ciudad por medio de la escultura, música, pintura, arquitectura, fotografía, o cualquier otra disciplina, todas con posibilidades diversas de aportar en la construcción de ciudades bellas, diseñando, capturando o dando vida a nuestros espacios, dentro de una composición en armonía.

Los habitantes son los únicos actores que pueden activar, modificar, mejorar o destruir el nivel de vinculación de su ciudad con el arte.

La ciudad con ausencia de arte y carente de belleza puede atrofiar el ánimo del ciudadano, al grado de inhibir el interés de éste por el mejoramiento por su entorno. Espacios con alto nivel de deterioro, prostitución, delincuencia, desorden o contaminación, son ejemplos de la carencia del espíritu o arte de vivir en sociedad, y con el desinterés político y/o social.

Comprender y disfrutar la relación del Arte, Belleza y Ciudad, debería ser el ABC obligado para definir la base de las nuevas estrategias urbanas. 

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