Lunes. 27.01.2020
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De Columbine a Torreón: dos décadas de violencia en las aulas

“Criminalizar a la infancia es la solución que hemos planteado, sin atender el origen del problema: la violencia…”

De Columbine a Torreón: dos décadas de violencia en las aulas

La mañana del pasado viernes diez de enero, nuestra violenta cotidianidad se sacudió cuando parecíamos haber perdido la capacidad de asombro: un estudiante del Colegio Cervantes de la Ciudad de Torreón, Coahuila, había ingresado con armas a la institución y ejecutado un ataque contra profesores y compañeros, para luego suicidarse. El resultado, cinco heridos —cuatro menores de edad y un adulto- y dos víctimas mortales: el agresor y su maestra de inglés. Sin embargo, no es la primera vez que esto sucede en el país:

Atizapán, Mayo de 2014. Un estudiante de 15 años disparó y asesinó a uno de sus compañeros de clase, con quien tenía problemas en la escuela secundaria 574, Gustavo Baz Prada, en el municipio de Atizapán del Estado de México. El agresor logró burlar el operativo 'Mochila Segura', escondiendo el arma en la manga del suéter.

Monterrey, 18 de enero de 2017. Un alumno de secundaria, de 16 años de edad, utilizó un revólver calibre 22 para disparar e contra su profesora y  compañeros en el salón de clases, en Colegio Americano del Noreste, una institución privada de Monterrey, Nuevo León. Luego el menor intentó quitarse la vida, falleciendo posteriormente en el hospital José Eleuterio González, de la Universidad Autónoma de Nuevo León. El arma que usó para el ataque pertenecía a su padre: eran cazadores.

Azcapotzalco, 25 de marzo 2017. Un adolescente disparó a un compañero con una pistola “pluma” en el Conalep 106 en Azcapotzalco CDMX. Luego del ataque, el responsable tiró el arma a un bote de basura, donde fue encontrada más tarde; los involucrados aseguraron que se trató de un accidente.

Torreón, Coahuila 10 de enero 2020. Un alumno del Colegio Cervantes de Torreón, Coahuila, asesinó a su maestra de inglés e hirió a un profesor y cuatro compañeros; el atacante, que cursaba el sexto grado de primaria y tenía sólo once años, se suicidó.

La atención de los medios de comunicación, igual que de las autoridades, se centró en este último caso en tratar el fenómeno de manera superflua, con morbo y sensacionalismo, con una visión adultocéntrica y alejada del interés superior de la infancia, criminalizando y señalando al niño —por cierto, su madre fue asesinada hace dos años-, así como al internet y los videojuegos, responsabilizándolos de tan sólo una de las variadas manifestaciones de la violencia que vive nuestro país.

Este hecho nos remontó en más de una línea a lo ocurrido hace 21 años en Estados Unidos: el alumno que perpetró la agresión en el colegio Cervantes iba vestido igual que Eric Harris, uno de los autores de la masacre del instituto Columbine de Colorado, ocurrida hace poco más de dos décadas.

La masacre de Columbine

En Columbine, Colorado, fue el primer ataque en masa ocurrido en una escuela, el 20 de abril de 1999, cuando dos estudiantes de la escuela secundaria de esa ciudad ingresaron a la institución, armados “hasta los dientes”. Llevaban un rifle, un revólver y dos escopetas, cuchillos y bombas de tubo, además de bidones de gasolina y tanques de gas que distribuyeron a lo largo de la cafetería, y comenzaron a disparar indiscriminadamente a sus compañeros alrededor del campus. Los perpetradores —Eric Harris y Dylan Klebold, alumnos del último grado— mataron a doce estudiantes y un profesor antes de suicidarse, justo cuando faltaban dos semanas para su graduación. Fueron heridas 21 personas, y algunas quedaron con daños permanentes. Los motivos nunca han quedado claros aunque, según escritos en los diarios de los estudiantes, el posible factor determinante de la agresión fue que éstos eran víctimas de bullying por parte de sus compañeros de clase.

Esta masacre ha inspirado a numerosos imitadores y la palabra Columbine se ha convertido en referencia para este tipo de ataques por parte de jóvenes que, al verse marginados en sus escuelas, se ven atraídos hacia la figura de Eric Harris y Dylan Klebold, quienes representan la fantasía de venganza y la posibilidad de permanecer por siempre en la memoria colectiva.

El origen del problema

El fenómeno ha sido poco estudiado y hay poca información al respecto. No obstante las diferencias culturales y socioeconómicas entre ambos países (EEUU y México), el problema tiene un punto de convergencia: las armas y el fácil acceso a ellas, aunque esto sería sólo “la punta del iceberg”. La pregunta de urgente atención es: ¿qué lleva en nuestro país a que un menor asesine, para posteriormente suicidarse?

México es considerado como uno de los países “en desarrollo” —otrora conocidos como tercermundistas-, donde los índices de pobreza y desigualdad son altos y la violencia, una respuesta del tipo “si no te como, me comes”.

Además de los casos de violencia en escuelas, tenemos miles de “chavos banda” en las calles y videos de “niños sicarios” pertenecientes a cárteles circulando en internet.  ¿Qué estamos haciendo como sociedad, como familiares, como maestros, como adultos, para propiciar que esto suceda?

La falta de atención de los padres —que suplen con “darles todo” lo materialmente posible a sus hijos-, la disfunción familiar, la predisposición genética a enfermedades psiquiátricas que no son atendidas, la escuela como modelo represivo y no como guía, muchas veces religiosa —agreguemos el factor culpa-, el uso de estas instituciones por los padres como guarderías de adolescentes, mientras ellos se ven en la necesidad de salir a trabajar, legando la educación —que se debería dar en casa- a los maestros, el bullying en las aulas, el entorno socio-cultural —la pobreza, la falta de oportunidades y la violencia desatada por la guerra contra el narco hace doce años en nuestro país-, podrían ser sólo algunas aristas del fenómeno.

Las consecuencias

Tras los hechos, la Fiscalía de Coahuila, detuvo al abuelo del menor —y ¿dónde está el padre?, dueño de las armas con las que se perpetró el ataque, y se le fincaron responsabilidades de tipo penal por el delito de omisión. Por su parte, el presidente López Obrador se limitó a señalar a las familias como responsables del bienestar de sus hijos y las invitó a “unirse y a hablar con ellos”, además de instarlos a leer “la Cartilla moral”, documento redactado en 1944 y ajeno a la realidad actual del país. Por otro lado, la Secretaría de Gobernación anunció que revisará el contenido violento en videojuegos, y urgió a la Secretaría de Educación Pública a implementar el “operativo mochila” —pese a ser contrario a los derechos humanos de los menores- así como a activar protocolos de seguridad en las escuelas, además de anunciar que para el próximo ciclo escolar habrá nuevos libros de texto “que aportarán altos valores sociales a los estudiantes”.

¿Afrontar el problema desde una perspectiva moral es la solución a este fenómeno por parte de las administraciones en todos los niveles? ¿Dónde quedan los cientos de miles de muertos y desaparecidos, la narcocultura y los feminicidios? ¿En qué momento las autoridades tomarán las riendas de la seguridad nacional del país y combatirán de fondo la violencia, en lugar de limitarse a buscar soluciones a corto plazo?

Criminalizar a la infancia es la solución que hemos planteado, sin atender el origen del problema: la violencia. Al no prevenirla ni combatirla, al parecer, no parece haber interés en resolver esta situación por parte de las autoridades, ni de las instituciones, ni de nosotros como sociedad.

Y cuando nadie se hace responsable, todos somos culpables. Las balas del Colegio Cervantes en Torreón, las disparamos todos.

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