domingo. 12.07.2020
El Tiempo

El Insabi, ni universal ni gratuito

“Claramente, la administración federal toma decisiones de política pública sin la suficiente preparación o sustento, mostrando además una desorganización tremenda en la implementación de nuevos sistemas…”

 

El Insabi, ni universal ni gratuito

El pasado 1 de enero, el gobierno federal anunció con bombos y platillos el inicio de las operaciones del Instituto de Salud para el Bienestar, Insabi, creado para  atender a la gente más pobre y necesitada del país —según las declaraciones de las propias autoridades-, con base en el Plan Nacional de Salud 2019-2024 y en el decreto que modificó la Ley General y la de los Institutos Nacionales en la materia, publicado en el Diario Oficial de la Federación, sustituyendo en funciones al Seguro Popular.

Se supone que esta institución elimina las restricciones en cuanto a medicinas y tratamientos de su predecesor, además de brindar atención pública, inclusiva, gratuita y universal, sin afiliación, cuotas o pólizas, y con la simple presentación del INE, CURP o Acta de Nacimiento a las personas que no cuenten con IMSS o ISSSTE del país.

Si de algo se ha encargado la presente administración federal es de acusar a las anteriores de corruptas —limitándose a señalar, no a sancionar-, siendo el Seguro Popular una de las instituciones más criticadas por el actual presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador.

Pero… ¿era el Seguro Popular tan malo como se dice, y es el Insabi tan bueno como  promete?

El Seguro Popular

Fue creado durante el sexenio de Vicente Fox, con la intención de cubrir a los 48 millones de mexicanos que no contaban con Seguridad Social —y pasando por los periodos presidenciales de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto como una figura intocada entre las instituciones de la administración pública federal-. Hasta abril del año pasado, según datos de CONEVAL, la mencionada cifra se había logrado reducir en 15 años (2004-2019), de 48 a 2.1 millones de personas.

Manejaba tres esquemas: IMSS para los empleados de las empresas privadas, ISSSTE para los empleados del sector público, y Seguro Popular para quienes no contaban con ninguno de los esquemas anteriores, alcanzando así e 90% de la cobertura de la salud pública nacional.

No obstante sus logros, El Seguro Popular también ha sido señalado por su no gratuidad y  por los famosos casos de corrupción en la entrega de medicamentos, ventilados en 2019, donde tres o cuatro distribuidoras —ni siquiera laboratorios-, a las que los gobiernos anteriores compraban hasta  70% de los insumos requeridos  en píldoras, vacunas, etc., fueron acusadas de lucrar con la salud y el bienestar de miles de mexicanos mediante la especulación, simulación, desabasto y encarecimiento de  medicinas.

Los tres niveles de atención médica

La clasificación por niveles de atención es un concepto administrativo y técnico, basado en la organización del contacto de las personas y comunidades con el sistema de salud, que define objetivos específicos para cada nivel, según su ubicación geográfica, grado de complejidad y especialidades médicas que ofrece (Organización Panamericana de la Salud / OMS, 1986), estableciendo los siguientes términos:

  • 1er Nivel. Clínicas de atención ambulatoria. El 80% de los casos que se atienden en el país corresponde a este tipo.
  • 2º Nivel. Hospitales con servicio de urgencias. Deben contar con cuatro especialidades: cirugía general, medicina interna, pediatría y gineco-obstetricia.
  • 3er Nivel. Alta especialidad. Atiende enfermedades complejas; cuenta además con área de docencia e investigación.

La controversia

Con apenas 8 días de haber entrado en funciones, el Insabi ha sido alabado por quienes lo crearon y criticado, no sólo por los “detractores” al nuevo sistema, sino por pacientes y usuarios del extinto Seguro Popular. Además, expertos en materia administrativa señalan que no debe ser tratado como “Universal”, dado que no se incluyeron los tres sistemas —IMSS, ISSSTE y Seguro Popular– en uno solo para conformar al nuevo instituto, lo que se puede prestar para mal manejo de recursos, al haber opacidad (tomando en cuenta que se tomarán para la transición del sistema de salud pública 40 mil millones de pesos del fondo de gastos catastróficos). ¿Cómo habrá un control, sí no hay pólizas o números de seguridad social, al no ser necesario afiliarse? También limita la atención de tercer nivel a la disponibilidad hospitales de este tipo en las localidades, medicinas o espacio, además de conservar el pago de cuotas como en el caso de su predecesor.

La Comisión Coordinadora de Institutos Nacionales de Salud y Hospitales de Alta Especialidad señaló que hasta el pasado miércoles 8 de enero no había incrementos en el tabulador de cuotas para el ejercicio de recuperación del ejercicio fiscal 2020. No obstante, usuarios reportaron un aumento en los pagos, lo que el presidente prometió solucionar en una de sus conferencias de prensa matutinas. Sin embargo, al tratarse el Insabi de un ente descentralizado de la administración pública, tiene capacidad de regularse solo, y que el cobro de cuotas se mantenga, al ser éstas legales según el artículo 36 de la Ley General de Salud, es de esperarse.

Si bien, estas situaciones ya se presentaban con el Seguro Popular en los sexenios pasados, si se trataba de superar las deficiencias y no segmentar aún más la salud, ¿dónde está lo progresista, la gratuidad, lo universal del Insabi?

Claramente, la administración federal toma decisiones de política pública sin la suficiente preparación o sustento, mostrando además una desorganización tremenda al implementar nuevos sistemas. Se contemplan tres años de transición para que el INSABI pueda operar correctamente; sin embargo, ¿qué pasará con quienes requieran atención médica inmediata y especializada, con aquéllos que sí no reciben su radiación, quimioterapia o diálisis… se mueren? No podemos darnos el lujo de estar improvisando con la salud de miles de pacientes.

El cambio de políticas con cada cambio de sexenio, la expedición de nuevas leyes, decretos o reglamentos, la modificación del nombre de secretarías, cuando se tratan básicamente de lo mismo, sumen al país en un limbo burocrático que daña al ciudadano común, mientras los políticos se asignan recursos a manos llenas.

Negar la realidad, minimizar los problemas, eludir el tema y denostar a los críticos, se ha convertido en una constante para el Presidente López Obrador, lo cual está lejos de la democracia que tanto presume. La creación del Insabi sin bases ni infraestructura  para afrontar el problema de salud pública, anunciándolo además como público, universal y gratuito —sin que así sea–, ha generado desinformación y falsas expectativas.

¿Se trata acaso de una estrategia utilizada para detentar su poder político y popularidad, apelando a promesas e ilusiones más que a resultados?

El tiempo lo dirá.

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