Las dos muertes de Ingrid

“…el feminicidio es visto por la nota periodística desdeclichés que fortalecen la dicotomía mala mujer/buena mujer, conformando asíun discurso de sujeción y opresión…”

 

 

Las dos muertes de Ingrid

A Ingrid Escamilla la mataron dos veces: la primera, físicamente, la madrugada del 9 de febrero y la segunda el día 11, cuando los medios y las redes sociales la “mataron” en el recuerdo que se tenía de su imagen.

Ingrid Escamilla era una guapa joven poblana de 25 años, profesionista, viajera, amante de la vida, animalista y rescatista en el terremoto de 2017. El 9 de febrero fue asesinada con una saña sin parangón a los casos de feminicidio acaecidos meses anteriores: la desollaron cuando su victimario —y pareja, de 46 años de edad- pretendía deshacerse de su cuerpo.

Por si esto no fuera lo suficientemente grave, pudimos apreciar cómo las imágenes de su cadáver fueron filtradas el 11 de febrero —según se ha dado a conocer-, por integrantes del equipo de investigación de la Fiscalía de CDMX, y rápidamente se difundieron de forma masiva a través de medios de comunicación y redes sociales por morbo, o bien,comouna manifestación —poco atinada- de indignación. Mediante esto, lo único que se logróes la perpetuación del modelo de revictimización sistemática, en el que la violencia ejercida contra la mujer no culmina con la muerte.

El caso fue cubierto hasta extremos grotescos, convirtiéndose en paradigmade los alcances de la violencia feminicida que se vive actualmente en el país. Pero más allá de los 50 abusos sexuales y 10 feminicidios que acontecen cada día en nuestro país, del tipo penal establecido en los distintos códigos —Feminicidio- y de las leyes existentes en la materia (como la Ley General de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia): ¿qué está sucediendo con el manejo de las autoridades de justicia y de los medios de comunicación en los casos de violencia ejercida ontrala mujer en México?

En nuestro país —y en el mundo- siempre han existido los medios —prensa, radio televisión y ahora portales de noticias en internet- sin valor ético que mediante el sensacionalismo, el amarillismo y la nota roja, pretenden vender. ¿Pero qué lleva a usuarios de Facebook y Twitter a compartir —y hacer virales- estas notas e imágenes?

Las redes sociales suponen en la actualidad un importante método de comunicación entre las personas, siendo fundamentales en la formación de la opinión pública. La inmediatez que supone dicha tecnología hace que en cuestión de minutos una noticia sea difundida en cualquier parte del mundo.

Sin embargo, al analizar las notas que reportan casos de feminicidiosy las imágenes que acompañan las publicaciones respectivas —donde podemos apreciar cómo se reproduce la violencia ejercida contra el cuerpo femenino-, se nota un patrón constante, utilizado en diversas notas informativas que refieren los sucesos de violencia feminicida: la manera en que se relatan las historias evidencia valoraciones que poco o nada tienen que ver con el manejo objetivo de la noticia. Por mucho, hacen locontrario cuando recrean y justifican las agresiones sufridas, culpabilizando a las víctimas —en el caso de Ingrid en particular:“qué hacía una chica tan bonita con un tipo que casi le doblaba la edad?, “¿por qué no lo dejó antes?” “¿y sus papás?” Ingrid era huérfana-, y mediante esto normalizar la violencia a través de estrategias discursivas que banalizan y minimizan los hechos.

En este caso el feminicidio es vistopor la nota periodísticadesdeclichés que fortalecen la dicotomíamala mujer/buena mujer,conformando asíun discurso de sujeción y opresión que fortalece la construcción de una identidad femenina validada por el entorno patriarcal y misógino.

La falta de ética y los malos manejos no se han limitado a la prensa; en este caso tuvieron su origen en las autoridades de procuración de justicia. Hasta el momento se ha dado a conocer que seis integrantes de la Fiscalía asignados al caso de Ingrid —entre policías preventivos y de investigación- son sometidos a investigación (se tiene como límite para terminar las indagatorias hasta mediados de año) por la filtración de fotografías y videos de la carpeta de investigación, cometiendo graves violaciones al cargo, al ejercicio de sus funciones y al proceso, además de violar la garantía jurídica correspondiente al derecho a la privacidad -o intimidad- de las personas,tutelado en el primer párrafo del artículo 16 de la CPEUM, al no haber respetado el derecho a la protección de la identidad de la víctima.

Aún peor, la difusión de las fotografías del indiciado, así como los videos donde se le toma la declaración, podrían poner en riesgo el proceso, al violar la presunción de inocencia: (todos somos inocentes, hasta que se demuestre lo contrario y sea declarado culpable por un tribunal), sumado esto a que el “presunto agresor” —sí, pese a que se le encontró lleno de sangre, con un cuchillo en la mano y al lado de su víctima-se reservó su derecho a declarar, por lo que el caso podría terminar dando un vuelco.

La falta de preparación en perspectiva de género por parte las autoridades y los medios, la carencia de empatía haciavíctimas y sus familiares, la poca responsabilidad de los usuarios al difundir imágenes a través deredes sociales, así como vacíos legalesy malas prácticas de empleados de las fiscalías, contribuyen a la revictimización y a la violación sistemática de nuestros derechos humanos, que culmina en la expresión máxima de la violencia contra las mujeres: el feminicidio.

Ingrid Escamilla - Foto tomada de su perfil en Facebook

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