Las madres de desaparecidos en Guanajuato

“…los desaparecidos, una tragedia de dimensiones aún desconocidas en nuestro país…”

Irma María José Simón Esquivel, desaparecida el 17 de abril de 2020
Irma María José Simón Esquivel, desaparecida el 17 de abril de 2020
Las madres de desaparecidos en Guanajuato


El pasado diez de mayo, la presencia nacional de colectivos de búsqueda de desaparecidos, conformados principalmente por madres de familia, desafió la cuarentena impuesta por el Estado mexicano. Si la pandemia detuvo la procuración de justicia, no ha podido hacerlo con los miles de mujeres que exigen a las autoridades el pronto esclarecimiento de los hechos y la localización inmediata de sus hijos.

El problema de los desaparecidos es una tragedia de dimensiones aún desconocidas en nuestro país. Las cifras son abrumadoras. Según la información oficial —misma que sigue en proceso de recopilación por las autoridades- emitida en el Primer Informe de fosas Clandestinas y Registro Nacional de Personas Desaparecidas o No Localizadas,[1] presentado por el subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración, Alejandro Encinas, y la titular de la Comisión Nacional de Búsqueda de Personas, Karla Quintana, en el país hay 61 mil personas desaparecidas, el 90% de ellas en el transcurso de 13 años —entre 2006 y 2019.

Cabe precisar que la Ley General en Materia de Desaparición Forzada establece diferencias entre personas desaparecidas —aquellas cuyo paradero se desconozca y se presuma que su ausencia se relaciona con la comisión de un delito- y personas no localizadas —aquellas cuya ubicación sea desconocida y no se relacione con la probable comisión de un delito- . Lamentablemente esto puede prestarse para minimizar la situación, al tomar las autoridades a los desaparecidos como personas no localizadas y así, mediante la falta de indicios —y muchas veces de investigación-, suponer que la persona “andaba en malos pasos”, o bien que simplemente abandonó su trabajo, el hogar y a los suyos por cuenta propia.

En varias de las declaraciones recabadas por los MP, de manera intencional, se señala al “desaparecido” como víctima de “un levantón” —variante del secuestro usada cada vez más por grupos criminales del país. No obstante, el término no se encuentra definido en ningún tipo penal ni ley-, con lo que se crea un limbo judicial que suma al 98% de impunidad en los delitos de alto impacto denunciados en el país. De allí la importancia de llamarlos como lo que son: desaparecidos.


Guanajuato y sus desaparecidos

Nuestra entidad es a la fecha el estado más violento del país, y el fenómeno de las desapariciones una de sus múltiples aristas. Son miles los casos de familias en Guanajuato sin noticia alguna sobre el paradero de sus familiares.

Según informes emitidos por la Fiscalía General de Justicia del Estado Guanajuato contaba en el periodo de 2015 a 2018 con 6 mil reportes de personas no localizadas,[2] y a finales de 2019 se estimaban más de 2,100[3] desaparecidos en la entidad.


Un colectivo, las autoridades

En noviembre de 2019 surgió A tu encuentro, el primer colectivo para la búsqueda de desaparecidos de Guanajuato, conformado por más de cien familias, principalmente de los municipios de Irapuato, Celaya, Salamanca, León y Juventino Rosas, quienes lograron llevar a cabo tres audiencias con las autoridades. La primera fue el 9 de enero con la presencia del secretario de Gobierno Luis Ernesto Ayala y Sophia Huett, Comisionada Estatal para la Seguridad Ciudadana, Denise González de ONU Derechos Humanos, y Karla Quintana, Comisionada Nacional de Búsqueda de Personas. La segunda se llevó a cabo el día 16 del mismo mes, con el Gobernador Diego Sinhue, y la tercera el día 23, con el Fiscal General del Estado, Carlos Zamarripa —quien negó al colectivo el acceso a las carpetas de investigación, para consulta de los familiares-. Allí se acordó realizar mesas de trabajo con las familias y la sociedad civil sobre la búsqueda e investigación de los desaparecidos, además de otorgar atención psicológica a los familiares, y entregarles apoyos consistentes en una despensa —por familia- cada dos meses, además de adecuar la legislación estatal con la federal en materia de víctimas y desapariciones, anunciando un fondo de 10 MDP para tal fin.

No obstante, a la fecha las familias sólo han encontrado desinterés, simulación, revictimización, burocracia, insensibilidad, falta de ética y empatía de las autoridades, lo que empeoró a partir de la crisis de covid-19, deteniéndose el ya de por sí lento sistema judicial mexicano. De igual modo, denuncian a través de las plataformas de redes sociales del Colectivo A tu encuentro que solo les fue entregado uno de los apoyos bimestrales prometidos por el gobierno estatal, según testimonio que se puede observar aquí, desatendiendo de esta forma los compromisos adquiridos por la administración del gobernador Diego Sinhue hace cuatro meses.


La aprobación de leyes de Víctimas y Desaparición Forzada

El pasado 14 de mayo, el Pleno del Congreso de Guanajuato aprobó la Ley de Víctimas y la de Desaparición Forzada de Personas —en la cual se eliminaría el término persona no localizada, lo cual permitirá implementar protocolos inmediatos de búsqueda-. En respuesta, ese mismo día integrantes del colectivo hicieron un plantón en el CEFERESO de Irapuato. Los familiares de las víctimas se dicen cansados ante la falta de compromiso de los servidores públicos “por hacer su trabajo”, así como de acudir a las instituciones y exponer sus casos sin recibir respuesta, y reconocen la fuerza del colectivo para ejercer presión a las instituciones: “Sin ellos —A tu Encuentro y sus representantes legales- no nos prestan atención, no nos atienden, siempre están en junta” refieren.

El problema de la desaparición es una ola expansiva que trastoca gravemente el tejido social, afecta a la víctima y a su núcleo más cercano. ¿Qué consecuencias físicas, morales y psicológicas acarrea para las familias?


Tres hijos, tres mujeres

La búsqueda de desaparecidos notoriamente es una cuestión de roles. Las creencias sobre la “mujer cuidadora” llevan a que sean ellas las “buscadoras” de sus hijos, maridos, hermanos o padres desaparecidos. Sin embargo, más allá de las cifras, las promesas por parte de las administraciones y la creación de nuevas leyes, ¿cuál es la realidad de las madres guanajuatenses que buscan a sus hijos?

Tres mujeres integrantes del Colectivo A Tu Encuentro —abuelas y madres de víctimas de desaparición en los municipios de Irapuato y Celaya–, nos brindaron la oportunidad de platicar con ellas.

Elvira. Llegó al colectivo A tu encuentro por recomendación del terapeuta que “desde Guanajuato” le proporcionaron. Es una mujer con una fortaleza que le sorprende al no saber de dónde la saca: “Yo soy la que habla con la fiscalía para estar al pendiente de las investigaciones”. Su nieto, Elliot Janick Barrios Molina, desapareció el 22 de marzo de 2019 —en circunstancias no esclarecidas- en Celaya, Guanajuato. Elliot es un niño de 14 años, noble y de buenos sentimientos, estudiante de secundaria. Su abuela recuerda cómo rescataba “perritos callejeros”. La necesidad llevó a su madre —como a miles de guanajuatenses- a emigrar a los Estados Unidos dejándolo, junto con sus dos hermanos, bajo el cuidado de Elvira. Pese a las distancias, siempre fue una madre atenta, amorosa y al pendiente de sus hijos. Después de lo ocurrido con Elliot, se tramitó un permiso humanitario para que ambos hermanos pudieran emigrar con su madre. Elvira comenta: “Mi hija está muy mal, también los hermanos de Elliot. El más grande llora todas las noches, igual que el menor, pues eran muy unidos y juguetones. No come bien y tampoco se puede concentrar en clases”.

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                       Elliot Janick Barrios Molina, desaparecido el 22 de marzo de 2019

Verónica. El dolor la invade. Es una de las madres con mayor presencia en el colectivo, una mujer que expresa más en su llanto y su sentir que en sus propias palabras. Pese a estar “muerta en vida” con un hijo fallecido y otro desaparecido, se obliga a estar de pie y acude diariamente a trabajar. El 24 de noviembre de 2019 su hijo Iván Arturo Silva Durán, de 19 años, fue “levantado” en Irapuato por un comando armado, junto con otras dos personas —una de las cuales regresó el mismo día- mientras se encontraba cenando en un puesto de tacos, a ocho casas de su hogar. A la fecha son seis meses sin saber nada -de su hijo: “si come, si tiene dónde dormir, si está lastimado”.

Llegó al Colectivo a inicios de este año. Reconoce que A tu encuentro ha canalizado su dolor, le ha dado esperanza y la ha hecho más fuerte, aunque resiente la falta de empatía e interés de las autoridades para investigar el paradero de su hijo, con una situación empeorada por la pandemia: “no hay seguimiento a los casos, no he recibido ni una noticia, nada; no se ponen en los zapatos de uno”.

 

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                        Iván Arturo Silva Durán, desaparecido el 24 de noviembre de 2019

Marisol. Recién se unió al Colectivo. Es madre de dos hijos, entre ellos María José Simón Esquivel. La última vez que la vio se despidió de ella con un beso. Un mal presentimiento la invadió, más no quiso prestarle importancia; ya no regresó. Majo —como le llaman cariñosamente- residía en Cancún y se vio obligada a regresar a Celaya, al quedarse sin trabajo por la crisis sanitaria derivada del covid-19. Su madre la describe como una joven que ama la vida y la naturaleza. “Deja que todo fluya” era una de sus frases, cuenta Marisol, mientras el amor y el dolor confluyen en la agonía de una madre desesperada por conocer el paradero de su hija, que desapareció hace un mes, el 17 de abril de 2020. Desde ese día su calvario comenzó: “Pierdes todo, no puedes comer, no puedes dormir, tus amigos se alejan por miedo. Mientras, tu familia se preocupa por ti y quieren estar contigo, pero tú no quieres ver a nadie. Me duele, pero no soporto que me abracen. Siento un dolor... como si me arrancaran a pedacitos mi cuerpo.”  “A mí me arrebataron el alma cuando se llevaron a mi hija, estoy muerta”. Sin embargo, se obliga a ser fuerte. “Si yo estoy mal, ella debe estar peor”.

Respecto a las autoridades, los define como “fríos, poco empáticos; ni siquiera te voltean a mirar a los ojos. Hasta ahora se activó el protocolo Alba, ¡tres semanas después de la denuncia! Me siento mal. A partir de lo que le pasó a Majo comencé fumar”. “Pese a todo, tengo fe. A partir de esta experiencia, o me lleno de amor o me lleno de odio. Sigo creyendo en la gente. Pido a quienes la tienen, que se les ablande el corazón y me la devuelvan”.


A tu encuentro, apenas en el inicio

El Colectivo A tu encuentro apenas comienza. Sus miembros recién asumen su duelo, confrontan el dolor y emprenden su lucha.

Más allá del discurso oficial de las autoridades, de la creación de nuevas leyes en el Congreso —que al no ser aplicadas por las instituciones se convierten en “letra muerta”- y de las contrastantes cifras oficiales sobre desaparecidos, la realidad es que se está evadiendo afrontar el problema de fondo y se niega el correcto acceso a la justicia a los familiares de las víctimas de desaparición. La carencia de empatía y la indiferencia de los servidores públicos alientan la impunidad en el Estado más violento del país. Es tiempo de caer en la cuenta de que los desaparecidos tienen rostro, nombre y familia.

 ¿Qué harías si tu hija o hijo, esposa, esposo, madre o padre fuera quien desapareció?

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