Morena: ¿crónica de una muerte anunciada?

¿Es necesaria la distancia entre el líder y su partido, para que el movimiento asuma las vías hacia su madurez política y se encamine en la búsqueda de nuevos liderazgos?

Morena: ¿crónica de una muerte anunciada?


El Movimiento de Regeneración Nacional surgió en 2011, resultado de un movimiento social encabezado por el ahora presidente Andrés Manuel López Obrador. Para el 2014 se había transformado en partido. Cuatro años después, en 2018, en un fenómeno político nunca antes visto en la historia actual de México, logró 30 millones de votos en los comicios presidenciales, obteniendo el poder hegemónico del país con la Presidencia de la República, siete gubernaturas, 20 legislaturas locales y la mayoría en el Congreso de la Unión. 

Sin embargo, a casi dos años de arrasar en las urnas en una elección contundente, bajo un discurso de libertad, democracia y justicia, llegado al poder con la promesa de que “las peores prácticas del pasado han quedado atrás”, y dejando en claro su convicción por acabar con el anterior régimen mediante la “re-fundación” de las instituciones, es más bien visible que Morena, el partido más poderoso de México, se encuentra en crisis, en plena antesala por la carrera electoral hacia 2021 (cuando será renovada en su totalidad la Cámara de Diputados, 29 congresos estatales, 15 gubernaturas y cerca de 2.000 alcaldías). 

El conflicto se remonta a 2018 cuando Yeidckol Polevnsky, secretaria general de Morena en funciones de presidenta, logró a través de un cambio de estatutos, postergar su mandato un año más —que supuestamente debió terminar el 20 de noviembre del año pasado-, acordando que transcurrido ese plazo regresaría a ocupar el cargo como secretaria general del partido, y señalándose como fecha para el congreso general extraordinario el 30 de noviembre de 2019. 

No obstante, la falta de una firma por parte de la mismaPolevnsky provocó que se cancelara el evento, y al parecer con la intención de ganar el mayor tiempo posible, pidió dos prórrogas, tanto al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) como al Instituto Nacional Electoral (INE), para transparentar su padrón de militantes. 

Los Tribunales no accedieron a todo lo solicitado, estableciendo el pasado 26 de enero de 2020 como nueva fecha para la celebración del congreso nacional extraordinario, en el que el diputado Alfonso Ramírez Cuéllar —presidente de la Comisión de Presupuesto, con estudios de Antropología, fundador del PRD y Movimiento el Barzón- fue electo como presidente interino por la militancia para los próximos cinco meses, en tanto se organiza la elección interna, pese a los intentos de Polevnsky ante cualquier instancia, a como dé lugar y cueste lo que le cueste —así sea el rechazo, la antipatía y el disgusto de los militantes-, para perpetuarse como presidenta hasta 2021. 

Mientras, AMLO ya se lavó las manos respecto al proceso de la elección interna de Morena, señalando en sus propias palabras: No me corresponde, no tengo por qué participar en eso, les deseo a todos los partidos que resuelvan sus diferencias con el método de la democracia, deslindándose así del partido que él mismo creó para impulsarse en su llegada como presidente. Aún más: en octubre del 2019 amenazó con renunciar a su militancia en caso de que el partido: “se le echara a perder...”

¿Es necesaria la distancia entre el líder y su partido, para que el movimiento asuma las vías hacia su madurez política y se encamine en la búsqueda de nuevos liderazgos? ¿Será el nombramiento de Ramírez Cuéllar el primer paso para que el partido se reencauce a un sano y democrático proceso de elección interna, con respeto a los estatutos que ellos mismos se impusieron al conformarse como institución política, para así recobrar la fuerza obtenida en 2018 y conservar la hegemonía del país en 2021? ¿O seguirán las guerrillas internas por beneficios particulares, lo que podría indicar el comienzo del fin del Movimiento de Regeneración Nacional?

El tiempo lo dirá.  Solo una cosa es clara: para consolidar la 4a. república se necesitará más que un sexenio. Antes que nada, el partido se debe afianzar, trascender a intereses mezquinos y luchas intestinas.

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