lunes. 13.07.2020
El Tiempo

Vivir con el covid en casa

“En ningún momento fue por ella a casa una ambulancia, mucho menos hubo alguna cápsula de aislamiento…”

Vivir con el covid en casa


​La vida de María, madre de un pequeño de 3 años y una niña de 12, era tan común como puede ser la de una enfermera del Seguro Social en la ciudad de León durante estos tiempos de covid-19, aunque con suficientes motivos para perder la calma: padece una enfermedad autoinmune —lo que la hacía candidata a una incapacidad laboral debido a esta contingencia-, el riesgo de contagio por su constante contacto con derechohabientes que buscaban saber si estaban enfermos de covid-19-, y que su esposo es médico residente en el sistema estatal de salud pública, justo en el área de terapia intensiva.

En tiempos pre-covid la suya era una vida común al llegar a casa: fácilmente identificable por el color blanco de su uniforme, siempre atendía las peticiones de los vecinos para poner una inyección, limpiar una herida o incluso amortajar a un recién fallecido.

Eso era antes, pero los días pronto fueron distintos.

En el inicio de la pandemia, solicitó a sus superiores esaincapacidad laboral a la que su padecimiento crónico le daba derecho. Su solicitud fue rechazada, y se le obligó a continuar en el trabajo.

Luego, aunque en medios nacionales el director nacional del IMSS anunciaba la implantación de rigurosos protocolos y equipamiento —con objetos tan esenciales como cubrebocas adecuados, caretas, guantes quirúrgicos- para proteger a sus trabajadores del contacto con contagiados o sospechosos de covid-19, esas protecciones terminaron siendo comprados por ella y sus compañeros de labores, ante los cotidianos riesgos de contagio.

El paso de las preocupaciones a la angustia llegó con una nueva situación: ella empezó a sentir fuertes dolores de cabeza y escalofríos. Ahora podía reconocer en su cuerpo esos síntomas que los derechohabientes le mencionaban al solicitar consulta médica.

Lo platicó con su esposo, médico, quien le aconsejó buscar la aplicación de una prueba covid-19.

Ella explicó la situación a sus superiores en el centro de trabajo, y solicitó la prueba. No hubo incapacidad médica para ausentarse del trabajo, y mucho menos el ansiado test, por lo que siguió obligada a trabajar, hasta que le fue imposible asistir, debido a la gravedad de su problema respiratorio.

Lo siguiente, sucedido cuatro días después, no fue nada parecido a las imágenes espectaculares que se muestran en los noticieros o en redes sociales. En ningún momento fue por ella a casa una ambulancia, mucho menos huboalguna cápsula de aislamiento. A llevarla por medios propios a la Clínica T1 del IMSS, y esperar durante horas en el área de urgencias, sin protocolo alguno de protección —ni para ella, ni para el personal que ahí atendía, mucho menos para las otras personas que ahí esperaban ser recibidas.

Por fin le tomaron muestras para aplicarle la prueba PCR —que, cinco días más tarde daría resultado positivo de covid-19-… y de inmediato la mandaron de vuelta a casa.

Iniciaron entonces para su familia estaciones más intensas de este viacrucis: enviar a sus dos niños a casa de otros parientes, para protegerlos del contagio; aislarla en una habitación, y que ella siguiera empeorando hasta llegar a una saturación de 75% en la sangre —lo normal es entre 90 y 95%, y ya el 80% sería digno de atención urgente.

Con desesperación y urgencia a cuestas, su marido decidió llevarla al hospital general para brindarle la atención necesaria. El oxígeno y los anticoagulantes surtieron efecto, pero al ser ella derechohabiente del IMSS —donde dos días antes le fue negado el internamiento- no podía permanecer allí, por lo que volvió a casa, resignada a esperar a que su cuerpo se defendiera del virus por sí mismo.

Diez días después, gracias a su juventud —tiene 32 años de edad- y a los intensos cuidados de su familia, todo parece estar volviendo a la normalidad para ella. Aún deberán pasar unas dos semanas para que, si hay total recuperación, sus pequeños puedan volver a casa… y ella al trabajo.

¿Cuántos de sus compañeros continuarán contagiándose y muriendo antes de recibir adecuada atención médica y equipo de protección, más allá de ser llamados “héroes” por los responsables de protegerlos y procurarles herramientas para el desarrollo de su trabajo?


P.S. El nombre de la persona afectada fue cambiado por el de María, para protegerla de posibles represalias laborales en el IMSS.

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