Velio Ortega
07:58
11/11/22

Después de los gritos, llegaron los reproches

Panistas exigieron disculpas por los insultos recibidos, los morenistas se deslindaron de agresiones verbales de sus correligionarios
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Después de los gritos, llegaron los reproches

La sesión de este jueves transcurrió en tensa calma hasta que en asuntos generales salió a relucir reacción ante la molestia generada por los gritos y sombrerazos (y los insultos) de hace ocho días.

Fue una sesión de regaños y señalamientos, de autovictimación, de exigencia de disculpas y de negativas a ofrecerlas. Fue sesión de un panismo enojado por los gritos recibidos y un morenismo que se deslindó del apasionamiento expresado por el pueblo bueno y sabio en contra de diputados que “lo traicionaron” (Ernesto Prieto dijo).

El llamado inicial

Los azules no olvidaron. Al iniciar la sesión, el diputado Martín López Camacho, presidente del Congreso del Congreso del Estado, aludió a los hechos de hace ocho días, donde manifestantes interrumpieron los trabajos ordinarios, “alterando la tranquilidad y obstaculizando el correcto desarrollo de la sesión”.

López Camacho aseveró que los sombrerazos y gritos contravinieron lo establecido en la Ley Orgánica del Poder Legislativo y en los Lineamientos de Seguridad, Control de Accesos y uso de Estacionamientos del Congreso del Estado de Guanajuato.

Debió justificar lo decidido en la sesión: rechazar que la totalidad de los diputados del Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) hablara a favor de la propuesta federal de que las fuerzas armadas cumplan funciones de seguridad pública correspondiente a policías civiles, hasta 2028.

No fue una determinación arbitraria de la presidencia, dijo, sino que así lo dispone la Ley Orgánica del Congreso.

Tras el griterío, donde no faltaron los insultos, de militantes y simpatizantes de Morena, declaró un receso de una hora y al reanudar la sesión, las puyas continuaron, por lo que la mesa directiva “optó por conducirse en un ánimo de máxima tolerancia, de buscar el entendimiento, conciliar y evitar cualquier situación que vulnerara la integridad de quienes conforman el Pleno y de todas las personas presentes en la sesión”. Y soltó el regaño:

“En un régimen democrático, no son necesarias, ni convenientes las estridencias y mucho menos los llamados a romper el orden para expresar nuestro desacuerdo”.

Advirtió que “se aplicarán las medidas de apremio necesarias para mantener el orden del que esta presidencia es responsable” y terminó por hacer “un llamado a la responsabilidad y a la congruencia” y exhortar a sus homólogos a que “contribuyan al diálogo con serenidad, a no generar ni incitar situaciones de violencia y a facilitar el trabajo legislativo que vendrá por delante”.

Guardado para el final

La sesión continuó hasta que, Miguel Salim, el más contenido para responder a la turba llevaba por Morena al área de público la semana pasada, esperó los asuntos generales para abrir la retahíla de participaciones en tribuna al reprochar a los morenos que “azuzaron” a la concurrencia. Demandó a los diputados de Morena que se disculparan “no ante nosotros, sino ante las compañeras agredidas”. Expresó:

“Un grupo de simpatizantes de Morena, que de acuerdo con los registros del Congreso fueron invitados por ellos, protagonizaron un penoso acto que sencillamente no se puede repetir. Los medios lo consignaron, cada uno de nosotros lo presenció: sus invitados vinieron a reventar la sesión, a evitar el debate y el trabajo legislativo. Vinieron a ofender a las y los diputados enfrente de ustedes y sencillamente, no hicieron nada”.

Ernesto Prieto subió a responder, pero sólo para decir que son los panistas “los que deben disculparse ante el pueblo de Guanajuato” por votar en contra de la propuesta del presidente de la república.

Salim regresó para exigir disculpas y volver acusar a los diputados de incitar al insulto. David Martínez pidió la palabra para reiterar que las protestas fueron consecuencias de “una derecha conservadora (a la que terminaría por llamar “fascista”) que se negó a debatir” al no permitir que hablaran los ocho diputados morenistas a favor de la minuta lopezobradorista. Luego mencionó que él, como militante de izquierda, al igual que su familia, ha sufrido agresiones por su manera de pensar. Otra vez “la derecha” fue señalada como responsable.

Luego se agregó Víctor Zanella para expresarse con un tono de enérgico reclamó que hubo violencia política y acusó a los morenistas de haberla promovido: “tengan el valor de debatir uno a uno, porque lo que quisieron hacer es intimidarnos, lo que quisieron hacer fue tronar la sesión. Hubo no sólo amenazas, sino violencia política de género contra mis compañeras y compañeros, no quisieron ganar el debate. Le digo al pueblo de Guanajuato, eso es MORENA, lo vemos en sus elecciones internas, que, si no gana el que su jefe dice, se roban las elecciones, truenan, queman, avasallan ¿Eso es lo que quieren para Guanajuato?”.

Fue una retahíla de respuesta a “alusiones personales” y “rectificación de hechos” para casi hora y media de reproches y deslines.

La panista Margarita Rionda no se aguantó y se sumó al debate para denunciar que militantes de Morena la señalan de ser diputada como consecuencia de una relación íntima y aprovechó para espetarle a la morenista Hades Aguilar, quien inició la sesión con una denuncia de sufrir violencia de política de género, al ser señalada tanto dentro como fuera de su partido, de ser legisladora por asuntos de intimidad. Hades no respondió. 

Uno de los que sí se había expresado el jueves pasado, no sin recibir andanada de insultos, fue el panista Fortino Alcántar, quien acusó a sus pares de Morena de llevar al área de público a militantes y empleados de Morena para agredir verbalmente a sus adversarios. Lamentó que no se haya podido realizar un ejercicio de diálogo y discusión de un tema como lo es la seguridad en el estado.  De igual manera, reprochó que existiera censura por parte de las y los diputados de Morena al tomar la tribuna y no permitir que se hiciera uso de la voz desde la misma.

David Martínez volvió a subir a tribuna para deslindarse y decir que lamentaba los hechos, pero no se disculpaba porque su grupo parlamentario no era responsable de los gritos de concurrencia que portaba chalecos de Morena. Y reiteró que los panistas eran responsables de los insultos recibidos por haber negado a los morenistas su derecho a debatir.

La morenista Irma González quiso conciliar y reiterar la postura de deslinde de diputados respecto a la actuación de sus correligionarios, pero ya la trama del debate estaba suelta. Briseida Magdalena González, diputada panista especialmente insultada por la turba, subió a tribuna para reclamar las agresiones verbales sufridas, sobre todo en su condición de embarazada.

Cuando todo parecía amainar sin llegar a nada, pues los panistas eludían todo debate en torno al tema de la minuta ya rechazada y los morenos seguían justificando la agresión y pregonando la “traición panista al pueblo de Guanajuato”, subió a tribuna otra agraviada: la priista Yulma Rocha, quien habló y votó en contra de la iniciativa del presidente, quien aclaró que su intención no era retomar el tema (su propuesta inicial era denunciar censura en su contra desde el interior de su grupo parlamentario), pero consideró que “no se debe normalizar la violencia”. Oooootra vez apareció el tema de los insultos y esta vez el señalamiento fue más contundente: “sí los señalo porque ustedes los invitaron, permitieron las consignas, sabían lo que hacían, querían llegar a ese terreno, provocaron ruido, pero menoscabaron su imagen”.

Y como trae el asunto interno de que ya no le asignaron recursos desde su grupo parlamentario, ligó ambos temas: “la opinión de una diputada no puede ser causa de insultos ni de castigos”.

Por enésima vez, Ernesto Prieto subió a tribuna y por enésima vez se deslindó, se dijo honorable y acusó a la derecha de haberlo reprimido cuando como izquierdista se manifestó. Y, para que se le quitara a los conservadores, les dijo que en la marcha del próximo domingo en defensa del Instituto Nacional Electoral, no serán reprimidos gracias a la izquierda.

Calificativos de ida y vuelta, casi hora y media para soltar una semana de coraje por la gritería recibida y una semana de celebración por “poner a la derecha conservadora en su lugar”, de justa reacción porque “nos censuraron”.

La sesión del 3 de octubre quedará en el registro como una de las que rompió rutinas y como la que puede ser la justificación para negar o limitar el acceso del público al recinto, como ya se ha hecho en otras ocasiones y como se hacía en el anterior recinto.

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