Jueves. 21.11.2019
El Tiempo

Bocanada de aire

“…al final de la jornada, no deja de ser vergonzoso que la defensa de nuestra soberanía y nuestra política migratoria sean dictadas desde el exterior, independientemente de lo que México y los derechos humanos consideren correcto…"


Por fin fue pospuesta de manera indefinida la moción de Trump de aplicar aranceles a los productos mexicanos. Ésta es la primera victoria que puede y debe festejar la 4T, luego de seis meses de dar palos de ciego y expeler incorrecciones desde el púlpito, intentando sacar de los bolsillos de todos los mexicanos que se ganan el pan con sudor, el presupuesto requerido por programas sociales que lo único que ocasionarán es el encono, y ahondar la brecha entre ricos y pobres, privilegiando a esos programas incluso por encima de la salud y la vida de los mexicanos.

El pueblo bueno y sabio necesita empleos bien remunerados, educación y salud, no la promesa de multiplicar los peces y el vino de manera milagrosa como lo hizo Jesús en las bodas de Caná.

Una guerra comercial con Estados Unido habría sido el desastre económico y social.

Ya se había recortado a salud, cultura, ciencia y tecnología, y los mexicanos conscientes estábamos en espera del puntillazo, para sumergirnos en una crisis de proporciones catastróficas con la aplicación de aranceles de hasta 25% a los productos que se le exportan a nuestro principal socio comercial. La solución parecía fácil, pero requería que AMLO incumpliera otra de sus promesas: dar asilo y trabajo a los migrantes de Centroamérica.

El pez por la boca muere, y él criticó duramente la política migratoria del anterior régimen y había prometido cambiarla, lo que provocó la airada reacción de nuestros vecinos, y también de no pocos sectores de la población mexicana, alegando que primero debía haber empleos bien remunerados para los mexicanos.

Por fortuna, Andrés Manuel se mantuvo al margen en esta crisis y dejó actual a Marcelo a Ebrard, quien ya demostró que no llegó a aprender a la cancillería como Luis Videgaray. Un punto a su favor en la sucesión presidencial, que todavía se ve lejana.

Aunque al final de la jornada, no deja de ser vergonzoso que la defensa de nuestra soberanía y nuestra política migratoria sean dictadas desde el exterior, independientemente de lo que México y los derechos humanos consideren correcto.

Me he dado cuenta de que la 4T, a pesar de sus ocurrencias, se muestra laxa en cuanto comienza a haber presión y da marcha atrás a sus despropósitos. No es malo ceder, sobre todo cuando se avecina una crisis. Sin embargo, Trump comenzó a tomarle ya la medida al nuevo gobierno. Es innegable que no es nada nueva nuestra dependencia hacia los EU, y que ésta comenzó desde la Guerra de Reforma, cuando Juárez debió suplicar apoyo para evitar la derrota frente al general Miguel Miramón. Con el tratado McClane/Ocampo comenzó nuestra sumisión a la potencia del norte, incluso más vergonzosa que la ocasionada por la derrota en Guerra de 1846, y es hora en que ni con gobiernos de centro, derecha o izquierda lo hemos superado.

Pero, ¿y la crisis humanitaria que desencadenará este nuevo acuerdo migratorio, que implica volver al status quo impuesto por los gobiernos de derecha, acompañado de tragedias como La Bestia o la de San Fernando Tamaulipas? Espero que esto implique otra negociación con los gobiernos del sur, en protección de los derechos humanos de sus connacionales, y no se tomen más decisiones a la ligera de hoy en adelante.

Aplaudo la cancelación de los temidos aranceles, pero no como las focas que aplauden por aplaudir; primero habrá que sopesar los costos. También sonrío ante la primera victoria internacional de la 4T, pero sin llegar a tener la bemba de la hiena, que se contenta con los desperdicios del rey león, y aun así festeja a carcajadas.

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