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23:16h. Miércoles, 12 de Diciembre de 2018

“Médicamente a este síndrome se le conoce cómo frontalización, aunque algunos lo llaman otitis del convento, porque entiende lo que le dicen pero le vale madres…”

La timidez es un estado anímico muy perjudicial que interfiere en las relaciones interpersonales y laborales. En grados extremos se puede considerar una patología.

Daniel Goleman se refiere a la timidez como producto de una disposición neuronal innata muy particular en los lóbulos prefrontales, que generan una percepción desproporcionada del entorno: la tendencia suele ser que el tímido sobrevalore y tema el resultado de la opinión que otros tienen sobre él o sus acciones, lo que detona un círculo vicioso de ansiedad e inhibición.

La vergüenza se guarda en el lóbulo frontal del cerebro. Por esa razón la Universidad Autónoma de Atlacomulco ha investigado, experimentado y patentado una avanzada técnica quirúrgica no invasiva para tratar a sujetos cohibidos por las interdicciones sociales y la moral, que consiste en introducir un rayo láser a través de los ojos, con un dispositivo que utiliza la mecánica cuántica, con el fin de generar un haz de luz coherente tanto espacial como temporalmente que se transmita por el humor vítreo a largas distancias, concentrando la emisión en un rango espectral muy estrecho, sin generar calor a su paso ni dañar la retina, hasta que penetre en la neurona elegida, donde se aloja el pundonor, la empatía, la honradez y todas esas bobadas que le impiden al ser humano un buen liderazgo. Una vez localizada la neurona correcta, se le pide al anestesiólogo que ponga en una bocina los caprichos de Paganini, ya que se necesitará un virtuosismo similar al del violinista para realizar el procedimiento; acto seguido, con seguridad y relajación, dispare un haz de luz candente concentrado para achicharrar de una certera descarga la neurona afectada, con emisión de calor en un rango espectral muy estrecho. Luego de eso, su paciente quedará desinhibido, no entenderá de reglas sociales ni de tabúes. Médicamente a este síndrome se le conoce cómo frontalización, aunque algunos lo llaman otitis del convento, porque entiende lo que le dicen pero le vale madres. 

Todas estas capacidades serán requeridas para acceder a los más altos escaños de la política de los países, sobre todo si son subdesarrollados. Aún mejor si se ubican en América Latina. 

Quien domine la técnica quirúrgica será semillero de grandes demagogos carentes de sindéresis.

Usted logrará hacer de un humilde ser humano todo un sinvergüenza, mantenido de la nación, capaz incluso de sonrojar a cualquier ministro de la Suprema Corte de Justicia, esos mismos bribones que les ponen topes de hambre a los pensionados, mientras ellos se retiran con una millonaria jubilación en cada bolsillo y la quinta parte de años de servicio. 

El paciente tratado mediante esta técnica, hará ver honestos a gobernadores que desvían recursos de educación y salud dejando sin desayunos escolares a miles de menores de edad y matando a niños con cáncer por falta de tratamiento oportuno. 

El residente, al término del curso de especialización, creará con sus cirugías exitosos líderes sindicales como Romero Dechamps, a los cuales podrá vestir de charros para un mayor efecto visual, si es que se queda a ejercer en México; aunque si esta cirugía la realiza en Argentina lo puede disfrazar de gaucho, o de guajiro en Cuba. Y sin pecar de exagerado, con mucha maestría y finura en el corte láser —aunque para esto se necesitan años de práctica—, logrará un sonriente y dicharachero cleptómano como el famosísimo Ratón Jarocho “Javidú”.

Si a usted  le mortifica que con la formación de tantos líderes mediante esta novedosa operación financiada por el Grupo Atlacomulco, pueda vivir dentro de poco en Venezuela (con un IDH 0.767), o en Cuba (con un IDH 0.775): no se preocupe, allá hay mujeres hermosas, y México, además, si no lo sabe, tiene un Índice de Desarrollo Humano menor, que ronda en los 0.762, e incluso, desde hace mucho tiempo, un gran porcentaje de mexicanos —en números redondos 55 millones— viven peor que en los peores países del África Subsahariana como Burkina Faso, la República Democrática del Congo o Liberia, y son precisamente ellos quienes han elegido seguir viviendo así con su voto masivo comprado mediante un plato de lentejas.

Si se le pasa la mano y le quema todo el cerebro, no hay ningún problema: explíquele al paciente que aumentarán sus posibilidades de ser presidente de una república bananera, y por qué no, hasta de un país más desarrollado, como los Estados Unidos de América, donde ya gobierna uno de nuestros mayores éxitos quirúrgicos.