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18:38h. Domingo, 19 de Mayo de 2019

“Traen una rasquiña peor que la de un perro sarnoso, pero a pesar de eso, los mexicanos comunes—seamos lopezobradoristas o no—, esperamos que no se decline en el combate en contra de la corrupción, y no sólo en PEMEX. También en el sistema de salud, en el INFONAVIT, en el sistema de pensiones, etc, etc, permeados por el priismo más rancio…”

 


Si para echar a andar el motor a diésel de un barco cuando está frío se necesitan horas de preparación e incluso días, con mayor razón es complicado poner en funcionamiento las refinerías que se descuidaron durante por lo menos 12 años (y que estuvieron en el abandono total luego de las reformas estructurales de Peña Nieto).

Quienes entonces no dijeron nada el sexenio pasado y aplaudieron como focas la venta de PEMEX, ahora quieren que se enciendan las destilerías de hidrocarburos como si se tratara de prender el boiler de su casa.

En un noticiario matutino nacional, publicaron la semana pasada un “reportaje especial” que me pareció de lo más malintencionado, en donde supuestamente, un periodista ingresó a una de las refinerías de la otrora paraestatal propiedad de todos los mexicanos, e hizo con su teléfono celular filmaciones de los contenedores de combustible vacíos y oxidados.

Utilizando un poco de sentido común, podemos descubrir sin quebrarnos mucho la cabeza, que el video lo hizo algún trabajador disidente. Es mentira que el reportero haya entrado como Juan por su casa, o por lo menos no hay ningún indicio, selfie o su voz en vivo que compruebe que él estuvo dentro de las instalaciones, justo después de que un grupo criminal dejó una camioneta cargada de explosivos afuera de la barda perimetral de PEMEX Salamanca. Desde ahí inicia la manipulación de la nota, en la cual se pretende responsabilizar de manera tácita al actual gobierno por el supuesto deterioro de las instalaciones, y al Ejército Mexicano porque se vulneró la seguridad por un ciudadano común y corriente al que dejaron pasar con un “sígale, joven”.

Hay que puntualizar varias cosas:

El desmantelamiento de Pemex refinación no comenzó hace dos meses. Prueba de eso es el óxido en los tanques, que tarda años en acumularse sobre capas de pintura tratada sin el mantenimiento correcto (aproximadamente seis años lejos de la costa y la mitad del tiempo en el litoral, aseguran las fuentes que consulté). Lo raro es que hasta hace una semana se dieron cuenta.

En segundo lugar, no hay manera de comprobar la data de la filmación, que bien pudo haberse realizado ayer o hace dos meses, ya que carece de por lo menos una narración en tiempo real, y es, además de peligroso, técnicamente difícil escalar un tanque de almacenamiento sin el equipo adecuado.

La tercera aclaración es que todas las instalaciones estratégicas del gobierno están vigiladas por circuito cerrado, donde se puede comprobar si se vulneró o no la seguridad dentro de la refinería Antonio M. Amor la semana pasada.

La cuarta es que supuestamente nadie vio al periodista ahí adentro (incluso se durmió escondido sin que se dieran cuenta), pero se contradice cuando dice que entrevistó a los trabajadores que le dijeron que se vende equipo nuevo como fierro viejo, que cuesta 30 mil pesos abrir la llave de la gasolina a las pipas, y muchas otras imprecisiones que me haría ocioso enumerar.

No soy apólogo de ningún gobierno —ser lavapiés no es una de mis características—, pero ese reportaje tiene toda la mala intención de los grupos de poder que de un modo u otro se han visto afectados con el cambio de régimen. Traen una rasquiña peor que la de un perro sarnoso, pero a pesar de eso, los mexicanos comunes—seamos lopezobradoristas o no—, esperamos que no se decline en el combate en contra de la corrupción, y no sólo en PEMEX. También en el sistema de salud, en el INFONAVIT, en el sistema de pensiones, etc, etc, permeados por el priismo más rancio.

Pretender hacer creer que el sarro se forma en dos meses y que se burla tan fácil la vigilancia del ejército, es atentar contra la inteligencia de la audiencia. Lo grave es que logren engañar a un periodista y politólogo de prestigio, si no es que él mismo haya sido el artífice de este burdo engaño —perdónenme por ser mal pensado—, pagado como le paga el artista a un luthier por una guitarra de concierto, que al final queda mal hecha, y desafina a pesar de la plata invertida.

Siguen sonando tan mal los instrumentos de la filarmónica neoliberal (cuyos miembros, a diferencia de una orquesta sinfónica, dedican su tiempo y dinero a actividades musicales de manera filantrópica, por el puro amor a la música), que aunque uno no quiera hacer una crítica, ésta es inevitable, ante lo absurdo de la melodía y la estupidez del director de la orquesta, quien ni siquiera sabe que Dos Bocas no es Veracruz; se encuentra en el municipio de Paraíso, Tabasco.