Cuando la opacidad mata

“En cinco meses han muerto 400 veces más trabajadores de hospital que elementos de la GN en dos años…”
Cuando la opacidad mata


​Meses atrás dije que cuando los traumatólogos estuviéramos atendiendo a pacientes con covid-19, intubando y haciendo balances en terapia intensiva, sería porque la batalla estaba casi perdida.

Hace unos días se cumplió mi predicción cuando vi en Facebook la foto de un amigo ortopedista junto al cirujano plástico y el dermatólogo en el covitario.

Sospeché entonces que comenzaba a agotarse el recurso humano hospitalario, y me puse a investigar números.

La tasa de contagio por coronavirus entre el personal sanitario mexicano es seis veces mayor que en China, y la mortalidad entre médicos y enfermeras, cinco veces superior en México que en EU. En Italia, sólo 9% del personal sanitario fue positivo a covid-19, mientras en nuestro país la tasa de contagio asciende al 23%, seis veces más que en China, y el triple que en Italia.

En cuatro meses de pandemia ya van 43 mil víctimas fatales en México. Se estima que casi 20% son trabajadores de la salud.

Esto no es nuevo ni responsabilidad de un solo gobierno. Desde hace años se ha ido pauperizando el sistema de salud y la vida de su personal, hasta caer a la asignación presupuestaria de un 2.55% del PIB para el sector salud que no es si quiera digno de ser llamado insuficiente, sino deplorable. La OMS sugiere a los países invertir un mínimo del 6.0%.

El presupuesto para vigilancia epidemiológica del país se contrajo 71% en 10 años. Esto indica que el problema no se gestó en año y medio, pero más temprano que tarde estallaría.

Antes de la pandemia faltaban 120 mil médicos y 300 mil enfermeros. Hoy no existe una cifra exacta, ya que conforme entran al covitario van cayendo enfermos, y la retaguardia que formábamos los ginecólogos, traumatólogos y cirujanos, ha debido pasar a la vanguardia del campo de batalla, debido a la falta de personal sano.

Alguien cercano que convalece de la enfermedad luego de haber intubado a decenas de pacientes me explica:

“Una parte de los contagios y muertes por covid-19 entre el personal sanitario se debe a la exposición a una gran carga viral durante periodos largos. Los anestesiólogos somos los más propensos, ya que se nos dio la indicación de ser quienes debemos encargarnos de las intubaciones. El equipo que nos dan para entrar al covitario es este”: me muestra un paquete cerrado con una bata desechable muy delgada, un gorro quirúrgico y una mascarilla n95 genérica envuelta en papel celofán. Conservo y seguiré teniendo cerrado el EPI con el cual dota el IMSS a los trabajadores que ingresan por horas al área COVID, para mostrarlo a quien guarde sus dudas, o por si se necesita en algún tribunal.

Esto explica la elevada tasa de contagio entre el personal del IMSS, donde conforme se van enfermando los médicos especializados, van reasignando a los de cualquier otra especialidad para que cubran las bajas, delegándoles funciones que no son su ámbito de especialidad.

La mayor proporción de contagios se da en enfermeras (47%), seguido de médicos (30%).

Pero la información exacta de cuánto personal de limpieza, laboratorio, dentistas, radiólogos, nutricionistas y camilleros han muerto por coronavirus, no está disponible para consultarlo en los sitios oficiales del gobierno federal.

La cantidad de contagios y muertes entre personal de salud debiera ser suficiente para que el gobierno rectifique su estrategia de capacitación y protección. Muchos decesos se deben a la opacidad y negligencia de las autoridades mexicanas.

Nadie se ha responsabilizado, mucho menos disculpado aún por habernos prohibido usar mascarillas en el IMSS al inicio de la pandemia para “no asustar a la gente”. Lo que es peor, desde mediados mayo 2020 —cuando se reportó que 23% de los contagios correspondían a personal de salud- no ha habido un golpe de timón en la estrategia del gobierno.

Omiten reportar que la proporción de decesos entre el personal de salud en México es mucho mayor que en otros países. Esto quiere decir que el gobierno de la 4T no protege al personal que atiende a sus enfermos. Su estrategia es reconvertir camas y comprar ventiladores, aunque no haya quien los maneje, en vez de analizar qué ha funcionado y qué no.

La pandemia va para largo. La SSA debe publicar toda la información disponible sobre tasas de contagio y mortalidad del personal, y ordenar una revisión de su estrategia de capacitación y equipamiento de los médicos, basada en datos.

Necesitamos herramientas suficientes para enfrentar al virus, y éstas comienzan por la información.

Por ejemplo:

Se estima que en la guerra contra el narco iniciada en 2006, a la fecha han fallecido más de 600 soldados y marinos.

En un año de operaciones, hasta el 1 de julio, 22 elementos de la Guardia Nacional habían muerto, según reportes, en cumplimiento de su deber.

En cinco meses han muerto 400 veces más trabajadores de hospital que elementos de la Guardia Nacional en dos años: aproximadamente 8,800 médicos, enfermeras, auxiliares de oficina, asistentes, radiólogos, camilleros, intendentes, operadores de ambulancia, nutricionistas, manejadores de alimentos y polivalentes que parecen ser invisibles, cada uno librando una batalla diferente.

Cualquier muerte debe atenderse, pero estas cifras tan escalofriantes que se dan en México con el personal de salud requieren ya de un análisis internacional, y si se encuentran responsables de esto, llevarlos al banco de un tribunal, como en el que hoy tienen sentado a Lozoya Austin.

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